sábado 2 de enero de 2010

Como me veo dominada sexualmente




Hola mi nombre es angélica (AAA) el Saber que estaba sometida a alguien me excita bastante.

Les platico una de mis fantasías sexuales mas calientes a aquí lo veo con engaños de una amiga pero vivirla en contra de mi voluntad al 100% con las siguientes condiciones sin que se me lastime, de sorpresa, sin que me entere quien fue solo un lector que se dio a ala tarea de ubicarme y con la inteligencia de engañarme para caer en sus redes, sin que yo sospeche nada ni como paso en contra de mi voluntad eso me pondría muy caliente ha y que sean un par o tres hombres muy de buen físico y muy bien dotados se tamaño para probar mis limites de resistencia anal oral y vaginal
Una noche salí con una amiga, que desde hace tiempo no veía, y como fue platicamos horas y horas de todos los temas posibles, hasta ya entrada la noche nos fuimos a mi departamento, y seguimos charlando, hasta que llegamos al tema del sexo, y empezamos a confesarnos una que otra aventurilla, después de eso ella me dijo que tenia tiempo, que donde vivía practicaba el sado, yo le dije que es eso, y ella me explico.
la verdad me excito un poco saberme sometida a alguien, bueno todo paso, nos fuimos a dormir, pero antes de acostarnos me confesó de sus gustos lésbicos y que también siempre le he atraído, así que para no terminar mal la noche sin yo ser lésbica ,bi ,quizá el calor de las bebidas del antro no se pero paso que tuvimos sexo, me encanto por cierto, la forma me chuparme mi clítoris y como me tocaba los senos, como pellizcaba mis pezones fue algo hasta cierto punto dulce, me gusto bastante tuvimos sendos orgasmos llenos de placer, y así transcurrió el tiempo, y gracias a Internet, tuvimos mas contacto por vía mail, entonces un día me invito a la boda de uno de sus primos y como era en viernes, solo tenia que pedir permiso en mi trabajo a partir del viernes al medio día, y me quedaría con ella todo el fin de semana.

Hice mis maletas y llegue el viernes por la noche directamente a la fiesta, la pasamos súper, bailamos, comimos y nos divertimos un montón, ya era la madrugada cuando nos fuimos ella y yo a su departamento, ya no vivía con sus papas, era mas bien una pequeña casita retirada de la ciudad, le pregunte que si no le daba miedo, vivir tan lejos, sin vecinos, y ella sola, me dijo que al principio pero después se acostumbro, entonces le dije sabes voy a bañarme de tanto bailar estoy súper sudada, entonces me metí al baño y después de unos instantes ella entro al baño desnuda, y se metió en la regadera conmigo, nos enjabonamos, nos acariciamos, nos penetramos con los dedos mutuamente, en fin fue una ducha espectacular, ya en la cama, ella abierta de piernas acostada mientras que yo jugaba con mis dedos y mi lengua en su vagina , me empezó a hablar y a comentar, que si no me interesaba ser dominada y humillada, la verdad yo creí que era solo un juego, así que le seguí la corriente, después de un rato terminamos en un majestuoso 69 y nos quedamos dormidas, al despertar a la mañana siguiente, me dijo que íbamos a comer con sus papas, entonces nos arreglamos y nos fuimos, fue otra fiesta la comida, y cuando nos dimos cuenta eran las 7:00 de la noche ella me dijo que si íbamos al cine le dije que si, pero antes de salir ella hablo por largo rato por teléfono, bueno fuimos al cine y salimos ya tarde, nos dirigimos directamente a su casita de la pradera como digo yo, entonces como la noche anterior nos dimos un baño, al ir a la cama me dijo, que te parece si te amarro, yo sonreí y le dije que si, entonces ella me ato a las patas de la cama, fuertemente no me podía mover, ella empezó a tocarme todo el cuerpo, a pasarme su lengua desde mi boca hasta mis pies, de repente apago la luz de arriba y dejo varias lámparas que al parecer solo iluminaban la cama, de repente ella se enderezo y de muy cariñosa se transformo, me pego dos cachetadas, que me acuerdo y me vuelven a doler me insulto, me pellizco durísimos los pezones, y sin compasión me metió cuatro dedos por la vagina, le dije que no siguiera, que ya basta, pero no me dijo nada y siguió martirizándome, de momento se detuvo, y dije por fin me dejara, entonces si dirigió a una de las puertas, del corredor y la abrió, no lo podía creer, eran tres tipos, que parecían strippers súper fornidos , y se dirigían hacia a mi.

Los insulte primeramente, y después trate de soltarme pero todo era en vano, hasta que uno de ellos me empezó a golpear, con un fuete que usan a los caballos en todo el cuerpo y los hacia de una manera tan especial que me dolía mucho, pero no me provocaban moretones, entonces, le decía que no me pegara, y siguió haciéndolo, hasta que dije la palabra clave, que era: No me peguen y hare lo que ustedes me pidan lo que digan. Pero ya paren

después de eso me soltaron, y me llevaron al baño al estar ahí, vi que mi “amiga” estaba en el baño, ella le chupaba el pene a otro de los tipos , me llevaron hacia la regadera y me sentaron en el piso a la vez que me esposaron mis manos por la espalda de momento mi amiga se levanto de donde estaba, se dirigió hacia a mi, y en ese momento se dio la vuelta alzo su trasero en dirección mía, y me empezó a orinar, en mi cuerpo solo reaccione a bajar la cabeza y a llorar todos ellos sonrieron, después los tres hombres me rodearon no me atrevía a levantar mi cabeza continuaba llorando yo por la humillación sufrida , fue una meada larguísima e increíble, me sentía súper humillada, no me podía defender, de momento uno de ellos me tomo del cabello y me dio la vuelta de manera brusca, me abrió las nalgas y me metió uno de sus enormes dedos en mi ano, me dolió, entonces yo seguía toda bañada de orines, mi amiga se levanto, y se puso a chuparme el ano turnándose con el tipo que me metía los dedos, de repente sentí un dolor súper intenso, algo me taladraba mi ano, el tipo cambio, de un dedo a la boca de una botella de vino, que me la metió sin compasión y yo grite como loca, cosa que le molesto a uno, que llego y de un solo golpe me saco la botella de vino del ano, también me dolió, y me dijo ahora si vas a gritar, terminando de decirme eso, me incrusto su pene en el ano, pero durísimo y mas grueso que el cuello de la botella de vino, y mucho mas largo, yo trate de zafarme al sentir la cabeza del pene tocando mi ano, pero lo otros dos me sujetaron, entonces me la metió, sentí que algo adentro de mi había reventado , fue un dolor impresionante, de un solo golpe hasta los testículos, me dolió mucho, después de estar largo rato, empezaron a cambiar de turno, primero uno, luego otro y otro, los tres me penetraron por el ano de una manera salvaje, hasta que finalmente eyacularon llenándome los intestinos de semen, pero cada vez que iban a acabar se empujaban los mas duro posible adentro de mi, de manera que me rodeaban mi cintura con sus fuertes brazos y me apretaban tan fuerte que me dolía mi abdomen y mi vientre como si me quisieran lastimar yo no dejaba de gritar y en ocasiones tampoco de llorar.

Mas tarde cuando por fin se cansaron y eyacularon todos en mi lastimado ano pensé que por fin termino todo, pero no era así, entonces me volvieron a llevar a la regadera y todos me orinaron nuevamente ya estando ahí, me empezaron a golpear con los fuetes en mi desnudo cuerpo me tapaba con mis manos y me golpeaban lo que quedaba al descubierto mientras lloraba y suplicaba que pararan a la vez que me revolcaba de dolor además que los golpes se agravaban con la humedad de el liquido con el que me acababan bañar no paraban de insultarme, yo me sentía morir, de repente mi amiga nuevamente llego a donde estaba, ella solo había sido espectadora, y me sonrió, no lo podía creer quería matar a la desgraciada en ese mismo instante, en eso llego uno de los tipos y me dijo bañate, así lo hice creo que me gaste todo el jabón para quitarme toda las huellas de mi tortura ya después de bañada me llevaron a la habitación, ahí al entrar va uno de los tipos con un pene enorme no se de medidas pero creo que media fácilmente los 30 cms de nuevo me esposaron las manos por la espalda y uno de los tipos le tomo violentamente por mi cabello casi me levanta y me propino un par de cachetadas que me hizo ver estrellitas a la vez que me giraba amenazadoramente COGE PERRA HOY VAS HA SER MI PUTA COMO TE LLAMAS PUTA CULONA?
………Angélica conteste aterrorizada estaba como poseído
ME CONTESTO HOY TU VAGINA TU BOCA TU ANO VAN HA SER MIOS ¡!!!!PERRRRRAAAA ENTENDISTE!!!

Por temor que me volviera a golpear salvajemente baje la cabeza y conteste afirmativamente que si violentamente me ordeno ¡!!!!!!! ABRE LA BOCA PERRA TRAGATE ESTA VERGA ¡!!!!!!!! Y engullo su enorme pene que blandía amenazador y lo metió de un solo empujón hasta el fondo de mi garganta me ahogaba metía la tranca hasta el mismísimo fondo de la garganta, haciéndome vomitar empezó a moverse rápida y cadenciosamente como si me penetrara por mi vagina el poco liquido que había tomado en el día era mas de asco mas de sensación vomitar varias veces, lo disfrutaba, disfrutaba el verme humillada sucia sometida sumisa y obediente me tenia en sus manos se acercaron los otros dos me tumbaron en la cama y uno se puso abajo de mi y me metió su enorme pene en la vagina y el otro en mi ano, empezaron a moverse sacándome todos los gritos de dolor que podían mis manos continuaban esposadas a mi espalda después al voltear vi a mi amiga filmando la acción a detalle yo trataba de llorar ni eso podía ya que mi boca estaba invadida en su totalidad accedí a mamar la enorme verga para que no me siguiera lastimando solo así pude parar de que me la metiera hasta el fondo también empecé a entrar en cadencia con los dos hombres que tenia haciéndome sándwich estaba ensartada en uno que me rodeaba por las caderas y posaba sus palmas sobre mis nalgas sentía que las tenia adheridas a pesar de que estaba completamente empapada abría mis nalgas facilitando la penetración anal del tercer tipo que penetraba y taladraba mi virgen ano sentía como sus testículos topaban en mi vagina entramos en un jadeo a comparsa los tres gemían con placer como podía tener a tres hombres guapísimos dándome placer y dándoles placer el sentir sus duros brazos sus duros abdomen espaldas nalgas y erectos penes me da vergüenza confesarlo peor ya estaba emputecida lo estaba gozando el placer había superado al dolor pero no lo haría en voluntad propia ni aunque me pagaran pero igual no me quejaría o denunciaría si por accidente planeado o descuido mío me sucediera la culminación se dejaba sentir los tres terminaron en mi ano boca y vagina a la vez pensé desmayarme de placer pero seria una tonta el dejar tres orgasmos a la vez sentí el abundante y caliente semen mi verdugo oral no tubo que pedirlo era tanta mi calentura que termine tragando todo el semen que deposito en mi bica y como poseída le lo limpiaba como loca mientas que los otros ds vaciaban sus ultimas descargas los dos que me hacían sándwich terminaron desfallecidos de placer al igual que yo temblaba de placer chorreaba mi ano abundante semen cuando se retiraron de mi me dieron los tres un cariñoso beso uno a uno en mis mejillas como de agradecimiento casi de inmediato me quede dormida

No supe cuando me quede dormida, al despertar estaba en cama de mi amiga yo sola, totalmente limpia y fresca, al tratar de levantarme, sentí un dolor tremendo, lo que pasa es que me lastimaron mi ano y mi vagina de una manera increíble, lo tenia todo abierto todavía a pesar del tiempo que había transcurrido, me dolía el abdomen, mi cuerpo de todos los golpes que recibí con los fuetes de los tres hombres a los que jamás conocí tan solo de vista me sentía súper humillada, y jure no volver a hacerlo, de hecho una vez que salí de la casa de mi amiga no he vuelto ha saber de ella pero espero su llamada para verdad e que me manera me va ha explotar con el video que me tomo y en la situación tan vergonzosa de que manera y como me va a chantajear
Besos
Angiekitana (aaa)





Autor: Angélica (AAA) (angiekitana@hotmail.com)




video

domingo 20 de septiembre de 2009

La transformación de Angélica de esposa ejemplar a puta profesional


Mi nombre es ANGELICA, y es real y de pila mis apellidos no interesan, de hecho, carecen de toda importancia, total, a mi me llaman como mi amo desee que me llamen. Porque, en efecto, soy una esclava, una perra, un objeto, y como tal tengo un dueño que puede disponer de mí como mejor le plazca. No siempre lo fui, una vez tuve un esposo amable y amoroso, cariñoso, responsable, lindo para describirlo en una sola palabra, era un sol conmigo, el marido perfecto, Fernando se llamaba. Pero ya no, y de eso, aunque no ha pasado mucho tiempo, ya casi no me acuerdo… bueno, por lo menos me empeño en pretender que es así, eso me ayuda a sobrellevar mi situación. Saber que mis dos hijos preciosos y mi amado marido, a quienes extraño a rabiar, están bien gracias a mi sacrificio, es mi único consuelo.


Quiero contarles cómo fue que................... me convertí en la esclava sin voluntad que soy ahora, los invito a acompañarme en esta historia…


Recuerdo el motivo que me orilló a esto y no me arrepiento. Me casé con Fernando a los 20 años, él tenía 26, confieso que fue apresurado pero las circunstancias lo exigían, estaba encinta. De todas formas estaba segura de estar yendo al altar con un hombre que siempre velaría por mi y mis hijos. Y no me equivoqué, desde el inicio me demostró que lucharía por tenernos bien, por lo que yo me limité a hacerme cargo de las labores del hogar y decidí convertirme en la mejor esposa que un hombre pudiera tener, la más amorosa, la más responsable y hacendosa, y la mejor amante. Así pasamos 4 años de felicidad y trajimos al mundo a 2 bellos hijos, una nena de 4 y un nene de 2.


Sin embargo la vida da vueltas, las cosas cambian, nada queda incólume. Teníamos más sueños que recursos pero no nos importaba, creíamos que con nuestro amor podríamos contra cualquier obstáculo. Sin embargo, pronto y con dolor descubrimos que no todo se resuelve así, hace como un año tuvimos un accidente en que dejó a nuestro pequeño Fernando hijo gravemente lesionado, quedó cuadripléjico. Buscamos préstamos, ayuda en hospitales y con doctores, pero nada, nadie nos daba esperanzas, nuestro pequeño estaba condenado. Y para empeorar las cosas, en su trabajo hicieron recorte y mi Fer se quedó en la calle, agravando nuestra ya desesperada situación.


Pero entonces apareció un extraño hombre llamado Marvin Batres que trabajaba para un hombre que estaba dispuesto a darnos ayuda a cambio de algo. Nos dijo que poseía un tratamiento experimental que podría salvar a Fernandito, lo cual era cierto, pues tras la primera dosis vimos resultados alentadores, aunque aun debería pasar mucho tiempo antes de recuperarse por completo.


No hubo más que pensar, ese tipo tenía la cura de nuestro nene y la teníamos que conseguir, por lo que aquella noche ahí estábamos, sentados en silencio, algo asustados pues aun no sabíamos lo que quería a cambio y temíamos que el precio fuese muy alto, no podíamos imaginarnos cuanto. Igual no importaba, de ello dependía la vida de nuestro hijo.


Bueno señores, el señor David son los verá ahora… – Marvin anunció y nos condujo a un salón amplio, con ventanales, pintado de blanco y sin muchos detalles, un hombre negro estaba sentado a la cabeza de una mesa larga con 2 mujeres de pié a su lado, asumí que eran secretarias aunque a mi me parecieron putas – Sr. Davidson, le presento a los Lozano…


Buenas noches… – respondimos a coro Fer y yo.


Buenas noches señores, por favor, tomen asiento… muy bien… entiendo que el tratamiento está siendo satisfactorio… aunque solo ha sido la primera dosis.


¡Si, si, – dije nerviosa y entusiasmada – y no sabemos como agradecerle…!


No se preocupe, yo sí sé… – nos quedamos callados de inmediato, aquello no se oyó alentador – han aceptado mi oferta de ayuda y la han recibido, es justo que paguen ahora…


Este si… por supuesto… pero, tenemos dudas sobre lo que implica… – interrumpió Fer.


…¿y es eso importante? En realidad es irrelevante, considerando todo lo que voy a hacer por ustedes. Tienen un hijo enfermo que necesita de un tratamiento especial, el cual pagare yo y ustedes me lo retribuirán de… otras formas.


Fer y yo nos volteamos a ver, las cosas no se veían bien, él sabía que no podíamos negarnos, el tratamiento era indispensable para que nuestro hijo viviera. Nosotros no éramos de andar en cosas raras y me daba miedo pensar en lo que nos pediría a cambio.


¿Qué es lo que quiere? – preguntó mi esposo con todo el aplomo que pudo sacarse.


Muy bien, los detalles… antes que nada quiero que sepan que estoy grabando esta reunión, es solo para poder probar que ustedes estuvieron de acuerdo en todo y que yo no los obligué a nada. Ahora vamos a lo que nos interesa, a cambio de mi ayuda espero de ustedes un sometimiento completo a mi voluntad por el tiempo que dure el tratamiento, que dicho sea, puede ser mucho. Mientras tanto, dispondré de ustedes como me plazca. – Callamos, eso no era lo que pensábamos – Recuerden que se trata de la vida de su hijo, si creen que pueden ayudarlo por su cuenta pues solo digan que no… y como creo que lo tienen que considerar los dejaremos solos un momento. Pueden entrar al salón que esta a su izquierda y platicar a gusto. – sin decir nada, casi sin vernos a las caras, nos pusimos de pié como un par de zombis y entramos al salón, inmediatamente me refugié en sus brazos y Fer me abrazó con fuerza.


Amor… amor… ¿qué vamos a hacer mi amor? – le pregunté.


Trabajar, trabajar Pame… este hombre es un degenerado… no quiero ni pensar en lo que te podría hacer. – me respondió, él, siempre tan prudente.


Pero es el tratamiento del bebé… si no hasta se nos puede morir Fernando…


Pero, pero… es que…


Además ahorita no tienes trabajo y no podemos esperar. – Fer bajó la cara abatido – Amor, yo hago lo que tú digas… tu sabes bien eso… – le dije, dejándole todo el peso de decidir.


Así era yo, fiel, abnegada y entregada, confiaba ciegamente en su buen juicio, siempre lo dejaba tomar las decisiones difíciles. ¡Estúpida de mi, lo dejé cargar con el peso de mi sentencia, la cual yo sola elegí tratando de dejarlo a un lado! Fer dudaba, temía lo que ese hombre pudiera hacernos, especialmente a mi. Pero no teníamos alternativa, por mucho que los 2 trabajáramos no podríamos pagar ese tratamiento. Entonces volvió a subir la cabeza con expresión derrotada y dijo con voz apagada \"hagámoslo\" y salimos entonces del saloncito.


Aceptamos sus condiciones… – le dijo al Sr. Davidson, quien nos dedicó una sonrisa retorcida.


Bueno, bueno, vamos a empezar… necesito examinarlos para saber cómo están… señor Lozano por favor, quítese la ropa…


Me quedé sorprendida de esa petición, no me lo esperaba, pensé que sería yo la que tuviera que hacer algo así. Me dio asco pensar que el tipo era del otro lado y temí por mi esposo. Me quedé muda y pálida al ver que Fer se desabotonaba la camisa, pero ¿qué más podía hacer? El pobre se moría de la vergüenza pero al final se despojó de todo, al mismo tiempo que Davidson le dictaba a una de sus secretarias, refiriéndose a Fer como a alguna especia de cosa.


Es un hombre de 30 años, más o menos de 1.80 mt. de altura, cuerpo delgado aunque de complexión atlética y con una musculatura desarrollada, seguramente hace mucho ejercicio… vellosidad abundante en piernas, brazos y pecho. Nariz pronunciada y de regular tamaño, ojos verdes, cabello castaño lacio… me parece que tiene potencial… ¿Marvin?


Si, creo que es un atleta y un hombre bastante apuesto… ¿no lo cree Señor?


Si, sin duda es bien parecido, tiene el material, solo necesito retocarle detalles. Ahora veamos su sensibilidad… señor Lozano, colóquese de espaldas contra la mesa.


Pero… ¿para qué?


Señor Lozano, comprenda que de ahora en adelante, usted solo deberá limitarse a seguir mis órdenes. Recuerde que usted aceptó el trato, a sabiendas de todo lo que podía pasar. – Fer se apoyó sobre la mesa, tragándose su orgullo, y de inmediato Marvin le jaló las manos desde atrás y las esposó a una cadena que salía de debajo de la tablero, inmovilizándolo, yo traté de avisarle pero no me di cuenta a tiempo – Señorita Godínez, por favor, proceda…


La tal Godínez era una de sus secretarias, alta, morena, trompuda y chichona, parecía vaca y se veía muy vulgar. Se agachó parando el culo que casi se le salía de la faldita además que vestía unos tacones exageradamente altos agarró el pene de mi esposo y lo empezó a lamer despacio y se lo metió entero a la boca. Y yo miraba llena de horror, jamás pensé ver el pene de mi esposo en otra boca que no fuera la mía… aunque, de hecho, yo nunca le había hecho sexo oral, me daba pena y él nunca me insistía demasiado.


Vi a mi esposo luchar, pero no pudo evitar que se le pusiera dura, esa puta era muy buena. Se lo metía casi entero, lo chupaba con fuerza y abundante saliva, sacándoselo despacio y jugueteando con su lengua sobre su glande. Y gozaba, gozaba con la mamada de esa, yo tenía los ojos mojados y tristes, y me puse peor cuando no me pudo ver más a la cara y se volteó hacia el otro lado. Yo sabía que era inevitable, que no podía dejar de sentir algo de placer con una mamada tan buena, pero no lograba dejar de llorar, aunque sollozaba en voz muy baja para que no me oyera.


Pero por más que trataba no lograba convencerme ni comprenderlo, estaba disfrutando, lo sabía por su respiración agitada y entrecortada. Y luego vino lo peor, la tal Godínez empezó a dibujar círculos alrededor de su ano con sus dedos y Fernando se estremeció. \"Le molesta\" pensé, Fer, por su educación conservadora, debía sentir que eso era una asquerosidad y que solo los gays y degenerados lo hacían. Primero fue su índice, que despacio iba empujando hacia adentro luego de ensalivárselo. Logró meterle la punta, puyó varias veces y se lo sacó, pero inmediatamente volvió a la carga, tan solo se lo ensalivó más y esta vez con 2 dedos, el índice y el medio, se los introdujo en el orificio anal de un fuerte empujón.


¡¡OH, Dios mío!! – exclamó mi amor cuando los sintió entrar y sin querer volteó a verme, él tenía los ojos y la boca muy abiertos, descubrí que también lo estaba disfrutando.


Jamás me sentí tan humillada, mi marido ni siquiera podía disimular el placer que esa mujer le daba. Y me sentí peor aun cuando ya no pudo soportar el placer y terminó en la su boca de esa mujerzuela en medio de un fuerte espasmo que lo sacudía entero. Apenas si logro controlar sus gemidos y jadeos, pero su cuerpo sudoroso y su respiración agitada y profunda lo delataban.


Otra vez no me pudo sostener la mirada, volteó la cara y continuó resoplando.


¿Qué fue eso?, casi fue como darme cuenta que no conocía a mi esposo realmente, era casi peor que si se hubiese cogido a esa mujerzuela. Prácticamente lo habían obligado, ¿cómo le pudo gustar? Y lo que era peor, ¿cómo pudo disfrutar tener un par de dedos metidos en el ano , dónde estaba su hombría? Acabé viendo llena de rabia y dolor a esa puta relamiéndose y tragándose su semen.


El señor Lozano tiene potencial… – dijo el negro, devolviéndonos a la realidad – ahora veamos a la señora… – me estremecí al oír eso.


¡Eso no! ¡A ella NO ………déjenla! – protestó Fernando y empezó a patalear.


Marvin, por favor, ya no quiero escuchar al señor Lozano. – sin poderse defender, Marvin le puso una mordaza – Ahora bien señor Lozano, tanto usted como su esposa aceptaron el trato, por lo que estos arranques de cólera no serán tolerados nunca más. Por favor, sírvase tomar nota de esto. Señora mía, por favor quítese la ropa. – me empecé a desnudar temblando y llorando a mares, tenía mucho miedo de lo que me pudieran hacer – Es una mujer de 24 años y entre 1.65 y 1.70 mt de estatura. Su piel es blanca y su cabello castaño y lacio, lo lleva hasta media espalda su rostro es de rasgos finos y armoniosos, bello a la vista. Exhibe una delgadez considerable, no obstante es esbelta, de muy buena cadera y nalgas y de proporciones elegantes, con senos de tamaño apropiados, pero redondos y firmes y glúteos turgentes de buen tamaño, puede que su complexión sea así.


Mientras le dictaba eso a su otra secretaria, palpaba mi piel con sus enormes manos como si fuese una vaca o un animal en exhibición. Yo me dejaba, llena de miedo y temblando mientras Fer se revolvía, impotente por no poder zafarse, hasta se le salían las lágrimas.


A mi me parece una hembra bastante buena… habría que hacerla ganar peso, ¿no le parece?


Si Marvin, estoy de acuerdo…


El negro me empujó y me empinó sobre la mesa, me obligó a estirar los brazos al frente y que no los moviera de allí, y yo lloraba y lloraba. De pronto la tal Godínez se agachó y se puso a lamerme la vagina al mismo tiempo que el negro me pasaba sus manos sobre la espalda, acariciándome despacio y sonriendo torvamente, la otra tomaba nota de todo. Me sentía asqueada, nunca antes una mujer me había tocado así y me sentí morir, pero no me atreví a moverme ni un centímetro.


Señor Lozano, veo que no le agrada lo que estoy haciéndole a su esposa… así es mejor, más diversión para mí… – dijo con un dejo enfermo en su fría y sarcástica mirada – Y usted señora, deberá aprender a disfrutar esto, de la dulce lengua de mi colaboradora recorriendo todo lo largo de su sexo… siéntala, disfrútela… ¿está húmeda, tibia, es suave? Dígame lo que sienta, que no le importe que aquí esté su esposo que a el no le importó que usted estuviera presente cuando terminó en la boca de la que ahora la está llevando al éxtasis a usted.


¡Y vaya si lo estaba haciendo!, sentía su húmeda y caliente lengua recorrer mi sexo, chupándolo y sorbiendo mi creciente humedad. Me sentí horrible, era una aberración que estuviese disfrutándolo y me sentí peor al recordar que nunca había dejado a Fer hacerme eso, de nuevo por mi timidez y prejuicios. De repente la mujer paró y el negro me tomó y me arrodilló frente a su pene, que en una firme posición horizontal, se bamboleaba entre sus piernas un tremendo falo negro, brilloso, de un grosor y longitud impresionantes, no menos de 25 cm.


Me parece que la señora no ha realizado nunca una felación, ¿me equivoco? – le preguntó a Fer solo para torturarlo, pues lo tenía amordazado y no podía hablar, entonces, puso su pene sobre mis labios y comenzó a restregarlo sobre ellos, tratando de abrirlos.


Señora, abra la boca y empiece a chuparlo por favor. Su esposo no la puede ayudar en este momento… además, le recuerdo que aceptaron el trato. Ahora, abra la boca…


¡Fernando… perdóname! – le dije y dejé entrar aquel falo dentro de mi boca.


Cubierta de llanto, empecé a lamer y a chupar su pene negrísimo, siguiendo las instrucciones que él mismo me daba al mismo tiempo que le dictaba a la secretaria. La tal Godínez estaba arrodillada detrás de mí, acariciándome, sobándome y amasándoselos los senos. Me tuvieron así por varios minutos en los que yo no paré de llorar. \"Ahora llora señora, pero mañana se la va a pedir al señor Davidson\" me repetía ella. Entonces ocurrió lo que más temía, Davidson me levantó y me acostó boca arriba en la mesa, me abrió las piernas y colocó su pene en la entrada de mi vagina. Fernando se puso histérico, jaloneaba violentamente para tratar de liberarse, pero era inútil. Lo volteé a ver, y con toda la dulzura que pude le dije: Fernando, te amo… siempre te amaré y serás el único en mi corazón… acuérdate, es por nuestro hijo…\", y en ese momento, Davidson me penetró.


Lancé un plañidero grito de dolor y traté de empujarlo, pero Marvin me inmovilizó de inmediato. Recuerdo la cara del negro desfigurada en muecas de placer mientras su inmensa y durísima tranca horadaba y barrenaba salvajemente mi delicada gruta, que hasta ese momento no conocía más hombres que mi amado esposo. Yo no podía hacer más que gritar y pedir piedad, pero no la recibía, al contrario, mi sufrimiento aumentaba el placer de ese tipo


¿Quiere que saquemos a su marido señora? – me preguntó.


¡S…! ¡Si! – contesté, por lo menos así me ahorraría la vergüenza de ser violada frente a Fer.


Sin demora Marvin sacó a rastras a Fer de la habitación mientras yo le gritaba que lo amaba, la puta de la Godínez salió poco después, luego cerraron la puerta y mi tormento siguió. El negro continuó hincándome ferozmente su gran palo, parecía un potro desbocado. Sin embargo algo más pasó, poco a poco ese terebrante dolor fue dando paso a otro tipo de sensación, un leve cosquilleo, casi imperceptible, pero que yo sabía que estaba allí, no sabía de qué se trataba.


Davidson no se demoró mucho dentro de mí, aunque la verdad yo sentía que fue una eternidad. Apretando fuerte los dientes y emitiendo una especie de rugido gutural, que casi de inmediato se convirtió en un poderoso rugido de placer. Me sacó la verga y me jaló con fuerza haciéndome caer al suelo. Allí, con la cara frente a su poderoso miembro, recibí un verdadero torrente de semen espeso y viscoso, exageradamente abundante, que me llenó el rostro por completo. Luego se quedó quito, resoplando agitadamente, yo no me levanté, de hecho no sabía a ciencia cierta lo que me acababa de pasar, estaba en shock.


Sin embargo a los pocos minutos la otra secretaria hizo que me parara y me dio mi ropa en las manos, luego me sacaron del salón. Ahí estaba mi marido, aun revolviéndose con su pene flácido en los labios de la perra de Godínez. No lo pude ver a los ojos y empecé a llorar profusamente. Davidson tomó la palabra.


Señores, estoy satisfecho, creo que son un par de perras con mucho potencial… y créanme que se los voy a sacar. Acabo de dar instrucciones para que les abran una cuenta bancaria en donde, semanalmente, les depositaré el dinero que necesiten para costear el tratamiento de su hijo. Mientras tanto me pertenecerán el tiempo que sea necesario a partir del día de hoy… vamos señora, continuemos…


¡¿A dónde la lleva?! – le gritó mi esposo desesperadamente.


A donde a mi se me de la gana señor Lozano, entiéndalo. Y la devolveré cuando yo lo crea… necesario


¡¿Qué le van a hacer?! – pregunté en un sollozo.


Nada señora… bueno, nada si él decide dejarse conducir en paz por mis guardias. – Lo volteó a ver – Espero que no les de problemas…


Me rodeó de la cintura y me llevó fuera de la habitación, dejando a mi marido solo y gimiendo a través de la mordaza. Tan solo logré voltearme en el lindero de la puerta para decirle \"Fernando, te amo… siempre te amaré y serás el único en mi corazón… acuerdate, es por nuestro hijo…\". Llegamos al elevador y bajamos, en ningún momento me dejó vestirme, ni tan siquiera limpiarme el semen de la cara. \"Deberá acostumbrarse a él señora\" me dijo, el Sr. Davidson era tan educado y cortés como intimidante. Llegamos al sótano del edificio y salimos, yo no quería, pero Davidson no era alguien que aceptara un no como respuesta… sobre todo de alguien que había decidido convertirse en su esclava. Con una mirada le indicó a Marvin que me obligara a caminar si fuese necesario.


Permítame recordarle sus propias palabras señora, \"…es por nuestro hijo…\". – maldito, usó lo último que le dije a mi esposo antes que me llevara en mi contra.


Pensando en mi pequeño hijo inmovilizado y postrado en su camita respiré profundamente y avancé con paso vacilante, sentía que todo el mundo me estaba viendo, aunque por fortuna no había nadie a nuestro alrededor. Llegamos hasta una............. lujosa Hummer negra con detalles en gris plateado, en donde un corpulento guardia nos esperaba. Davidson me volteó a ver, con una amplia sonrisa en los labios.


Angelica, póngase contra mi vehículo con las manos sobre el capó. – sin saber porqué le obedecí y él, con los pies, me separó las piernas para dejar libre el paso a sus manos que empezaron a recorrerme todo el cuerpo, mi espalda, mis pechos firmes y turgentes, mi vientre, mi cabello, y yo sentía asco con aquellas caricias.


Me gusta mucho su cuerpo, es usted una perra buenísima… ahora quiero que se caliente como una puta.


¡Pero… estamos en un lugar público…!


En efecto, pero no veo a nadie a nuestro alrededor y así es más emocionante. Quítese la ropa. – increíblemente obedecí de nuevo, quedándome únicamente en interiores – Muy bien, muy bien… pero necesito cerciorarme de algo. – y pasó sus manos sobre mis pechos sobresaltándome – Tranquila, tranquila, que solo estoy examinando la mercancía. – ¿mercancía?, si, solo eso era para ese hombre extraño.


El hombre pasó sus manos sobre mis redondos, suaves y firmes pechos, luego la bajó por mi vientre, tocándomelo concienzudamente, asegurándose que estuviera firme. Siguió tocándome y yo comenzaba a sentir algo, las caricias ya no me parecían tan repulsivas. Y por vez primera vino a mí un sentimiento de sometimiento y pertenencia a él, algo que jamás podría quitarme desde entonces. Al final se agachó para palpar


mis piernas, le gustaron.


Además de su pequeño hijo enfermo, ¿tienen más hijos Pamela?


… si… si tengo…


¿Cuántos?


Este… pues… – empezaba a perder mi sangra fría por todo ese toqueteo.


Sus hijos… ¿cuántos más?


Em… 2… 2 hijos… tengo una nena… es la mayor…


¡2 hijos y sigue tan buena! – me decía al tiempo que apretaba mis muslos.


El negro se puso de pié y clavó sus ojos en los míos, no era muy mayor, de no más de 50 años, de piel muy oscura y cabello muy corto. Usaba una pequeña barba en el mentón y sus rasgos eran viriles y armoniosos, era muy guapo. Me comenzó a tocar la cara, me abrió la boca para ver mis dientes como si fuese un animal en venta.


Quítese la tanga Angélica. – Me sobresalté, después de dudarlo un momento obedecí – Me gusta lo que veo, está usted buenísima, justo como me gustan las putas.


Él quedó contemplándome por un momento lleno de agrado, puso una mano sobre mis nalgas y la comenzó a mover sobre ellas, corroborando la suavidad y firmeza. Yo me sentía vulnerable y extraña, ansiosa, atemorizada, pero extrañamente fascinada. Imagínense, una señora de 24 años, respetable y preciosa, desnuda en un oscuro estacionamiento dejándose manosear por un extraño del que apenas el nombre conocía. Mi sexo comenzó a reaccionar, ya era mucha la tocadera y solamente soy una mujer. El se percató de ello.


Veo que le gustan mis atenciones Angelica. Sería excelente si en verdad fuera usted tan caliente como aparenta. – e introdujo una mano entre mis piernas.


Un escalofrío recorrió mi espalda, solo mi esposo había tocado allí. No quería, lo juro, sentía una gran vergüenza, pero sus dedos hábiles pasaron encima de mi vulva y aceleró corazón. Acarició en círculos mi delicado órgano siguiendo su circunferencia, despacio empezó a presionar. Mis ojos se nublaban en medio de un extraño placer. Acercó su nariz a mi cuello y me lo besó y lamió, yo contenía la respiración, de verdad me estaba calentando. Abajo seguía presionando hasta que logró meterme un dedo,


que comenzó a mover despacio en mi interior, en círculos, averiguando que tan sensible era. Logró meterme otro más, ahora me volvía loca, mientras, su otra mano aferraba uno de mis pezones. Un suspiro salió de mi boca sin que lo pudiera evitar.


¿Le gusta verdad? Si, le gusta mucho.


S-si… – respondí inconscientemente, casi fuera de mí.


Davidson inició un mete y saca con sus dedos dentro de mi sexo, me estremecía, ni siquiera Fer había podido darme semejante placer. Así, lo que antes me repugnaba, ahora me gustaba. Con lentitud su otra mano bajó de mis pechos buscando mi trasero. Firme, pero suavemente, me los metió entre las nalgas y empezó a frotarme el ano. Ya no cabía en mi de placer, sentir esos dedos dentro de mis cavidades era demasiado. Mi respiración se agitó y mi corazón se aceleró, el clímax se acercaba a zancadas, estaba a punto pero entonces, paró.


¡Estoy muy impresionado Angelica!, pero… todavía no deseo que termine. – Dijo despojándose de su pantalón y de la corbata – Venga aquí y chúpemela.


Hizo que me arrodillara frente a el y sin pensarlo me lo metí en la boca y lo comencé a chupar de nuevo mientras él me agarraba de la cabeza y me guiaba. Sentía arcadas cuando me la embutía hasta el fondo, era un falo bárbaro, no menos de 25 cm, duro, venoso, negro y bastante grueso. En su rostro se veía el placer y la lujuria, casi llega al orgasmo pero no quería terminar solo así.


Dese la vuelta y póngase en 4… ya sabe lo que viene. – obedecí inmediatamente como una autómata, aunque sentía mucho miedo.


Para ese momento ya no era yo, era solo un pedazo de carne que vibraba al ritmo de esa excitación que mi vida pasó frente a mi,


Mi esposo, mis padres, mis hijos, me sentí traicionera y despreciable, no por lo que estaba haciendo, pues era un sacrificio necesario, sino por lo que estaba sintiendo: estaba muy excitada, y si el me lo hubiese exigido, le habría suplicado que me la metiera. El tipo acomodó su pene en la entrada de mi vagina y empujó. Sentí cada centímetro goce como loca cada centímetro penetrándome cada centímetro que me introdujo y me dolió, pero ya no estaba en condiciones de protestar, ya no era yo, la Angélica la esposa obediente y fiel era un objeto de placer. Por fin todo ese falo estuvo dentro mí, procedió entonces a embestirme sin piedad, arrancándome gritos y gemidos que apenas logré ahogar en un sordo y ronco sonido gutural. Su gran pene taladraba mi intimidad sin compasión, forzándola al máximo, me sentía atrapada


estando en 4 patas y sujetada con fuerza del pelo, de su propiedad, y rodeada de su gente, que no perdían detalle. Me sentía una puta exhibida


¡¡¡AAAGGHHH!!! ¡¡¡AAAGGHHH!!! ¡¡¡MMMGGGRRRR!!!


¡Si Angélica, gima perra!, ¡siéntalo todo, gócelo!


Y así fue, casi instantáneamente al dolor se le unió un retorcido placer. A partir de ese día hallé el gusto a ser empalada por vergas muy viriles y rudas, desde ese día el dolor se tornó en placer y la dominación se convirtió en sometimiento voluntario. Me dio durísimo por un buen rato, Davidson estaba fuera de si. Los fortísimos embates hacían estremecer frenéticamente a mis senos bajo mi pecho. Y yo, su puta sumisa, luchaba por ahogar mis gritos de dolor y placer. Nunca ni mi esposo me había cogido tan salvajemente y rico


Cerré con fuerzas los ojos, fruncí el ceño y me invadieron los dulces estremecimientos del clímax antes la sorpresa y deleite del negro. Al poco rato Davidson también comenzó a dar señales de cansancio. Se salió de mí, me jaló y me puso con la cara bajo su pene a punto de explotar. Después de unas sacudidas dejó salir de su miembro gruesos chorros de semen blanco que de nuevo cayeron sobre mi rostro, en medio de gruñidos y expresiones de placer. Luego cayó rendido a mi lado, que quedé arrodillada dándole la espalda. Todavía no comprendía lo que acababa de hacer, lo que me hizo. Me preguntaba por qué me dio tanto placer, no lo sabía.


Dese la vuelta y no se limpie el semen de la cara. – Obedecí – Me impresionó Angélica, no me lo esperaba, es una hembra increíble. Ahora que me ha dejado fascinado y con ganas de más, vamos a salir muy satisfechos y beneficiados esta noche los 2… muy satisfechos y beneficiados… tenga, póngase esto. – me dijo, tirándome una diminuta tanga roja y un collar de perro, y unas sandalias de tacon de aguja altísimas que fácil rebasaban los 12 cms yo estaba sumida en la nada, cabizbaja y con la mente volando.


¿Quiere que me lo ponga?


Así es…


Pero… no me va a quedar… – le dije, viendo la tanguita tan pequeña.


No importa, si te aprieta mucho mejor… quiero verte vestida así… – obedecí, me puse la prenda, que era casi solo hilo por todos lados, con un triángulo elástico al frente, la parte trasera se me metió hasta el fondo y luego las sandalias– Angélica, no tiene idea


de lo bien que se le mira… los zapatos haces que sus nalgas se vean mas preciosas aun – sacó una cámara – Esto tiene que guardarse para la posteridad. – y me tomó varias fotos, no dije nada, no atiné a hacerlo, y la sensación de la tela de esa prenda contra mi piel y el morbo de tener un collar de perro en el cuello, más el hecho de que me encontraba por completo denuda, empezó a excitarme lentamente – ¡Angélica, no puedo creerlo! ¡Será posible que se esté calentando otra vez! – exclamó al pasar su dedo por en medio de mi raja que halló mojada, me dio mucha vergüenza – ¡Es una hembra extraordinaria, una perra increíble!… ¿segura que nunca lo había hecho antes?


Nunca, jamás…


¿Y tampoco fantaseabas con esto?


No, nunca… tampoco…


¡Extraordinario! Me he topado con una verdadera joya sexual. Bueno, vámonos, va a ser una noche larga… y además, le tengo una propuesta…


¿Propuesta? – me inquieté, ¿no se suponía que el acuerdo estaba hecho? – ¿Qué propuesta?


Bueno, básicamente es solo modificar un pequeño punto del acuerdo.


¿Qué punto?


Señora Angélica, le ofrezco lo siguiente: si usted acepta esta propuesta, no solo terminaré de administrarle todo el tratamiento a su hijo, sino que también me abstendré de someter sexualmente a su esposo. Para ellos será como si nunca hubiese pasado nada.


Y… – tenía mido de preguntar, pero tenía que hacerlo – ¿qué pide a cambio?


A usted señora, a usted… la quiero tener a mi lado como mi esclava… para siempre…


¡¿Cómo dice?! – Exclamé alarmada - ¡Usted está loco!


No se preocupe, que eso dependerá totalmente de usted, y aunque me diga que no el pacto anterior continuará en pié. Piénselo señora… si acepta, salvará a su marido de la humillación a la que usted ha sido sometida el día de hoy… véalo como una especie de sacrificio. –


El negro se rió y ordenó que entráramos al vehículo, el guardia de piloto junto a la secretaria, Marvin y la Godínez se sentaron junto a nosotros. ¡Dios mío, qué iba a hacer! No quería estar en las manos de ese degenerado para siempre, pero tampoco quería que mi esposo sufriera estas cosas y estaba en mis manos evitarlo… ¿qué hacer Dios mío, qué hacer?



Subimos a la gran Hummer, yo aun iba totalmente desnuda y con la cara embadurnada del semen del negro. El guardaespaldas arrancó el carro y partimos, Davidson se fue platicándome de no sé qué cosas, no las recuerdo, pero lo que si recuerdo bien era su mano paseándose sobre mis muslos, acercándose peligrosamente a mi intimidad. Tragué saliva, mi cuerpo se conmovía y mi vagina se mojaba, al mismo tiempo mis pezones se ponían durísimos y bien parados, lo que invitó a mi \"amo\" a acariciarlos.


Tiene un cuerpo hermoso Angélica…lo que cualquier hombre exigente podría pedir bien formado y firme.


Gra-gracias… – le respondí tímidamente.


Pero a pesar de sus constantes roces y tocamientos, mi mente estaba ida, volaba


entre las cosas que me habían pasado esa noche, pero principalmente en su nueva propuesta, ¿cómo............... iba a hacerlo, convertirme en su esclava por siempre a cambio de que no tocara a mi esposo? Yo sabía que para él, un hombre en una familia conservadora y algo machista, sería mucho más duro soportar las cosas que este negro degenerado le quisiera hacer. Y yo, que lo amaba con locura, no podría soportar verlo sufrir las vejaciones que yo estaba sufriendo ahora.


De pronto volví de mis cavilaciones cuando sentí algo frío que me mordía un pezón, era uno de las 2 pinzas metálicas, uno más de sus curiosos artilugios, que Davidson cerró en cada uno en mis pezones. Esa nueva sensación encendió en mi otra cosa que no conocía, que disfruto mucho siendo dominada, me da un gran morbo. Aun lo desconocía, pero ya casi era obvio luego que me pusiera el collar de perro y esas cosas. Me sentía un objeto de su propiedad, muy sumisa a el. Y esa sensación de pertenecerle a alguien, me gustaba… y me gusta todavía.


Espero que no le moleste…


Un poco…(si me duele pero me da placer pensé un dolor fuerte pero rico aprisinaba y erectaba mis pezones )


Pero un poco no es malo… que suerte que los traía, pues ya pareciera que se hallaba en otro mundo y aun no termino con usted Pamela.


James Davidson, jamás podré olvidar ese nombre ni a ese hombre. Ya dije que era guapo, de piel bastante oscura y pelo rozado corto, casi a ras del cráneo, de rasgos viriles y armoniosos y que usaba una pequeña barba en el mentón. Rondaría los 45 años, mediría 1.90, con un cuerpo fuerte y bien cuidado, con una musculatura muy desarrollada y marcada, de gimnasio. Poseía una descomunal verga de 25 gruesos y duros cm. e iba completamente depilado.


Angélica, me encanta, es una de las mejores perras que he probado… y han sido muchas realmente. Sus ojos… su cuerpo… sáqueme el pene del pantalón y chúpemelo.


Le obedecí inmediatamente, bajé el cierre de su pantalón, saqué su pene semi erecto y procedí a lamerlo como si fuese un helado. La segunda felación que hacia en mi vida, me sentía insegura y me esforzaba por hacerlo bien. Por su parte le hacía mucha gracia ver el empeño que le ponía a la tarea, esa inexperiencia era una de las cosas que más le gustaron de mi. Yo, Angélica de Lozano, una orgullosa y digna madre, que aparentaba ser una auténtica esposa y madre ejemplar, estaba reducida


ahora a una chupa vergas principiante.


Continué con la faena durante todo el trayecto, casi podría decir que me gustó, pronto tuve metido ese pene, ya duro y parado, hasta el fondo de mi boca, me entraba con dificultad. Lo succionaba fuerte y le acariciaba el glande con la lengua. Antes de llegar a nuestro destino, su pent-house, Davidson sacó su pene de mi boca y me ordenó que se lo guardara, lo hice con mucho cuidado. Luego me cubrió con una gabardina y así bajamos, seguidos de Marvin y las 2 mujeres, y subimos por el ascensor hasta su morada y entramos. Sin perder tiempo me ordenó quitarme la gabardina, quedé desnuda, solo con la tanguita, las sandalias de tacón alto el collar de perra y las pinzas en ambos pezones.


Estaba avergonzada y mortificada, mi sexo estaba mojado, ¿cómo era posible en un momento así? Me utilizaba como un animal, como una mercancía, hice cosas que me asqueaban y apenaban en lo más hondo del alma, ¿cómo podía estarlo disfrutando, cómo podía mi sexo estar mojado? El negro percibía regocijado el conflicto en el que estaba su puta. Sabía que terminaría entregándomele en bandeja de plata si continuaba con su juego, que por calentura sería capaz de cualquier cosa. Pero que después me estaría muriendo de la vergüenza, que no me podría explicar porqué lo había hecho, y eso lo calentaba más todavía. Le gustaba tener que trabajar para domar a una bestia tan noble como yo. Se despojó de la ropa también él, quedando solo en una diminuta tanga de piel negra que contenía la erección de su enorme falo , exhibiendo su impresionante cuerpo de ébano depilado por completo y su gran erección.


Angélica Quiero que avance hacia mi a gatas como una verdadera perra, muy despacio y al acecho. – Me sometí, me puse en 4 patas y avancé lentamente hasta llegar a sus pies – Béseme y chúpeme los pies. – volví a obedecer y me sorprendí de mi misma, nunca me imaginé arrodillada a los pies de un hombre, desnuda, chupándole los pies, y caliente encima de todo – Mmmm, me gusta su lengua Pamela, tiene mucho potencial… mmmm… ahora, tomeme la verga con los labios y sáquemela… sin usar las manos.


Me desconcerté un momento, no sabía como hacer eso, pero su fría voz me devolvió rápidamente a la realidad. Arrodillada me puse a tratar de bajar su tanga con los labios, trataba de tomar un borde con los dientes pero no encontraba la manera. Y el muy maldito se reía de los repetidos y vanos intentos de su perra, me sentía muy humillada, hasta que, finalmente, él mismo se bajó la prenda y quedó desnudo. Entonces si pude tomar su falo con la boca y empezar otra de las incontables mamadas que le daría en mi vida. Él me tomaba del pelo, haciéndome la cabeza de


atrás hacia delante al mismo tiempo que movía de igual manera las caderas, pero en sentido contrario, de manera que cuando yo me acercaba, su pelvis también. Literalmente me estaba cogiendo por la boca y yo me asía de sus piernas, dejándolo hacer conmigo lo que se le diera la gana. Empecé a sudar, a gemir y a jadear sin darme cuenta. Mis senos pedían a gritos un poco de atención, se tambaleaban de un lugar a otro, al ritmo de las acometidas de mi amante.


Angélica, camine al sillón. – Me soltó y avancé lentamente en 4 patas me alcanzó y le puso la correa a mi collar – Acuéstese boca arriba, con las piernas abiertas y levantadas en el aire.


Davidson se acercó con su negrísima verga erguida y rígida, brillante de fluidos y de mi saliva. Me contempló un rato era una sumisa extraordinaria, lo esperaba acostada boca arriba en el sillón, con las piernas abiertas y levantadas, sostenidas con mis brazos, la cabeza recostada en el respaldo y las nalgas en el borde, de manera de dejar mi sexo y ano totalmente expuestos.


Comenzó a pasarme los dedos por todo lo largo de mi raja, despacio y presionando con maestría para mojarme aun más. Tomaba mis jugos con los dedos y luego me los llevaba a la boca para que los chupara como si fuese un néctar. Hizo a un lado la tira de la tanga y colocó su pulgar sobre mi ano, empezó a presionar suavemente, un intenso escalofrío recorrió mi cuerpo, me encantó no se por qué. Hundió su dedo en mis entrañas al mismo tiempo que otros 2 se enterraban en mi sexo, el escalofrío se hizo más grande e intenso. Mi clítoris palpitaba desesperado, me tenía al rojo vivo, me costaba tener los ojos abiertos, se me cerraban del inmenso placer. No me di cuenta de cuando introdujo otros 2 dedos más, pero si cuando los comenzó a meter y sacara, cogiéndome con ellos por ambos lados. En su cara podía ver como se deleitaba con tenerme entre sus manos, mansa y entregada completamente, volviéndome loca de placer. Convulsionándome temblando de placer


Entonces colocó su pene en las puertas de mi feminidad, tomó mis piernas y me penetró, era la segunda vez en mi vida que tenía sexo con otro hombre que no fuera mi marido. Yo me sujetaba de los asientos, gimiendo con fuerza, frunciendo el ceño y apretando los dientes, era esa mezcla de dolor y placer, morbo y vergüenza, lo que me volvía loca.


¡¡¡AAAGHHH!!!


¡Vamos perra, yo sé que le gusta!


¡¡¡DIOS MÍO!!! ¡¡¡OOOUUGGHH!!!


¡Vamos Angélica, aguante, aguante! ¡Grite si quiere perra, grite como una desesperada!


¡¡¡ME VAAAAAA… ME VA… A PARTIR…!!! ¡¡¡AAAAAAGGGGHHHHH!!!


¡Si, la voy a partir en 2 porque le gusta, perra!


Paró y me dio la vuelta, me puso en 4 patas sobre el sillón, sujetó con fuerza la correa a modo de rienda y me penetró salvajemente de nuevo. Sus embates sonaban contra mis nalgas como aplausos, mis senos se movían violentamente de un lado a otro. Estaba a punto de explotar, deseaba tanto llegar al orgasmo, pero él me lo impedía, se detenía cada vez que mis gemidos se hacían más fuertes. Luego me tomó de un brazo y me acostó boca abajo sobre la mesa de centro quedaban colgando mis caderas y cabeza. El morbo era gigantesco, no me dejaba pensar con claridad, tan solo estaba ese sentimiento de sumisión y pertenencia a el.


Volvió a la carga pero esta vez a través de mi ano, que aunque ya me lo había dilatado acabó arrancándome un largo grito y luego roncos gemidos. Me sujetaba de los bordes de la mesa y cerraba con fuerzas los ojos, apretando la mandíbula, era virgen de esa parte pero a él no le importaba, esta vez no me quería dejar viva. Su pelvis se estrellaba fuertemente contra mis nalgas, sus huevotes rebotaban por todos lados, mis senos se zarandeaban violentamente y yo me esforzaba mucho por no desfallecer.


¡¡¡¡AAAAHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAHHHH!!!!


¡Aguante perra!… ¡Yo sé que le gusta!


¡¡¡¡AAAAHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAHHHH!!!!


¡Dígamelo!… ¡Dígame que le gusta!


¡¡¡¡SSSIIIIIIIIIII!!!!… ¡¡¡¡ME ENCAAAAAANTAAAAAA!!!! ¡¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!!


¡¿Lo quiere más duro perra?!


¡¡¡¡SSSSIIIIIIII!!!! ¡¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!!… ¡¡¡¡PAARTAMEEEEE EN DOOOOOOSSSSS!!!!


Y vaya si lo estaba haciendo, los golpes de su pelvis eran extremadamente violentos


Podía sentir el sudor de su cuerpo caer sobre el mío, sobré mi espalda su cuerpo estaba empapado. Y su rígido falo entrar y salir de mi interior horadando mis entrañas, casi arrancándome el ano. Me dio como un animal hasta que se cansó y me la sacó, reteniéndome debajo de la mesa del comedor, lamiéndole los pies y el sexo, mientras le suplicaba que me dejara terminar, tal y como me lo había ordenado. Me encontraba extasiada, me gustaba sobremanera que me sometiera de esta manera, me sentían tan dominada por él, que recompensó mis súplicas con una abundante cantidad de semen que recibí y tragué como el más fino de los alimentos.


Te voy a enseñar un truco Angélica. Quiero que te acuestes en el suelo, con la pelvis sobre esas 3 almohadas grandes que se encuentran sobre el sillón largo. – Obedecí, quedé como él me había ordenado – Ahora te voy a dejar acabar masturbándote. Pero pon atención, que antes de llegar al clímax, quiero que te metas este consolador y lo aprietes y frotes contra la parte delantera de tu vagina, muy adentro, ¿entendido?


Si señor…


Hice como me ordenó, comencé a masturbar mi casi amoratada vulva como loca y breves momentos después sentí la llegada del final, por lo que introduje con rapidez el consolador y me froté como él me había indicado. Fue increíble, terminé en un orgasmo tan fuerte que hasta me oriné, pareciendo que eyaculaba con fuerza, llegando mi orín hasta mi rostro y boca abierta.


James Davidson volvió a montarme otras 3 veces esa noche (era increíble su vigor), sobre la mesa, en el sofá y de último en el suelo, en donde fui tomada en la posición del misionero, con mi pierna derecha sobre su hombro y la izquierda rodeándole la cintura. Escuchaba las palabras lascivas que mi patrón me susurraba al oído, en que me decía que era la mejor perra que había probado en toda su vida. Al mismo tiempo me sentía observada por Marvin y las 2 secretarias, era increíble, hasta se me había olvidado que allí estaban.


Es usted la perra más puta y sucia que he conocido, es lo máximo Angélica…


Gracias… – no podía creer que le dije gracias a esas palabras, realmente estaba trastornada.


Pero aun no me ha respondido…


Repuesta… ¿qué respuesta?


A mi propuesta… conviértase en mi esclava para siempre y dejaré a su esposo fuera


de esto. - me quedé fría, no sabía qué pensar ni qué decidir.


¿Y… a Fernando qué le haría usted? – la cara se le iluminó con una pérfida y burlona sonrisa.


Todo… absolutamente todo… no menos que usted, por lo menos…


\"¡Maldición\" me dije, \"es demasiado\". Realmente no creía que mi Fer lo pudiera soportar, él, que tan viril y masculino había sido siempre. No, él no, además, mi amor por él era muy fuerte y al final me llevó a decidir. Si estaba en mis manos salvarlo de un futuro terrible, salvando además a mi pequeño hijo, lo haría, mi amor por él era mucho mayor que el miedo que este hombre me daba.


Y… ¿si dijera que si, qué haría yo?


Usted nada… yo sería el que le hiciera de todo a usted…


¿Y qué sería?


Lo que a mi se me diera la gana… todo lo que a mi se me diera la gana. – temblé y una lágrima de miedo y dolor resbaló por mi mejilla, pero mi decisión ya estaba tomada. A… a… acepto… pero no le vaya a hacer nada a mi esposo ni a mi hijo.


No tocaré a su marido y terminaré de darle todo el tratamiento a su hijo. Pero desde hoy usted queda por siempre a mis órdenes, lista para satisfacer cualquier petición que tenga, para realizar cualquiera de mis caprichos. Usted ya no es una mujer, de ahora en adelante es una perra a mi servicio, una esclava sin voluntad, sin pasado ni futuro… nada, solo yo existo ahora para usted… solamente yo.


Terminé profundamente dormida entre sus brazos. Al despertar nuevamente me hizo suya y luego me fue a dejar a mi casa. En silencio subí a mi habitación, allí me encontré a mi esposo sobre la cama, profundamente dormido, todavía vestido y con la cama sin tender. Me agazapé en un viejo sillón que allí teníamos y me puse a llorar en silencio, ¿qué había hecho, por Dios, qué?


Sin embargo, dentro de mi tenía la certeza de haber hecho lo correcto, después de todo era un sacrificio que haría por amor a mi esposo y a mi hijo, por ellos, y no por


Algún capricho tonto mío. En ese momento también tomé otra decisión, dejaría a Fernando totalmente afuera de todo esto, él no debía enterarse de nada mientras yo se lo pudiera seguir ocultando. Claro, llegaría un momento en que acabaría sabiéndolo, pero mientras tanto, tenía que dejarlo a oscuras de todo.


Pensando en ello estaba cuando lo sentí moverse sobre la cama, sobresaltado y sudoroso, como si hubiese estado en medio de una pesadilla terrible. Me vio y abrió los ojos como platos, como un rayo se puso de pié y e me acercó, yo esperaba un abrazo, pero se detuvo en seco, viéndome con los ojos llenos de vergüenza. Yo no me atreví a verlo de frente…


Angeli… Angélica… amor… ¿qué… qué te hicieron mi vida… qué te hicieron? – pero yo solo negué con la cabeza sin poder articular palabra… días mas tarde por fin afronte la situación como lo había planeado para no seguir lastimando a Fernando y menos cuando se enterara de la realidad de lo que había accedido por amor a el en un principio y ahora por placer no quería ya nada con el no quería seguir lastimando


Mi pequeño recupero la salud con éxito gracias al apoyo económico que fueron cifras


Impagables por nosotros en nuestra anterior situación económica se logro gracias al apoyo económico de mi amo la cifra que se acumulo supero los mas de los diez ,cien miles de pesos pero debo de decir ahora pague o desquite cada centavo con las lagrimas de los castigos y vejaciones a los que he sido sometida constantemente a partir de que acepte mi sumisión a esta persona y a quienes el ordenara no voy a negar que mi nuevo circulo sexual encontré muchos placeres desconocidos por muchos y privilegios de solo unos pocos inaccesible para la mayoría de la gente común me convirtieron con mi aprobación en una mujer muy morbosa sensible y sumisa tome la decisión de dejar todos lo bienes a Fernando así como la custodia y tutoría de los niños lo deje que tomara sus conclusiones para no lastimarlo mas


lo que si que el jamás en nuestra vida marital me había dado el placer que davidson me había dado era un mundo nuevo para mi cosas del placer que desconocía que existieran en las salvajes envestidas que me daba con su con su enorme pene de mas de 25 cms me hozo conocer sensaciones nuevas por que no decir que fue el inicio de mi redención y aceptación a mi sumisión a lo que el me pidiera por temor de que esa deliciosa verga dejara de ser mía y de castigarme aun sin comentar todas las nuevas experiencias a las que me ha sometido con el y sus agraciados amigos me llevo a una vorágine de degradación y emputecimiento gradual aun que me ha hecho una drogadicta al sexo a la sumisión al morbo a los mas obscuros deseos he mantenido mi clase mi porte mi fineza por la que fui elegida por este traficante de blancas me convirtió en un fino y exclusivo juguete sexual sumisa obediente y dispuesta a todo y lo mejor de carne y hueso era muy difícil pensar que una mujer aun es su calidad de señora escapara de las garras de este grupo de traficantes de sexo con mi físico cara porte y clase vieron en mi un enorme potencial económico por eso dije que recupere cada centavo invertido en mi hijo por este hombre que aunque me desgracio mi vida arreglo y le dio vida a mi hijo lo mas preciado recuerdo eso y no me arrepiento de haber tomado el sacrificio y esa elección ese día aun que haya perdido a fer y a mis hijos


con frecuencia me exigia cambiar de look corte y color de pelo forma de maquillaje etc davidson me sometió a diferentes cirugías con los doctores mas especializados pagando exageradas cantidades para esculpir mi cuerpo como una obra de arte asi como las sesiones de gimnasio yoga y spinning a las que era sometida por obligación para lograr estar siempre con un tono muscular y dureza de mis senos piernas nalgas muslos y apetecibles como una fruta, una fruta deseada por los millonarios comencé a salir con davidson a los lugares mas exclusivos restaurants, fiestas, reuniones de políticos artistas y millonarios donde davidson me vestía como una puta de lo mas fina con lo mas destapado de versase Gucci prendas carísimas que apenas cubrían mis atributos sexuales


en esas fiestas corrían a raudales el alcohol y las drogas sintéticas y naturales y al final de las mismas terminaban en orgias o gangs bangs y relaciones lésbicas sin mencionar las sesiones de bondage y sumisión femenina de las cuales no escapaba sin ser probada castigada y abusada sexualmente por muchos de los invitados en complicidad de davidson así como en una ocasión davidson me hizo orinar de placer a la par de mis jugos vaginales así me enseño muchos placeres dar y recibir la mayoría de las veces el mismo encendía la mecha cogiéndome en publico o haciéndome que le hiciera sexo oral para ofrecerme a los mejores postores a los cuales lo que menos les importaba era el factor económico so me dio pauta para enviar fuertes cantidades de dinero a fer y alos niños me supongo que tomo sus conclusiones no tengo vara para que me vean ni para verlos pero si tuviese la oportunidad de quitarme el yugo de davidson tendría miedo de perder el placer al que soy sometida por el me he hecho su amiga y su esclava sexual su perra de servicio siempre lleve esa disposición en mi persona y el tubo la afortuna de aflorarlo de pulirme de sacar ese talento oculto y se que asi como yo existen cientos de chicas por descubrir su potencial solo que el comienzo es muy difícil y la cuesta muy inclinada y todo por perder como me sucedió a mi besos húmedos


angiekitana

jueves 10 de septiembre de 2009

la historia erotica de tu vida

LA HISTORIA ERÓTICA DE TU VIDA

A TRAVES DE INTERNET MUCHA GENTE PONE SUS FOTOGRAFIAS Y DESCRIPCIONES PARA RELACIONARSE CON OTRAS PERSONAS DE SU MISMO SEXO O DIFERENTE, PAGAN PARA QUE SE DEN A CONOCER PERFILES Y ESTA HISTORIA COMIENZA CUANDO FRANCISCO SE DA DE ALTA EN ALT.COM, Y VE LA FOTO DE UNA MUJER MUY BELLA CULLO ALIAS ES ANGIEKITANA Y DECIDE MANDARLE UN MENSAJE, EN DONDE LE DICE QUE ES SUMAMENTE BELLA Y QUISIERA CONOCERLA, ELLA LE RESPONDE POR EL MISMO MEDIO Y LE PROPORCIONA SU ALIAS DE MSN, AL DIA SIGUIENTE ELLA SE CONECTA Y CHARLA UN MOMENTO, DESPUÉS PASAN DIAS Y EL NO VUELVE A SABER NADA DE ELLA HASTA QUE EL DIA 18 DE JULIO DEL 2006 A LAS 10:30 HRS, ENTABLAN COMUNICACIÓN NUEVAMENTE, Y ESTABLECEN QUE EL LE ENVIE UN ARTICULO, BIEN ORGANIZADO COMO GUION DE PELÍCULA, EXPLICANDO PASO A PASO LO QUE EL LE HARIA A ELLA SI ESTUVIERAN JUNTOS
FRANCISCO AL RECIBIR LA INVITACIÓN, DE INMEDIATO SE AVOCA A ESCRIBIR EL GUION QUE LO CONDUZCA HASTA ELLA, YA QUE PARA EL SE HA VUELTO UNA OBSESIÓN ESTA HERMOSA MUJER.

FRANCISCO LE INDICA A ANGELICA QUE IRA A MOMTERREY A CONOCERLA, LE SOLICITA EL NUMERO DE SU CELULAR Y ELLA ACCEDE, POR LO QUE FRANCISCO DECIDE IR A MONTERREY A CONOCERLA, COMPRA SU VOLETO DE AVION PARA EL DIA DOMINGO 13 DE AGOSTO CON REGRESO PARA EL DIA 17, ANTES DE SALIR LE LLAMA POR TELEFONO PARA INDICARLE QUE LLEGARA A MONTERREY A LS 16:30 HRS. PARA QUE SE VEAN E INVITARLA A TOMAR UNA COPA, EL LE DA CIERTAS INSTRUCCIONES A ELLA, DICIÉNDOLE QUE DEBE ESPERARLO EN EL BAR QUE MAS LE GUSTE A ELLA Y QUE LA ESPERE DE ESPALDAS A LA PUERTA, Y AL FONDO Y EN LUGAR MAS OSCURO POSIBLE, CON UN VESTIDO NEGRO DE ENCAJES, CON ROPA INTERIOR MUY SEXY Y DIMINUTA, DEBERA ESTAR CON LAS PIERNAS ABIERTAS Y LA MIRADA HACIA ABAJO, PARA QUE AL LLEGAR FRANCISCO ELLA NO SE DE CUENTA, EL AL ENTRAR AL BAR LA BUSCA CON LA MIRADA Y AL DISTINGUIRLA SE ACERCA A ELLA Y SIGILOSAMENTE LE ACARICIA EL PELO Y LE ORDENA NO VOLTEARSE, ELLA SIENTE UN ESCALOFRIO RECORRER POR SU PIEL AL SENTIR LAS MANSO MISTERIOSAS DE AQUEL HOMBRE, LUEGO SIENTE COMO UNOS LABIOS TIBIOS Y SENSUALES SE POSAN EN SU BELLO CUELLO DÁNDOLE UNOS BESOS TIERNOS Y DULCES, EL LE INDICA QUE TODAVÍA NO LEVANTE LA MIRADA Y SE SIENTA ENFRENTE DE ELLA, EL EMPIEZA A ACARICIAR SU BONITAS Y TORNEADAS PIERNAS, PASANDO SUS MANSO POR SUS RODILLAS, BAJANDO MUY DESPACIO HASTA LLEGAR A SUS PIES, DELICADAMENT EL TOMA SUS LINDOS PIES Y LES DA UN BESO, SUS LABIOS SIGUEN BESANDO SUS PANTORRILLAS Y CUANDO MENOS LO ESPERA EL SE METE DE BAJO DE LA MESA Y CON SUMO CUIDADO LE SUBE LA FALDA Y EMPIEZA E BESAR SUS MUSLOS, HACIENDOLA SENTIR QUE SU PIEL SE PONE CHINITA DE EXITACIÓN, EL PROSIGUE CON SUS BESOS SUBIENDO LENTAMENTE, HASTA LLEGAR A ACARICIAR Y ROZAR SU VAGINA, PRIMERO CON SU MANO Y DESPUÉS CON SUS LABIOS, LENTAMENTE EL HACE A UN LADO SU BIKINI Y LE EMPIEZA A DAR UN BESO TIERNO, LUEGO AYUDÁNDOSE CON LOS DEDOS LE ABRE POR COMPLETO LA VAGINA Y EL INTRODUCE LA LENGUA Y EMPIEZA A LAMER SUS LABIOS INFERIORES Y SUPERIORES DE ARRIBA HASTA ABAJO, DE UN LADO A OTRO, LAMIENDO DESPACIO, SOPLANDO, PRESIONANDO SU CLÍTORIS, MORDISQUEÁNDOLO SUAVEMENTE, LUEGO PRESIONANDO MAS Y MOVIENDO SU LENGUA MAS RAPIDAMENTE, SINTIENDO EL MOVIMIENTO CANDENTE DE LAS CADERAS DE ANGELICA, PIDIENDO QUE NO DEJE DE BESARLA Y SIGA HACIEDOLO MAS Y MAS, ELLA AL CABO DE UN RATO TIENE UN ORGASMO MUY FUERTE Y SE QUEDA CON LOS MUSLOS RIGIDOS, EL ESPERA PACIENTEMENTE A QUE SE LE PASE LA SENSACIÓN DEL ORGASMO, MIENTRAS SE ACOMODA BOCA ARRIBA Y SE DESABROCHA SUS PANTALONES, LUEGO LA JALA SUAVEMENTE HACIA EL Y LA PENETRA POCO A POCO, DEJANDO QUE ELLA SE MUEBA Y TOME TODA LA INICIATIVA, DESPUÉS DE UN RATO, EL LA TOMA CON LAS MANOS DE LA CINTURA Y LA SUBE Y BAJA SOBRE SU VERGA AGRANDADA Y ANCHA POR LO CALIENTE QUE SE ENCUENTRAN AMBOS, POCO DESPUÉS EL LA PONE SOBRE LA SILLA Y LA EMBISTE POR ATRÁS SINTIENDO ELLA QUE DESFALLECE DE LA EMOCIÓN, EL EMPIZA A MOVERSE RAPIDAMENTE Y ELLA MUEVE TAMBIEN LAS CADERAS Y GIME DE PLACER, MMMMM, HAHAHAHA, ASI, ASI, ASI, METEMELA MAS ADENTRO, MAS FUERTE, MUÉVETE MAS, MAS PAPITO, NO TE DETENGAS, POR FAVOR, AHHHH, MMMMM, SI,SI,SI, METAMELA CON TODO Y HUEVOS, MAS ADENTRO, MAS PAPI,.........EL LA AGARRA DE LOS CABELLOS Y LA JALA HACIA EL LE EMPIEZA A DECIR PUTA PERRA, QUE BIEN COJES CABRONA, ERES UNA PROFESIONAL, PINCHE PUTA, ELLA SIENTE QUE NO PUEDE MAS Y TIENE OTRO ORGASMO FUERTÍSIMO MIENTRAS EL SIGUE MOVIÉNDOSE FRENÉTICAMENTE HASTA QUE EYACULA Y LA INUNDA DE SEMENTE CALIENTE.

DESPUÉS DE ESE PRIMER ENCUENTRO, EL LA LIMPIA CON UNA SERVILLETA Y SE PONEN LO QUE SE QUITARON Y AMBOS SALEN DE LA MESA, PARA SORPRESA DE ELLA SE ENCUENTRA CON UN HOMBRE ALTO, DE MUY BUEN CUERPO, DE EXPRESIÓN AGRADABLE EN EL ROSTRO Y MUY DULCE EN SU MANERA DE TRATAR Y EDUCADAMENTE SE PRESENTA ANTE ELLA, SOY FRANCISCO, TU MAS FERVIENTE ADMIRADOR.

EL LE INVITA UNA COPA Y POCO DESPUÉS LE PIDE QUE SALGAN DEL BAR A CAMINAR UN RATO, PLATICAN DE SU PRIMER ENCUENTRO Y EL LA INVITA A CENAR, ELLA ACEPTA GUSTOSA, PORQUE EL HABER TENIDO SEXO LE ABRIO EL APETITO, SE DIRIGEN A UNO DE LOS RESTAURANTES PRESTIGIADOS DE MONTERREY Y CENAN CABRITO, TOMAN VINO , EL PIDE LA CUENTA, PARECE ANSIOSO, DE SALIR DEL LUGAR, Y CON VOZ FIRME Y AL MISMO TIEMPO SUABE, LE PIDE IR A CASA DE ELLA PARA DARSE UNA DUCHA, ELLA CUESTIONA EL PORQUE EN SU CASA Y EL LE EXPLICA QUE EL HOTEL DONDE SE HOSPEDA ESTA MUY LEJOS DEL CENTRO DE LA CIUDAD, YA QUE SE HOSPEDO EN EL HOTEL HAMTON AEROPUERTO, ELLA ACEDE Y SE DIRIGEN A SU CASA.

LLEGANDO ELLA LE DA UNA TOAYA Y EL SE DIRIGE AL BAÑO PARA DUCHARSE, ELLA LE SIGUE Y TAMBIEN SE DESNUDA PARA QUE AMBOS SE BAÑEN JUNTOS, EL LA ACARICIA SUBEMENTE Y LE DICE AL OIDO LO BELLA QUE ES, LO INIGUALABLE QUE RESULTO HACER EL AMOR CON ELLA, LA ABRAZA TIERNAMENTE Y LA ENJABONA TOTALMENTE, PASANDO SUS MANSO POR LAS PARTES MAS INTIMAS, AL TERMINAR DE BAÑARSE SE SECAN Y SE VISTEN, ELLA LE INVITA A PLATICAR UN RATO Y VAN RUMBO A LA SALA, CUANDO EL SE PONE DETRÁS DE ELLA, RAPIDAMENTE LE BENDA LOS OJOS Y LE DICE QUE NO TEMA, LE PREGUNTA SI TIENE JUGETES COMO (VIBRADORES, DILDOS), VELAS, CAUCHO, LATEX, CUERDAS, LATIGOS(TORO, GATO U OTROS) PALETAS, CEPOS, FUSTA DE MONTAR, JUGUETES ELÉCTRICOS Y LANCERIA.
ELLA LE INDICA QUE SI TIENE Y EL LA OBLIGA CON LOS OJOS VENDADOS A DARSELOS, LA HUMILLA VERBALMENTE Y FISICAMTE, LE TIRA DE LOS PELOS PARA QUE LE ENTREGUE LOS INSTRUMENTOS QUE EL LE PIDIO, ELLA TEMBLOROSA POR EL CASTIGO Y/O MALTRATO SE DIRIGE AL LUGAR SEGUIDA DE EL Y SE LOS ENTREGA.

AL CABO DE UNOS INSTANTES DE SILENCIO, EL LE PIDE LAS LLAVES DE SU COCHEA NGELICA SE NIEGA ROTUNDAMENTE, ENTONCES EL LA ATA DE PIES Y MANOS, PARA QUE NO CORRA O LO ARAÑE, FRANCISCO PIDE NUEVAMENTE LAS LLAVES Y ELLA SE NIEGA NUEVAMENTE, ENTONCES EL LE GRITA QUE REQUIERE DEL AUTOMÓVIL PARA SACARLA DEL LUGAR SIN QUE NADIE SE DE CUENTA, ELLA ASUSTADA SE NIEGA Y EL LA AZOTA CON EL LATIGO EN LAS NALGAS, EN LOS MUSLOS, EN LAS PANTORRILLAS, ELLA AL SENTIR LOS GOLPES SUELTA UNAS LAGRIMAS Y ESTA A PUNTO DE DECIRLE EN DONDE ESTAN LAS LLAVES DEL AUTOMÓVIL, PERO PIENSA QUE POSIBLENTE EL MOVIL ES ROBARSE EL COCHE Y DEJARLA A ELLA ATADA Y SIN PODER PEDIR AUXILIO A NADIE, POR LO QUE SE NIEGA NUEVAMENTE, EL DESESPERADO LE DICE QUE UNA PUTA COMO ELLA LE DEBE ENTREGAR LAS LLAVES DEL AUTO, PARA QUE LA LLEVE A UN LUGAR SOLITARIO Y COGERSELA COMO EL QUIERA, POR ESO HABIA PEDIDO LOS JUGUETES, ELLA SE NIEGA ROTUNDAMENTE Y EL DE DA UNA BOFETADA, SU VESTIDO ESTA MEDIO RASGASO POR EL MALTRATO, SU SENSUALIDAD AUMENTA POR LA IRA Y EL CORAJE QUE TIENE AL VERSE IMPOSIBILTADA DE NO PODERSE DEFENDER, EL LA HUMILLA VERBALMENTE, DICIÉNDOLE QUE ES UNA VIL PERRA Y QUE APRENDA QUIEN MANDA, QUE EL AMO ES FRANCISCO Y NADIE MAS, LA EMPUJA AL PISO Y CON EL PIE LE DA VUELTAS Y LA ARRASTRA, CON ESTOS MOVIMIENTOS QUEDAN POR COMPLETO AL DESCUBIERTO SUS PIERNAS Y SUS SENOS, EL SE MONTA ENCIMA DE ELLA Y EMPIEZA A BESAR FRENÉTICAMENTE SU CUELLO, SU BOCA, SUS PECHOS, LOS MORDISQUEA, METE LA MANO POR DEBAJO DE SU DIMINUTA ROPA INTERIOR Y EMPIEZA A URGAR SU VAGINA, ELLA EMPIEZA A SENTIRSE HUMEDA Y CON GANAS, EL AUN SE ENCUENTRA FURIOSO Y SE DIRIJE A LA RECAMARA, QUITA EL COLCHON Y VA POR ANGELICA Y LA ACUESTA BOCA ABAJO SOBRE LA CAMA, EN LOS TABLONES DE MADERA, ANGELICA AL SENTIRLOS SE ESTREMECIO, FRANCISCO LE QUITO LO QUE QUEDABA DE SU ROPA Y DE SU DIMINUTO BIKINI, ANGELICA SE ESTREMECIO AL SENTIR EL CONTACTO DE SU PIEL CON EL DEL TABLON DURO, DESCUBIERTO.

FRANCISCO EMPEZO RAPIDAMENTE A PASAR MIS MANOS POR LA ESPALDA Y AL QUEDAR EN ESA POSICIÓN ABRIO MIS PIERNAS Y LAS ATO A LA ORILLA DE LA CAMA, ENCIMA DE LA MORDAZA PASO LA CUERDA PARA TAPARME AUN MAS LA BOCA, PARA QUE NO PUDIERA GRITAR, AMARRO MI CUELLO Y LO AMARRO EN LA CABEZERA MALDIGE DENTRO DE MI ESTAS ATADURAS PEQUÑAS Y PICANTES. TUVE QUE HACER TODO LO QUE EL ME INDICABA A BECES DULCEMENTE Y OTRAS GRITANDO, ERA SU ESCLABA DE PLACER, QUEDE COMPLETAMENTE ACCESIBLE POR ENFRENTE Y POR ATRAS DEJANDO LIBREMENTE MI TRASERO.
TOMO UN LATIGO Y GOLPEO MIS NALGAS FUERTEMENTE UNA Y OTRA VEZ, ME HUMILLO, ME MOJO CON AGUA FRIA, PUSO HIELO EN MI VAGINA Y LUEGO SOPLO Y SENTI ESCLOFRIOS EN TODO MI SER.

COMO MIS PIERNAS ESTABAN MUY ABIERTAS, LO UNICO QUE PODIA MOVER ERA MI CABEZA Y MIS NALGAS, ME DECIA QUE PIDIERA SU VERGA, QUE LE SUPLICARA SE LA METIERA PRONTO, PERO COMO NO ACCEDIA ME DIJO SI NO DICES QUE TE LA META MI VERGA TE AZOTO MAS Y MAS, COMO NO ACEPTE EMPEZO A AZOTARNE DE NUEVO Y NO CONFORME CON ESO METIO EN MI ANO UN VIBRADOR MUY GRANDE, EL CUAL LO MOVIA FUERTEMENTE, SI ME DOLIA MUCHO PERO AL MISMO TIEMPO SENTIA PLACER, ME DIJO NUEVAMENTE QUE LE COMPLACIERA PIDIENDO QUE METIERA SU VERGA EN MI VAGINA Y NO ACEPTE, ENTONCES EN UN ARRANQUE DE CORAJE CAMBIO MI POSICIÓN, VOLTEÁNDOME DE PERRITO EN LA TABLA BIEN AMARRADA DE LA CABEZA, LAS MANOS Y LOS PIES Y METIO DOS VIBRADORES, UNO EN MI ANO Y OTRO EN MI VAGINA Y MANIPULANDO AMBOS HIZO QUE TUVIERA UN ORGASMO FUERTE QUE CASI ME DESMAYO. ME INDICO SI ME GUSTABA LA VERGA Y LE DIJE NUEVAMENTE QUE NO, ENTONCES ME DIJO QUE ME AGUANTARA CON LO QUE SEGUIA TOMO UNOS APARATOS ELÉCTRICOS Y ME LOS ACOMODO PERFECTAMENTE EN LA VAGINA Y EN EL ANO, ME DIJO QUE LE DIJERA QUE LE SUPLICARA QUE LE METIERA LA VERGA Y QUE ADEMÁS DIJERA QUE ERA UNA VIL PUTA, DE LO CONTRARIO ME DARIA TOQUES EN MIS PARTES INTIMAS, NO ACCEDI Y EMPEZO A DARME TOQUES ELÉCTRICOS PRIMERO DESPACIO Y ME REPETIA CONSTANTEMENTE QUE LE DIJERA QUE ERA UNA PUTA Y QUERIA QUE ME METIERA SU VERGA, COMO NO ACCESDI NUEVAMENTE A DECIR QUE SOY PUTA, PORQUE EN REALIDAD NO LO SOY, SOY UNA SEÑORITA BIEN, EL SE MOLESTO Y SUBIO EL VOLTAJE DE LOS APARATOS, DESMAYÁNDOME AL SENTIR LOS TOQUES, ME DEJO DESCANSAR UN RATO Y REGRESO PARA DECIRME SI YA ESTABA LISTA PARA DECIRLE SI QUERIA QUE ME METIERA SU VERGA Y COMPORTÁNDOME COMO PUTA, COMO ME NEGUE ENTONCES QUITO LOS APARATOS Y ME LA PUSO EN UN PEZÓN Y ME DIO TOQUES, SENTI MORIR DEL DOLOR, YA NO PUDE MAS Y LE DIJE QUE SI, QUE ME METIERA SU VERGA Y QUE ME COMPORTARIA COMO UN PUTA, QUE SERIA SU PUTA HASTA QUE EL DECIDIERA, ME METIO SU VERGA VARIAS VECES POR EL ANO, POR LA VAGINA POR LA BOCA Y TUVE GRANDES ORGASMSO, ASÍ ME MANTUVO TODA LA NOCHE, AL DIA SIGUIENTE ENCONTRO LAS LLAVES DEL AUTOMÓVIL Y SIN DECIR NADA ME CARGO Y ME SUBIO AL COCHE, NO SABIA A DONDE IVAMOS, SOLO EN MI INTERIOR TOME APROXIMADAMENTE EL TIEMPO Y FUE COMO UNA HORA Y MEDIA DE MANEJAR POR CARRETERA, ESTABA SECUESTRADA, EL TRAYECTO FUE EN SILENCIO, CUANDO POR FIN LLEGAMOS Y DESCENDIMOS DEL COCHE ME LLEVO A CIEGAS A UN LUGAR COMPLETAMENTE DESCONOCIDO PARA MI, ME DIO AGUA Y DE DESAYUNAR Y ME DEJO DORMIR UN RATO, CUANDO EL DESPERTO ME METIO A BAÑAR Y UNA VEZ LIMPIOS AMBOS, ESCUCHE SUS PASOS DIRIGIRSE A UN CUARTO OSCURO Y ESCUCHABA EL SONIDO DE ARTEFACTOS, ERA UN LUGAR EQUIPADO PARA LA PRACTICA DEL BDMS, EL ME AMARRO SOBRE LA CAMA BOCA DEBAJO DE NUEVO CON LAS PIERNAS MUY ABIERTAS, METIO UNA ALMOHADA DEBAJO DE MI ESTOMAGO Y EMPEZO A BESAR MIS NALGAS Y DESPUÉS MI ANO, SE ASEGURO MUY BIEN DE QUE ESTUVIERA BIEN LUBRICADO Y METIO SU VERGA, DÁNDOME UNA BUENÍSIMA SESION ANAL, DESPUÉS DE ESO ME PARO Y ME AMARRO PARADA EN FORMA DE EQUIS Y ME DIO UNA SESION DE SEXO ORAL INTERMINABLE Y FABULOSA, EN ESE SITIO CAMBIO LA MORDAZA QUE LLEVABA POR UNA DE GAG, POR YA CONTAR CON EL EQUIPO COMPLETO DE ESE LUGAR, ME SOMETIO NUEVAMENTE A TOQUES EN MI VAGINA, ANO Y PEZONES, CUANDO DEJO DE DARME TOQUES EN EL ANO ME METIO SU GRANDE Y GRUESA VERGA NUEVAMENTE POR EL, MIENTRAS SUS DEDOS DABAN MASAJE A MI CLÍTORIS, AL MISMO TIEMPO QUE CON SU LENGUA RECORRIA TODA MI ESPALDA, SE SALIO BRUSCAMENTE Y ENCENDIO UNA VELA Y ME EMPEZO A PONER CERA EN LOS PEZONES, AL RATO EN MI ANO Y POR ULTIMO EN MI VAGINA, CUANDO TERMINO, ME HIZO EL SEXO ORALMENTE Y DESPUÉS ME PENETRO PROFUNDAMENTE SIENTIENDO COMO SE MOVIA FUERTEMENTE YA QUE ESTABA A PUNTO DE LLEGAR A LA EYACULACION, SENTI DENTRO DE MI EL CHORRO DE SEMEN CALIENTE PENETRAR HASTA LO MAS PROFUNDO DE MI SER, MIENTRAS YO INTENTABA GRITAR DE PLACER.
NO SABIA SI CON ESTO HABIA TERMINADO LA TORTURA O APENAS ESTABA COMENZANDO, REALMENTE ERA SU ESCLABA Y LO QUE ME PEDIA SE LO DABA SIN CONDICION ALGUNA, DESCANSO UN RATO Y ME VOLVIO A CATIGAR CON EL LATIGO, ME HIZO SENTIR UNA VIL PUTA POR LA FORMA EN QUE ME POSELLO Y NO PUDE HACER NADA, POR EL CONTRARIO LE ROGABA QUE NO PARARA, QUE SIGUIERA PORQUE ESTABA DISFRUTANDO MUCHO LO QUE ME HACIA, POR FIN TUVIMOS UN ORGASMO JUNTOS Y EL ME DIO UN BESO, ME DESCOLGO Y ME DESAMARRO DE LAS MANOS, SIGILOSAMENTE DESAPARECIO Y NUESTRO CONTACTO ACTUALMENTE ES POR EL MSN, NO PLATICA DE LO QUE SUCEDIÓ Y TAMPOCO ME DICE SI REGRESARA NUEVAMENTE PARA REPETIR LA EXPERIENCIA.
MIS RECUERDO SON QUE ME TUBO DOS DÍAS, COMO SU ESCLAVA, ME DABA AGUA Y DE COMER POR LA MAÑANA Y POR LA TARDE, POR LA NOCHE SE LA PASABA COGIENDOME HASTA EL AMANECER, Y PENSANDO EN EL SEXO FUERTE QUE TUVE, ME SUPO MARAVILLOSO Y ESPERO REPETIRLO ALGUNA VEZ CON EL.

OJALA TE GUSTE EL GUION.
UN BESO MUY GRANDE, FUERTE Y APASIONADO.
FRANCISCO

jueves 3 de septiembre de 2009



Carta a mi amo
No tengo la mas mínima idea de porque me sucede cuanto me sucede, sin pretender entenderlo lo asumo y cuando me deslizo por la pendiente que lleva hasta la razón, es cuando me encuentro perdida. Sin rumbo. Planteándome porque hago lo que hago, o peor aun, porque dejo de hacer cuanto me apetece hacer. No voy a decir como me llamo, tampoco de donde soy, aun menos confesaré si estoy casada o tengo hijos, cual es mi trabajo o que música me gusta escuchar. Porque todo eso es irrelevante, todo eso y mas aun. Todo lo que no sea relativo a mi condición de sumisa, es irrelevante. Es incompatible. Es irreflexivo. No tengo ni idea del porque pero si del como. Se lo que sucede cuando sucede. Lo recuerdo siempre, cada minuto vivido, cada segundo, cada palabra, cada humillación, cada suplica y cada consuelo. Me arde la piel de solo recordarlo.
Quien lo haya vivido sabe a lo que me refiero. Es posible explicarlo, es arduo acercarse a las sensaciones, es imposible definirlo en su exactitud. Soy sumisa, me gusta ser sumisa, no se porque. Solo se que así es. He aprendido que no debo buscar más allá de la razón sino disfrutar de la sinrazón de este torbellino de sensaciones. Mi amo así me lo indicó, mi amo me liberó de toda duda, también de toda esperanza. Mi amo me demostró que lo único importante en todo esto es vivirlo. El pasado, el futuro, carecen de importancia cuando mi amo pronuncia con firmeza las primeras palabras que retumban en la habitación y en mis oídos. "Arrodíllate"
Llevo medias, de medio muslo, negras, tal y como le gustan a mi amo. El prefiere que no me quite las medias durante las sesiones, le gusta romperlas, coger trozo de ellas y metérmelas en la boca impidiéndome hablar, gritar o gemir. También llevo una especie de leotardo corte francés de cuero, con un cinturón estrecho, este traje esta anudado a mi cuello y tiene un gran escote por el que mi amo desliza su mano y pellizca mis pezones hasta hacerme llorar. Siempre quiere que le reciba así, vestida de esta manera me arrodillo y meto su miembro en mi boca. Siempre ha sucedido así, en este orden. En esos momentos no pienso en nada, solo en hacerlo, en hacer cuanto se me ordene lo mejor que sepa. En el comienzo no siento excitación, solo miedo y responsabilidad. He aprendido que no debo negarme eso. La situación lo requiere.
Con su pene en mi boca intento no pensar. A veces me ordena que chupe y me entregó a esa tarea con toda mi alma, su placer es mi única recompensa. Otra veces no dice nada y permanezco durante mucho rato con su pene dentro de mi boca, sin hacer nada mas, me duele la mandíbula, no me atrevo a mirarle a los ojos, intento no pensar y aguantar. No se porque lo hace, incluso a veces se ha puesto a leer un periódico o mirar el televisor mientras mi boca rodea su enorme verga. Otras veces, al cabo de un rato me ordena que empiece a chuparle o quizás retira su pene de mi boca, me acaricia el pelo como buena perra que he sido y me ordena que me estire en la cama. Siempre comienza atándome a ella. He aprendido que lo hace para que mi indefinición me fragilice, para que solo pueda confiar en el. Es una prueba de confianza, como cuando, atada a la cama, el desaparece y yo comienzo a deliberar si volverá o no. Siempre vuelve, siempre dudo que vuelva. Por eso es único. Porque aunque 100 veces suceda la misma cosa nunca tengo la seguridad que suceda 101 veces.
La ultima vez que tuvimos una sesión me sodomizó a conciencia, a mi no me gusta eso, no le encuentro el mas mínimo placer, tampoco dolor, solo una molestia de la que no puedo extraer ninguna sensación placentera. Cada vez me penetraba más fuerte, mas hondo mientras me repetía "¿te duele? Solo tienes que decir que pare… y pararé". Yo apretaba los dientes y negaba con la cabeza, quería llorar pero no tenía lágrimas, era molesto, incluso su placer me resultaba molesto en esos momentos. Pero no le dije que parase, a pesar de sentir que me estaba abriendo en dos. Al final sacó su pene de mi culo, me acarició el pelo y me dio un beso en la cabeza. "Muy bien mi querida sumisa, estoy orgulloso de ti". Yo también estaba orgullosa, muy orgullosa, precisamente porque acababa de dame cuenta que era el orgullo lo que me había impedido pedir auxilio. Ambos estábamos orgullosos. A mi me dolía el culo. "¿Qué quieres?" me preguntó mi amo. "Azotame" contesté sin pensarlo.
Los azotes caían por todas partes de mi cuerpo, las puntas del látigo, con pequeños nudos en su extremo, estremecían todo mi cuerpo, sobretodo cuando caían en parte sensibles, me retorcía de dolor, de placer, de orgullo.
Quien no se haya sentido nunca así, nunca sabrá lo que significa ser sumisa. Nunca sabrán que la sumisión es imposible de definir. Quien no sea sumisa, no puede entender que el orgullo te permita soportar el dolor, que el dolor te lleve al placer o que el placer te haga llorar de pura rabia. Todos son sentimientos contradictorios y pertenecen a esa raza de reacciones químicas que suceden en nuestro cerebro y que nunca conseguiremos comprender. Nos gusta sufrir pero no queremos sufrir. A mi amo no le gusta que yo sufra pero me hace sufrir. ¿Dónde está la solución? A veces pienso en ello mientras mi amo me coje salvajemente con violencia, escupiéndome, golpeándome, insultándome mientras yo permanezco atada a la cama. Sintiéndome violada. Usada. Sintiéndome totalmente liberada. ¿Dónde esta la solución? No se, quizás la solución este en no pensar en la solución.
Amo, mi amo. Haz cuanto quieras conmigo porque todo cuanto quieras hacerme será todo cuanto deseo que me hagas. No voy a pensar en más. Solo contar los días que quedan hasta que vuelva a arrodillarme ante ti. Porque se que ese día, siendo tu esclava, volveré a sentirme auténticamente libre.
angelica

sábado 8 de agosto de 2009

UN INFIERNO ANGELICAL


Hola mi nombre es Angélica soy de monterrey muy atractiva a la vista de cualquier hombre y de algunas mujeres compañeras de trabajo de gustos lésbicos me gusta enseñar mi cuerpo mis curvas mis nalgas duras y redondas usar vestidos ceñidos y cortos y los jeans o pantalones de vestir súper ajustados me gusta la lencería exclusiva y muy atrevida siempre trato de utilizar tacones altisimos para estilizar mi figura como toque final me gusta oír piropos atrevidos subidos de tono sin que sean tonterías o vulgaridades y ver como los hombres voltean a verme
Por razones muy obvias mantengo mi anonimato ,discreción ,inseguridad que se vive actualmente y por los curiosos evito divulgar información personal por temor a tener entre mis lectores entre mis a conocidos o de mi circulo social es mejor que piensen que soy yo sin que me lo hagan saber sin que estén segura de si soy yo o no
Aun y que he tenido muchas experiencias sexuales extremas de dominación bondage bdsm humillación etc por placer o por dinero con mi pareja y con desconocidos con su conocimiento de mi pareja y sin el mucho de lo que narro lo he vivido tal vez no al pie de la letra del relato pero si muy,muy parecido

El siguiente relato no es real en mi persona pero es algo que me gustaría experimentar o vivir es una fantasía sexual me gusta que me lleven al limite del placer aun que esto implique dolor humillación y quizá llanto sin que salga lastimada físicamente no estoy hablando de salvajismos ni nada que se le relacione si han leído mis relatos se darán cuenta que me atrae el ser dominada atada usada forzada humillada abusada sexualmente es algo que no puedo negar mi atracción al masoquismo y la dominación aunque actualmente soy casada y llevo una vida estable y feliz no es que no este satisfecha sexualmente si no que soy mas fogosa de lo que la relación sexual marital me da
He dado servicios de esclava sexual no tanto por el dinero que son fuertes cantidades eso ha sido un resultado de los servicios extremos que ofrezco y el compromiso de discreción de anonimato por la practica sexual, aunque no siempre hay penetración carnal si no en ocaciones solo con juguetes sexuales que mis verdugos gozan por tan solo por el placer de ver como me revuelco y contoneo con un orgasmo inducido tras otro sin ser yo quien controla mis orgasmos si no mis captores
Cuanto pagarían muchos hombres por tenerme desnuda atada e indefensa y dispuesta a que jueguen con mi cuerpo con cera pinzas fuetes consoladores y sacarme cualquier cantidad de orgasmos sin que se me haga daño fisco estando sometida que objeción podría tener a ser penetrada por cualquier lugar sin limites de tamaños ni tiempos ni cantidades eso es lo que me han pagado en un muy estricto anonimato y la verdad lo he gozado mas por lo sexual que por lo económico aunque lo segundo es un muy buen filtro de que las personas con las que he tratado son económicamente muy solventes para pagar cualquier gusto mío, finas educadas ,conocedoras del bdsm , con necesidad de discreción al igual que yo y la garantía de no sufrir daño físico alguno fuera de lo pactado
Me gustaría recibir sus correos con sus impresiones propuestas fantasías sexuales como les gustaría tenerme en que situación como me seducirían o sorprenderían o engañarían para que despierte sometida puede y que cuando mínimo que si alguna idea me gusta quizá lo escriba y suba un video y fotos de la misma fantasía
Y por que no si alguien da el perfil de mis gustos llevarlo a la realidad
Si en verdad me gusta la fantasía sexual ya sea de un hombre una mujer o un grupo indistinto de sexo o cantidad angiekitana@gmail.com, esclavadeldeseo@live.com.mx
Angélica


Desperté desnuda en una habitación blanca. La luz fluorescente del techome molestaba. Me incorporé tapándome los ojos con las manos y me senté en lacama. En una esquina había un pequeño baño completo, enfrente una puerta con unamirilla y sin picaporte. Mareada, me acerqué a ella. Por mucho que empujé nopude abrirla, estaba encerrada. Volví a sentarme y traté de recordar qué habíapasado. Salía de casa para ir a visitar a una amiga, tomé un taxi y le di ladirección. A un par de manzanas paró frente a un semáforo. Dos hombres abrieronlas puertas y entraron en el coche. Me sujetaron los brazos y me amordazaron conun trapo. Traté de gritar y ellos me inyectaron algo en el brazo. Debía ser unnarcótico porque no recuerdo nada más.De pronto, la puerta se abrió. Instintivamente me cubrí el cuerpo conlas sábanas. Entraron dos mujeres, una era joven, delgada, morena y con el pelolargo recogido, iba vestida como una enfermera y llevaba en lasmanos una tabla con unas hojas sujetas por una pinza metálica. La otra eramayor, muy grande, más de un metro ochenta, musculosa, con el pelo muy corto yunos brazos impresionantes, llevaba una bandeja de desayuno en las manos.- Buenos días ¿Ya has despertado?- Dijo la mujer del pelo recogido .- ¿Dónde estoy?- Pregunté asustada, viendo cómo dejaban el desayuno en unapequeña mesa junto a la cama.- Te llamas ANGELICA ¿no?- Sí. Pero ¿Qué es esto? ¿Dónde me han traído?- Bien Angie, te voy a explicar las reglas. Básicamente sólo hay dos, haz lo quete digamos, no protestes y nos llevaremos bien.- ¡Quiero irme ahora mismo!- Grité desesperada.- ¡Esto es un secuestro!- Sí, técnicamente es un secuestro.- ¿Por qué? Yo no tengo dinero.- El dinero no nos importa.- ¿entonces que es lo que quieren………….no entiendo?- Que hagas lo que te pedimos, nada más. Si te portas bien puede que te dejemoslibre. Para empezar cómete todo el desayuno.La enfermera salió de la habitación dejándome con la otra mujer, que secolocó frente a mí con los brazos cruzados.- Come- Dijo.- ¿Qué es esto?- La bandeja tenía un gran vaso de jugo de naranja y una fuentede piezas de fruta verde que no conocía.- No te importa, sólo come.Su voz sonó amenazante y sus ojos se entornaron en una mirada violenta.Tenía el estómago vacío y no quería enfadar a una mujer que podría superar los80 Kg. de peso. Los trozos de fruta pelada tenían la textura del kiwi y erandulces y jugosos. Los fui comiendo poco a poco, entre sorbos de jugo de naranja. La raciónera bastante grande y me sacié enseguida.- Acábatelo.- Dijo la mujer cuando me vio dejar la bandeja. Hice un esfuerzo yterminé el desayuno. Como si hubiera estado esperando fuera, la otra mujer entró en la habitación de inmediato llevando una jeringuilla hipodérmica en la mano.- ¿Para qué es eso?- Pregunté cuando se acercó.- Son vitaminas y suplementos dietéticos. Los usaremos para complementar lascomidas.- No las necesito.- Repliqué pegándome a la pared.La enfermera miró a la otra mujer y esta se adelantó hasta mí. Me agarrópor los hombros con una fuerza sobrehumana, obligándome a sentarme en el bordede la cama. Aunque traté de resistirme no tuve oportunidad, la potencia de esamujer no tenía nada que envidiar a la de cualquier levantador de pesas. Meclavaron la aguja en el brazo, inyectando el líquido en el músculo. Protesté porel piquete.- No ha sido para tanto.- Me dijo la enfermera.- Ahora acompáñame.Me dieron una bata semitransparente de seda blanco y unas zapatillas de tacón exageradamente alto . La mujer de la coletaabrió la puerta con una llave y salió de la habitación. La seguí hasta un largopasillo, acompañada de la gran celadora, como si fuese un guardaespaldas. Dudéen intentar abrir alguna de las puertas para escapar pero decidí esperar hastaestar segura de lograrlo. Me llevaron a un despacho donde esperaba otra mujer,rubia, alta y delgada.- Doctora, esta es Angie.- Me presentó la enfermera.- Bien, siéntate.- Me dijo la mujer rubia mientras ojeaba unos papeles.- ¿Puede explicarme qué está pasando?- La pregunté mientras me acomodaba en unasilla frente a la mesa. No obtuve respuesta. Durante un largo minuto continuóobservando gráficas y radiografías.- Toma la presion.- Dijo. Mientras la enfermera me colocaba el aparato levantó la vista y me miró a los ojos.- Tienes una salud de hierro.- Continuó.-Tu informe médico es excelente.- ¿Qué informe?- El del chequeo que hiciste la semana pasada.- ¿Cómo lo han conseguido?- Pregunté asombrada. Justamente ayer había acudido ala consulta de mi médico para que me diese los resultados.- Tenemos buenos contactos.- Respondió sonriendo.- Es fundamental que esté enbuena forma.Me quedé boquiabierta, sin saber qué decir. Tenía esperanzas de que todofuese una equivocación, que me hubiesen confundido con otra Angélica. No habíarazón alguna para que me secuestraran, mi familia no era rica, mi trabajo no eraimportante y no tenía enemigos, pero el informe hablaba claro. Si se habíanmolestado en robarlo es que me buscaban a mí.- Tiene la presión un poco alta.- Dijo la enfermera.- Incluso para estarnerviosa.- Bien.- Comentó el médico.- Eso es una ventaja. Querida Angie,- Continuó,dirigiéndose a mí.- sé que esta situación es extraña. No tienes de quépreocuparte, no vamos a hacerte daño. Sólo necesitamos un poco de colaboracióndurante algún tiempo.- ¿Qué tipo de colaboración?- Pregunté asustada.- Nada importante. Vamos a someterte a una serie de tratamientos físicos paraver cómo reaccionas. No podemos pedir voluntarios y tenemos que reclutar a lossujetos del experimento.- ¿Es peligroso?- No. Por eso tengo tu expediente médico, para asegurarme que podrás resistirlo.- ¿En qué consiste?- No te preocupes, la enfermera se encargará de todo. Ve con ella.- Pero...- Vamos.La enfermera me agarró del codo y me levantó de la silla. Salimos deldespacho, de vuelta al pasillo, seguidas por nuestro guardaespaldas. Aturdida,dejé que me llevasen hasta otra habitación. En el fondo de la sala había un grancajón de madera abierto, con un taburete dentro.- Quítate la bata y las zapatillas.Me desnudaron y me sentaron en él. En el interior, a la altura de micintura, sobresalía una correa de cuero a cada lado. Me ataron las muñecas a loslados con fuerza. La celadora se agachó para levantarme los pies hasta una barrade madera que iba de un lado a otro del cajón. Me ató los tobillos con otrascintas de cuero dejándolos apoyados a 15 cm del suelo. Al lado, sobre una mesaalta, había una gran cantidad de aparatos y cables. La enfermera recogió unancho brazalete de goma unido a un tubo y me lo ajustó en el brazo, a la alturadel bíceps, apretándolo fuerte. Era muy parecido al aparato con el que me tomóla presion en el despacho del médico. Continuó colocándome unos parchesautoadhesivos sobre el pecho que conectó a unos cables. Me estaba preparandopara un electrocardiograma, igual al que me sometieron la semana pasada en elchequeo.- ¿Vas a hacerme un electrocardiograma?- Pregunté.- Voy a monitorizar la sesión. Controlaré tu presion y tu corazón.- Juntó loscables con el tubo, rodeándolo todo con una goma gruesa que encajó en la esquinatrasera del cajón.- ¿Para qué?- Preguntas demasiado.La enfermera cogió de la mesa un collarín de gomaespuma, como los que teponen después de un accidente de auto cuando te lastimas el cuello.
Me lo ajustó bajo la barbilla, pero no a los hombros, aún podía mover un poco la cabeza. Con ayuda de la celadora,cerraron las puertas delanteras del cajón. De la pared cogieron una tablarectangular con un agujero en el centro. La parte superior de la caja estabarodeada por una goma negra, sobre la que encajaba la tabla. Me colocaron elcuello sobre el hueco, ajustando un lado del collarín. Sacaron otra tabla igualcon la que cerraron el otro lado de la caja. Fueron encajando ambas tablasusando unos cierres metálicos, sellando la caja conmigo dentro. El collarín,ajustado en torno a las tablas, me impedía mover la cabeza. La enfermeramanipuló unos mandos en el lateral y el cajón empezó a emitir un ruido bajo yvibrante. Se acercó a los aparatos de la mesa y los conectó uno a uno. La gomaque me rodeaba el brazo se hinchó, preparada para tomarme la tensión. Elelectrocardiógrafo mostraba gráficas sobre una pantalla plana. Mientras meapretaba el brazo, notaba un extraño calor a mis pies.
----------------- ¿Qué vas a hacerme?- Relájate.- Dijo la enfermera mirando atentamente los monitores.- En unosminutos notarás el vapor.- Eso era lo que entraba en el cajón. Estaba encerradaen un baño de vapor.- Perfecto.- Continuó.- Tienes un ritmo cardiaco y unapresión ideal. Volveré en un rato.Las dos mujeres salieron de la habitación, dejándome allí atada de piesy manos. No entendía lo que estaba ocurriendo. ¿Qué tipo de experimento eraeste? ¿Por qué me habían encerrado en un baño de vapor? Empezaba a notar elcalor subiendo por mis piernas. El cajón zumbaba insistentemente lanzandochorros de vapor caliente al interior. Traté de moverme y de desatarme, pero erainútil. El aparato era muy potente y la nube caliente ya me rodeaba los hombros.Acepté la situación y me dejé llevar.Periódicamente, el brazalete se hinchaba y me tomaba la tensión. Era laúnica forma que tenía de contar el paso del tiempo. El calor era muy fuerte yempezaba a agobiarme. Ni una voluta escapaba del cajón, concentrándolo todosobre mi cuerpo. El sudor comenzó a salir de mis poros, mojándome la piel. Lasligaduras me impedían mover los brazos o las piernas y el collarín me manteníarígida sobre el taburete. El zumbido continuaba sin interrupción bajo mis pies,inyectando vapor caliente y aumentando la temperatura de la cabina. Tenía lacara totalmente empapada de sudor y notaba la respiración acelerarse por momentos. Siempre habíaquerido tomar un baño de vapor, pero nunca había pensado que fuese tan agotador.La puerta de la habitación se abrió para dejar entrar a la enfermera de lacoleta.- Veamos.- Dijo acercándose a la mesa.- El corazón late fuerte y regular y latensión es correcta. ¿Qué tal se encuentra?- Tengo un poco de calor.- Respondí viendo como anotaba algo en una tablilla.- De eso se trata.- ¿Para qué me han encerrado aquí?- Para conocer cómo se comporta tu organismo frente al calor.- ¿Por qué?- Haces demasiadas preguntas.- Me recriminó y salió de la habitación.La temperatura del interior no había dejado de crecer. Tenía el pelohúmedo y notaba el sudor resbalando incómodamente por toda mi piel. No me habíandicho cuánto tiempo me tendrían encerrada ni cuándo dejaría de entrar vapor enla maldita caja. Las plantas de los pies y las pantorrillas estabanachicharradas, demasiado cerca de los chorros. Era muy incómodo, no podíamoverme ni secarme el sudor. Respiraba con cortos jadeos, tragando el aire abocanadas. De pronto, el ruido desapareció. La cabina había alcanzado el nivelprogramado. Respiré ligeramente aliviada. El tensiómetro seguía apretándome elbrazo ocasionalmente, el regulador del baño de vapor dejaba escapar pequeñasnubes de vapor, manteniendo la temperatura interior. Yo estaba empezando adesesperarme, llevaba demasiado tiempo sola y necesitaba aire fresco cuantoantes. El ambiente era agobiante, si no salía de allí iba a tener un ataque.- Por fin.- Dije al ver entrar a la enfermera. Se acercó a los aparatos yobservó las mediciones.- Bien.- Comentó, anotando algo en la tablilla.- Veo que estas aguantando.- ¿Vas a sacarme?- No. Voy a subir la temperatura.- Manipuló unos mandos y el ruido comenzó denuevo.- ¡No, por favor!- Protesté al sentir los chorros de vapor surgiendo del suelo.-Voy a desmayarme.- No te preocupes, para eso te hemos conectado todos estos aparatos. Bebe unpoco de agua.Acercó una botella a mis labios y bebí toda el agua que pude. Aunque mealiviaba por dentro, mi piel comenzaba a arder víctima del aumento detemperatura.- Sácame. Por favor.- Supliqué.- No te quejes, si te pones nerviosa lo pasarás peor.- Es que no puedo más.- Aguantarás.- Es que es la primera vez que estoy en un baño de vapor.- No importa. Es muy sencillo, el vapor entra, el calor sube y tú sudas.-Respondió sonriendo.- Es demasiado.- Protesté. Tenía los muslos enrojecidos y mis pechos hervíancomo en una olla al fuego. La enfermera revisaba las mediciones y anotaba datosmientras yo me cocía sin remedio.- Ya basta.- Insistí. Ella me ignoró. El calor continuó aumentando. El corazónse me salía del pecho. Intentaba desatarme con todas mis fuerzas. Jadeaba ygemía tratando de llamar la atención de la enfermera. Sólo conseguía algunamirada profesional, sin compasión. Anotaba las constantes que marcaban losaparatos y la temperatura interior. Mi piel brillaba con el sudor chorreandohasta el suelo. Mis músculos se agotaban por momentos, el intenso calor meestaba derritiendo hasta los huesos. Traté de no pensar, de olvidarme de aquelinfierno. Cerré los ojos pensando en la nieve.- Muy bien.- Comentó la enfermera bastantes minutos después.- Parece que te hasrelajado, ésa es la actitud.- ¿Puedo salir ya?- Pregunté volviendo a abrir los ojos.- No. Aún queda la última fase.- ¿Qué fase?- La de los límites.- Dijo acercándose a los controles.- El baño está lleno devapor, ahora voy a encender unas resistencias eléctricas del cajón. Aumentaránla temperatura interior.- ¡No! ¿Por qué? Ya hace demasiado calor aquí dentro.- Es para saber cuánto aguantas. Te llevaremos al límite de tu resistencia.- No puedo más. Sácame.- Son los monitores los que marcarán el final, no tú.Notaba el calor de las resistencias justo debajo del taburete y a miespalda. Segundo a segundo subía la temperatura. Yo gemía y protestaba.Suplicaba para que me sacase. No podía resistirlo, me estaban asando viva. Lapiel ardía como si, en lugar de sudor, fuese aceite hirviendo lo que caía por micuerpo. El calor iba envolviéndome de abajo a arriba, castigando mis muslos, mivientre y, finalmente, mis pechos. El corazón latía desbocado, mis pulmones nopodían tomar más aire.- Basta.- Pude decir entre jadeo y jadeo.- Aún no. Las gráficas dicen que puedes aguantar más.Giró los controles de temperatura y el calor aumentó. Grité desesperaday traté de soltarme, quería romper el cajón y huir, olvidar esa pesadillainfernal. Una de mis piernas empezó a temblar descontrolada. Los músculos nopodían aguantar más. Mis pantorrillas, expuestas a las resistencias, se estabanquemando. Los nervios de la piel se habían saturado de calor y empezaban amandar pinchazos de dolor al cerebro. Ella volvió a girar los diales y aumentóla temperatura. Notaba la sangre bombeando por las sienes, presionándome lacabeza a punto de estallar. Miles de hormigas corrían por todo mi cuerpo huyendodel calor. Estaba cocida, asada, tostada, a punto de estallar. Gemí con laspocas fuerzas que me quedaban. Empezaba a marearme y la visión se me estabanublando. El estómago se rebelaba saltando hasta la garganta. El calor erademencial, insoportable.- Suficiente.- Dijo la enfermera. Apagó los aparatos y el cajón de vapor,desenganchó una de las tablas que encerraban mi cabeza y la desencajó. El vaporescapó rápidamente y yo noté aire fresco entrando. Retiró la otra tapa y me dejósola en la habitación. Apenas podía mantenerme erguida en mi asiento. El alivioera relativo, tenía la piel roja, escaldada. La enfermera volvió junto con laceladora. Entre las dos abrieron el cajón y me desataron. Tuvieron que sujetarmepara que no cayera al suelo. Me taparon con la bata y la celadora me llevóen brazos hasta mi habitación. Me dejaron en la cama y me taparon. Estaba tancansada que me quedé dormida al instante.
---------------Aquel debía ser el segundo día de secuestro. Lo sabía por las veces queme habían dado de comer. En la bandeja de la mesa quedaban los restos delsegundo desayuno: jugo y fruta. La maldita fruta verde estaba siempre presentecomo plato principal en todas las comidas, estaba empezando a hartarme de ella.- Buenos días.- Dijo la enfermera entrando en la habitación con la jeringuilla.Desde el primer momento los "complementos alimenticios" habían sido postre encada comida.- No te has terminado el desayuno.- Me dijo.- Es que tanta fruta me cansa.- respondí.- Es muy importante que acabes todo. Voy a ponerte la inyección y luego teterminarás eso. Si no te lo acabas lo exprimiré y te lo haré tomar por un tubo.Parecía hablar en serio. Cuando terminó de inyectarme salió, cerrando lapuerta. Miré el plato con la fruta y decidí obedecer, eran capaces de cumplirsus amenazas. Algún tiempo después, volvió a entrar con la celadora.- Vamos.- me dijo.- Tenemos cosas que hacer.- ¿Dónde me llevas ?- Preguntas demasiado.Salimos al pasillo, en dirección a la habitación donde estaba el baño devapor. Abrieron una puerta y me invitaron a pasar. Dentro había una sauna demadera con un gran cristal en la puerta.- No voy a entrar ahí.- Dije asustada. Pretendían hacerme pasar por otroinfierno como el de ayer y yo no estaba dispuesta.- No te preocupes, nosotras te ayudaremos.La celadora cerró desde atrás sus manos sobre mis brazos, empujándomehacia la sauna. Traté de rebelarme, pero era demasiado fuerte. Intenté darle unapatada y ella la esquivó, me agarró del pelo y de la muñeca, retorciéndome elbrazo a la espalda.- No deberías resistirte.- Comentó la enfermera al oírme gritar de dolor.- Esmuy fuerte y sabe cómo hacer daño sin llegar a lesionar.Abrió la puerta de la sauna y entramos las tres. La celadora soltó mipelo y me levantó hasta uno de los dos bancos que sobresalían de la pared.Apenas tuve tiempo de acostumbrarme, la madera estaba muy caliente y latemperatura ambiente era elevada. Sin darme tiempo a protestar me tumbaron en elbanco. Me sujetaron las muñecas con correas que ataron a unos ganchos de lapared. Luego repitieron la operación con mis tobillos en la otra pared,dejándome echada sobre la madera caliente.- Toma, descansa la cabeza.- Dijo la enfermera colocando bajo mi nuca unapequeña toalla doblada.Las dos mujeres salieron de la sauna y me dejaron dentro, intentandolibrarme de las correas. El calor de las maderas me quemaba las nalgas y laespalda. Yo pretendía aliviarme moviéndome todo lo posible, pero era inútil.Después de intentarlo un rato, abandoné agotada. La temperatura del aire era muyelevada y me azotaba la piel. Debajo del banco donde estaba tumbada, había otromás ancho a modo de escalón. Junto a mi cabeza y pegado a la pared, estaba elcalefactor con las resistencias al rojo vivo asomando desde debajo de laspiedras. Por la ventana de la puerta no podía ver más que una esquina de lahabitación. No había relojes ni termómetros. No podía saber cuánto levaba allíni la temperatura a la que estaba, aunque mi cuerpo me decía que era alta, muyalta. No pasó demasiado tiempo antes de que rompiese a sudar. Las gotas brotaronpor la piel de mis pechos y de mi cara, al principio como pequeños puntoshúmedos, luego mojando todo mi cuerpo. La enfermera volvió a entrar en lahabitación. Se acercó a la sauna y entró, cerrando la puerta. Entre las manostraía unos cotonetes de algodón y unos frascos pequeños. Se acercó y empezó arecoger sudor con los bastones y a guardarlos.- ¿Qué haces?.- Dije revolviéndome.- No te muevas. Estoy tomando muestras de sudor.- ¿Para qué?No se molestó en responderme. Salió de la habitación y regresó un minuto despuéscon un vaso de líquido verde.- ¿Qué es eso?- Pregunté cuando entró en la sauna.- jugo de frutas. Bebe.- Respondió acercándome el vaso a la boca.- No.- Es por tu bien, no queremos que de deshidrates.- Entonces tráeme agua.- No, es mejor el jugo de frutas.- Prefiero agua.- No me obligues a llamar a la celadora. Podemos hacértelo tragar a la fuerza.La miré a los ojos y supe que lo haría. Bebí el jugo dulce y espesohasta apurar el vaso. Ella me limpió los labios y se fue. Nuevamente estabaatada y sola, con el calefactor como única compañía. La madera no quemaba tanto,había empezado a mojarse por el sudor. Las continuas entradas y salidas nohabían refrescado el ambiente, la estufa seguía mandando olas y olas de calor.No llegaba a comprender lo que estaba pasando. Me habían secuestrado y habíanrobado mi historial médico. Estaba en buena forma y nunca había tenido ningunaenfermedad más grave que una gripe. Quizás esa fuese la razón, querían unconejillo de indias joven, sano y en forma. Pero ¿Para qué? ¿Qué sentido teníahacerme pasar calor hasta el agotamiento? Ayer había estado a punto de perder elconocimiento, ya sabían hasta dónde llegaba mi cuerpo. ¿Por qué repetir hoy laexperiencia? Nada tenía sentido y yo no podía pensar con claridad mientras measaba.El sudor ya corría a chorros por todo mi cuerpo y yo empezaba a cansarmede estar encerrada. La enfermera volvió con los cotonetes a recoger mássudor. No me dirigió ni una palabra y mis intentos de convencerla para que meliberase fueron inútiles. Al salir de la sauna me miró a través del cristal,esbozó una sonrisa y llevó la mano a la derecha de la puerta. Cuando abandonó lahabitación me di cuenta de lo que había hecho, subir la temperatura. Gemídesesperada, comprobando cómo las resistencias se ponían de un rojo aún más vivoy caldeaban más el ambiente. Minutos después, mi piel comprobaba la nuevarealidad. Ardía y sudaba sin parar. El calor no dejaba un segundo de alivio a micuerpo maltratado. Pensé gritar, pero sabía que era inútil. Igual que tratar dedesatarme, esas mujeres sabían qué estaban haciendo. Quizás no fuese la primerade sus víctimas.El tiempo siguió pasando poco a poco. El aire estaba cada vez más seco.Me costaba respirar con normalidad y tenía la garganta reseca. Cuando laenfermera volvió con un vaso y los cotonetes estaba al límite de mis fuerzas.- ¿Vas a sacarme ya?- Pregunté desesperada.- No.- Respondió dejando el vaso en el otro banco y recogiendo muestras desudor.- No puedo más. ¿Cuánto tiempo llevo encerrada?- No lo suficiente.- ¡Me voy a desmayar!- No lo creo. La médico ha establecido la duración de la sesión en función detus resultados de ayer. Aguantarás perfectamente. Ahora bebe.- Me acercó el vasode jugo y yo lo apuré dejando que la fruta fresca bajara hasta mi estómago.- ¿Por qué me hacen esto?.- Pregunté.- Preguntas demasiado.- ¡Tengo derecho!- Grité.- ¡Quiero saber por qué me han secuestrado!- No necesitas saber más de lo que ya sabes.- ¡Quiero saber más!- Escucha, esto puede hacerse de dos formas, la fácil y la difícil. No voy asacarte de la sauna hasta que haya pasado el tiempo que ordena el médico, perovoy a enseñarte cómo podría ser si no te comportas.
La enfermera recogió los botes y salió a la habitación.- Voy a subir la temperatura.- Dijo manipulando los controles.- Y, además, vamosa añadir algo más.De la pared de la sauna, justo encima del calefactor, salió un chorro deagua pulverizada. Cuando entró en contacto con las piedras calientes se formóuna nube de vapor que ascendió hasta mí. Grité al sentirla. El vapor me abrasabala piel, me quemaba el cuerpo. Me agité en el banco y supliqué que parase.- Es un golpe de calor.- Me explicó desde fuera.- Se repetirá periódicamentehasta que yo lo desconecte. Aprovecha el tiempo para reflexionar.Pulsó otra vez el mando y una nueva ola de vapor se añadió a laanterior. Parecía que me estaban sumergiendo en una olla de agua hirviendo.Nunca había sentido algo parecido. El aire me quemaba los pulmones, mis pechosnunca habían estado tan rojos. Millones de agujas calientes penetraban por todoslos poros para torturarme. Apreté los dientes y aguanté. La sensación tardó endesaparecer unos minutos, siendo sustituida por el penetrante calor de la sauna.Estaba peor que antes, achicharrada y agobiada por lo que me había dicho. Si eracierto, el golpe de calor se repetiría. No tardé demasiado en comprobarlo. Otrochorro de agua cayó en las piedras para comenzar el ciclo. Agua, vapor, calor yagujas hirvientes. Y yo, atada, sólo podía gemir y retorcerme. Era insoportable,inhumano. La temperatura había subido y no me dejaba recuperarme de las nubes devapor. Después de repetir el ciclo cuatro o cinco veces, las lágrimas se habíanunido al sudor que corría por mi cara.- Bien.- Dijo la enfermera volviendo a entrar en la habitación.- ¿Has aprendidola lección?- Sí.- Respondí entre jadeos.- ¿Seguro?- Sí, por favor.Manipuló los controles y entró en la sauna para tomar más muestras desudor.- El resto de la sesión será normal.- Comentó mientras guardaba loscotonetes.Estuve a punto de gritar. ¿El resto de la sesión? ¿No había acabado todoaquello? Evidentemente no, porque la mujer volvió a salir abandonándome en aquelinfierno.Debía llevar horas allí metida. El horno en el que se había convertidola sauna me abrasaba sin piedad. Parecía un cangrejo cocido, con la piel roja ybrillante. Estaba mareada, suplicando en voz baja que acabase aquel tormento.Los brazos, cansados, empezaban a tener calambres. El sudor me había entrado enlos ojos y me escocían. La toalla bajo mi nuca estaba completamente empapada. Elcalor era insoportable, agobiante, casi doloroso. Continuamente desviaba lamirada hacia la puerta, esperando ver llegar a alguien que me sacase delinfierno. No podía aguantar más, estaba al borde de un colapso. No queríagritar, la temperatura era suficientemente alta como para arriesgarme a quevolviesen a conectar el golpe de vapor. Resistí entre gemidos hasta que entraronla enfermera y la celadora con la bata en la mano.- Acabó.- Dijo la enfermera apagando la sauna y abriendo la puerta.El golpe de aire fresco me alivió un poco. La celadora entró paradesatarme y colocarme el albornoz. Dejaron que me recuperase durante unosinstantes y me ayudaron a salir de la habitación. Esta vez pude llegar hasta micuarto andando. Me tendí en la cama y esperé a que mi cuerpo volviese a latemperatura normal.Media hora después de dejarme tumbada, una mujer entró en la habitacióncon la bandeja de la comida. Era pequeña, rubia y con el pelo corto, vestida conuna bata blanca. Su cara me sonaba. Dejó la bandeja y recordé dónde la habíavisto.- ¡Tú eres la recepcionista de la clínica!- Exclamé incorporándome. Era la mujerque atendía el teléfono del médico que me hizo la revisión la semana anterior.-¡Tú les diste mi historial!- Lo siento. No tenía otro remedio.- Respondió a media voz.- No lo sientas, eres cómplice de secuestro.- De verdad, ellos me obligaron. Yo…Mientras trataba de justificarse, vi la puerta abierta y la oportunidadde escapar. La empujé con fuerza contra la pared y salí de la celda. Cerré ybusqué una salida. El pasillo era largo y estaba lleno de puertas a los lados yen uno de los extremos. Corrí hacia el fondo, esperando que estuviese abierta.El picaporte giró y respiré aliviada. Cerré justo a tiempo de oír cómo la mujersalía de la celda para buscarme. Al otro lado había una escalera circular quellegaba hasta una terraza. Salí a otro pasillo bien iluminado. En una de lasparedes había un gran logotipo dentro de un cuadro: ‘L’or quemicals’. Loreconocí al instante, estaba dentro del laboratorio de unos fabricantes decosméticos. Era el conejillo de indias de un nuevo producto de belleza.Seguramente no tendrían autorización para probarlo en personas y estabansecuestrando mujeres para los ensayos. A mi espalda oí como alguien subíaprecipitadamente las escaleras. Corrí por el pasillo, buscando la libertad, peroalguien había doblado la esquina cerrándome el paso. La mujer de 1.80, lamusculosa celadora, se abalanzaba sobre mí para inmovilizarme. No hubo lucha, enunos segundos me había cogido del cuello y retorcido el brazo por la espalda.Por la puerta del almacén apareció la enfermera acompañada de la mujer rubia queme había traído la comida.- Llévala abajo. Si se resiste le pondremos un calmante.- Dijo mirando a laceladora y sacó una jeringuilla del bolsillo.La prensa del cuello apenas me dejaba respirar. Me metieron en el almacéna la fuerza y me obligaron a bajar las escaleras. Dejé de resistirme, no teníasentido pelear contra las tres mujeres. La médico nos estaba esperando frente ala celda.- ¿Cómo ha ocurrido?- Preguntó.- Ha sido culpa mía.- Respondió asustada la mujer rubia.- Me empujó y se escapó.- ¿No cerraste la puerta al entrar?- Se me olvidó. Muy bien por tu culpa después hablaremos de lo que te toca - Esto no va a quedar así. angie Mereces un castigo.- El miedo se apodero de mi.- Toda tuya,- Dijo mirando a la enfermera.- que aprenda lalección.- Bien.- me Cogió del brazo y se dirigió a laceladora.- Dale de comer, dentro de una hora la quiero ver en la sala decastigo.Me empujaron dentro de la celda. Allí seguía la bandeja de la comida conla fuente de fruta verde. La celadora cerró la puerta y se quedó para asegurarsede que comía todo.
--------------------------------Una hora después me sacó de la celda y me llevó a otra habitación. En elcentro de la habitación me desnudaron ne colgaron al techo por lasmuñecas, con los brazos y las piernas abiertos, en forma de aspa, y separadospor barras metálicas. Entró la enfermeraenvuelta en una bata blanca y con el pelo recogido sobre la cabeza.- Gracias, ya me encargo yo.- La celadora salió y cerró la puerta.- Angie, esta mañana te portaste muy y las vas a pagar.La mujer parecía disfrutar con la situación. Al verme Colgada del techo, . La enfermera desapareció tras unapuerta al fondo del cuarto para volver con un secador de pelo. Era uno de esosmodelos de pie con ruedas y cuatro grandes circunferencias formando una cúpula.- Este es un secador de infrarrojos.- Explicó llevándolo hacia el centro.- Cadauno de estos platos es una potente lámpara. Se coloca uno detrás, para secar lanuca, otro encima y dos a los lados. Así se crea una especie de cúpula de caloralrededor de la cabeza. La ventaja es que se pueden mover para colocarlos enotras posiciones.Mientras hablaba colocó el secador en la espalda de angelica apuntandolos platos a su nuca, omoplatos y los lados de la espalda. Luego salió al cuartocontiguo para traer un nuevo secador que colocó al revés, apuntando a susnalgas, la parte baja de la espalda y un poco por encima de las caderas. Yoestaba empezando a asustarme. La enfermera continuó su trabajo colocando otropar de aparatos iguales, esta vez en el frente. Las lámparas de uno apuntaban ala cara y los pechos, de frente y a ambos lados. Las del otro al vientre, loslaterales del abdomen y el último frente a su vagina, a escasos centímetros. Losenchufó a la pared y los conectó uno a uno.- ¡Perdóname, por favor!.- Gritó angelica al sentir el calor sobre sus nalgas.- Ahora no vale de nada. Deberías haber tenido la decencia de no huir.Los secadores irradiaban una luz amarillenta, iluminando el cuerpocolgado. angelica protestaba continuamente y se agitaba con cada nuevo secadorencendido. En unos segundos se encontró rodeada por los cuatro aparatosabrasando la piel.- Tengo cosas que hacer. Vuelvo en un rato.Salió de la habitación dejándome sola. Mientras luchaba inútilmente contra las ataduras.- ¡Ayúdenme grite……………- ¡Dios! No puedo aguantar, me estoy quemando.Intentaba escapar sin éxito o, por lo menos, alejar la entrepierna delúltimo secador. Mi sexo y la piel circundante empezaban a enrojecer. Nunca imagine lo terrible que era tener tan cerca de una zona delicada un aparatode esos. mis pechos también enrojecieron rápidamente no parabade gemir.- ¿Por qué hacen esto?- Pregunté. inútilmente desesperada. Grite - No puedo más, me quemo.Entre el sudor que resbalaba por mi cara, surgió una mueca desufrimiento. Notaba el calor de los secadores. Eran más potentesde lo que pensab estaba pasando por un infierno.terrenal Todo mi cuerpo,excepto los brazos y las piernas, brillaba por el sudor. La piel, enrojecida,reflejaba parte de la luz amarillenta de los secadores. Miraba al techoapretando las mandíbulas y gimiendo como un animalillo acorralado.
El castigo que me impusieron fue demasiado cruel, las lámparas de lossecadores estaban a pocos centímetros de mi epidermis y no la daban un segundode descanso. Pasó bastante tiempo antes de que la enfermera entrase en lahabitación.- Basta, no lo haré más.- Suplicó angelica al verla.- Silencio. Yo decidiré cuándo es suficiente.- Replicó. Se acercó al cuarto ysacó una gran caja cilíndrica, montada sobre ruedas y de la que salía unamanguera acabada en una pistola. La enchufó a la pared y desconectó lossecadores, alejándolos del cuerpo colgado.- Bien.- Continuó.- Esto es un aparatode limpieza muy común, un generador de vapor. Aunque tiene otras aplicacionesmás divertidas.Pulsó un botón de la pistola y de ella salió siseando un fuerte chorrode vapor. angelica abrió los ojos asustada viendo cómo se acercaba a ella. Gritóal sentir el vapor caliente sobre el vientre. La enfermera mantenía alejada delcuerpo la punta del aparato, de forma que impactase sólo el final del surtidor.Lo movía suavemente, como si estuviese pintando un lienzo, por su vientre, lossenos, el cuello, la espalda, las nalgas, bajando por detrás de las piernas ysubiendo por sus muslos hasta la vagina. Angie trataba de apartarse, sinéxito. La estaban cocinando al vapor poco a poco. Después de haber recorrido unavez toda su piel, la enfermera giró una rueda, aumentando el caudal de vapor, yvolvió a empezar. Esta vez se detuvo alrededor de cada seno, empapándolos envapor con amplios giros para finalizar aplicando el chorro directamente sobre elpezón. Me sentía humillada totalmente sometida expuesta, colgada del techo,estaba sufriendo un tormento digno del infierno. La habitación se goteaba porefecto del vapor y por pelo recogido de la enfermera caían gotas de sudor. No secansaba, ni mostraba piedad alguna. Continuaba paseando el chorro sobre mi pielminuto tras minuto. En ocasiones se paraba en un punto y acercaba la pistola a ni piel para oírme gritar y pedir compasión. Los peores momentos llegabancuando decidía torturarme el sexo. Empezaba con pequeños círculos alrededor,durante casi un minuto. Cuando la piel estaba a punto de escaldarse, los reducíaa unos pocos centímetros de diámetro durante otro minuto. Finalmente, con laotra mano enguantada, la separaba los labios y aplicaba durante unos segundosdirectamente el chorro, para luego ir acercando lentamente la salida de vaporhasta casi meterla en mi delicada vagina mis sus gritos de dolor.no lograron que tuviese piedad de mi El castigo continuó durante mucho tiempo,hasta que se agotó el depósito de agua.
- ¿Te ha gustado?.- Me dijo, mientras llenaba el tanque.- Eres cruel.- Respondí entre las nubes de vapor que llenaban la habitación.-Algún día te llevarás tu merecido.- ¿De veras? ¿Quieres probarlo de nuevo por puta y rebelde ?El corazón saltó en mi pecho. No pude quédame callada . La enfermeravolvió hasta angie y colocó los secadores a su alrededor. Los conectó y elcuerpo colgado volvió a iluminarse con la fantasmagórica luz ámbar. gemí desesperada al sentir de nuevo el calor sobre mi cuerpo. La enfermeracomprobó unos controles en el depósito de agua y acercó el generador a la sillaen la que estaba atada.- ¿Qué vas a hacer?.- Pregunté asustada.- No quiero oírte más.puta eres muy contestona y rebelde tengo todo el tiempo para castigarte a ver quien se cansa primero no me importa cocerte pero de que terminaras besando mis pies te lo puedo asegurar que lo haras Si vuelves a quejarte, será mucho peor.El vapor salió de la pistola. Con una sonrisa en la cara y empapada ensudor, la enfermera lo dirigió a mis pantorrillas. Sentí el calor húmedosubiendo por mi muslo izquierdo, quemándome. Me retorcí para escapar y ellaparó. Sin mediar una palabra sacó unas correas de una caja que ajustó a micintura, rodillas y cuello. Cuando terminó de inmovilizarme se dedicó a jugarconmigo. El vapor me abrasaba la piel como si me duchase con agua hirviendo.Subió por los muslos hasta recorrer el vientre centímetro a centímetro. Allí pordonde el chorro había pasado, el calor dejaba de recuerdo un hormigueo sobre lapiel. Dedicó una atención especial a los pechos, rodeándoles muy despacio con elsurtidor, hasta abrasarme el pezón. Yo apretaba los dientes, reteniendo losgritos antes de que escaparan por la garganta. No había un segundo de descanso,el chorro recorría mi cuerpo de arriba abajo. La habitación se había calentadobastante y el vapor me hacía transpirar. Allá donde tocaba, abría los porosdejando escapar un reguero de sudor y a la piel enrojecida. El vapor me quemabalas zonas más sensibles, los pechos y los muslos. Era como si me estuviesenplanchando en una limpieza en seco. Ella no se detenía nunca, incansable. Trasrecorrer un par de veces todo el cuerpo, dedicó especial atención a mi sexo.trabajo minuciosamente la piel de alrededor durante unos minutos y luego se cerró sobrelos labios de mi vagina. Los gemidos empezaron a escapar por mi boca hastaconvertirse en un grito de agonía cuando dejó que el chorro abrasase mi interiordurante casi un minuto. Mis sienes se llenaron de sangre y mi cabeza protestó, apunto de estallar, por el castigo. El resto del cuerpo no existía, sólo eraconsciente del reducido espacio que el vapor abrasaba. Antes de que medesmayase, volvió el chorro hacia mi vientre y continuó con el ciclo. Mi sexohervido latía de dolor y en mi mente se confundía con el trozo de piel que enese momento golpeaba el vapor.Continuó con el ciclo una y otra vez, hasta que la piel parecióalabastro rojo recién pulido. Detrás, pedi perdón.clemenciaTras uno de estos gritos, ella paró el generador de vapor y se volvió.- Parece que está llegando al límite.- Dijo.- Vamos a dejarte descansar puta.Colocando pistola en el suelo, se acercó a los secadores y losdesconectó. Yo me alegré tanto como por que había dejado de recorrer mimaltrecho cuerpo con el infernal chorro. Jadeaba agotada, mirando cómo me tomaba el pulso.- Está bien.- Comentó.- En cuanto descanses un poco te recuperarás.- Se secó elsudor con una manga de la bata y me observó.- Yo también tengo que descansar.Este trabajo agota mucho. Creo que te sola un rato, pero antes…La enfermera retiró uno de los secadores y lo hizo rodar hacia mí.Asustada, adiviné sus intenciones, ahora me un nuevo castigo. Lo colocó a la altura de mi pecho con una de las lámparas encima delvientre, otra sobre los senos y las otras dos a los lados. Con un segundosecador, cubrió el resto de mi vientre, los laterales del torso y dejó el últimocírculo muy cerca de mi sexo.- Por favor.- Fue lo único que logré articular. Ya no - La culpa ha sido tuya.- Respondió sonriendo.- Si no hubieses tratado deescapar Y tienes suerte.- Comentó encendiendo lossecadores.- Si la doctora no te necesitase mañana, tu castigo sería mucho peor.
Me dejó sola y cerró la puerta. Angie estaba colgada entre el vaporde la habitación, respirando con fuerza, y ademas iluminada por los secadores. Desdeel primer momento noté el calor de los infrarrojos penetrando profundamente enmi cuerpo. La piel, previamente castigada por el vapor, reaccionó rápidamentelanzando ríos de sudor y dolor. Las lámparas estaban estratégicamente colocadaspara actuar sobre zonas hipersensibles. Los pechos concentraban el calor de tresde ellas, por encima y por los lados, y mi sexo casi rozaba otra. Los secadoresestaban pensados para evaporar el agua del pelo y no tenían ningún tipo deregulación a parte de la potencia. Ni se apagaban, ni se cansaban, siemprecalentando, implacables. Veía el sudor evaporarse casi en el momento de salir.Veía agitarse el poco aire que separaba las lámparas de mi cuerpo a causa elintenso calor, como en los desiertos. Definitivamente, me estaba quemando, casipodía oler la piel chamuscada.El tiempo no alivió los síntomas. Tenía la cara y las piernas empapadas.Me sentía como carne sobre un asador, tratando de no asarme viva. Elcontraste con el resto del cuerpo, piernas, brazos y espalda, hacía mucho másagónico el abrasante calor de la piel expuesta. El único ruido de la habitacióneran mis jadeos, mezclados con gritos de agonía. Todavía colgada con losbrazos y las piernas en forma de aspa. Pensaba iba a morirbajo el par de secadores. Hacía tiempo que las lágrimas corrían mejillas abajopara mezclarse con el sudor. Mis pechos eran cerezas rojas y brillantes y misexo ardía como una braza. Estaba tan desesperada que no oí cómo entraban en lahabitación.- Hola cariño. ¿Cómo estas?- Me dijo la enfermera.- No creo que trates deescapar de nuevo.Apagó los secadores y los retiró, ayudado por la celadora que habíaentrado con ella. Entre las dos me desataron y me secaron el sudor.- Ahora vas a ir con la celadora a tu cuarto, a cenar y a descansar. Mañanatienes un día duro.Mientras me ayudaban a levantarme y me ponían la bata de nuevo Salí al pasillo acompañada de mi guardaespaldas que cerró la puerta de la sal, En mi celda esperaba la bandeja de la cena, con la ración de fruta verde lleno hasta rebosar. Comencé a comer, aterrada por la crueldad de la que había sido testigo esa tarde.
La enfermera entró en la habitación para ponerme la inyección deldesayuno. La celadora esperaba en la puerta a que terminase.- Ven con nosotras.- Dijo.Salimos al pasillo y llegamos a la última de las puertas. Entramos enuna habitación de techo alto, con una camilla en el centro y una mesa junto a lapared. Sobre la camilla había un extraño saco de dormir verde, abierto de arribaa abajo y conectado a un largo cordón enchufado a la pared. Del techo colgabauna viga de hierro, empezaba sobre la camilla y seguía hasta desaparecer, por unagujero cuadrado, detrás de dos grandes puertas cerradas, al fondo de la sala. Aun lado había dos plataformas metálicas con barandillas, y escaleras en una deellas, montadas sobre ruedas.- Vamos a prepararte.- Me advirtió la enfermera.- La celadora está aquí paraasegurarse que no das problemas. Si te resistes, te inmovilizará y lo pasaráspeor. ¿Has entendido?- Sí.- Quítate la bata , ponte frente a esa mesita y apoya el pecho sobre ella.-Dijo señalando una pequeña camilla acolchada junto a la mesa.Me doblé sobre ella y la celadora me obligó a apoyar completamente elpecho y el vientre. La enfermera se colocó unos guantes de goma cogió un extrañoaparato cilíndrico y alargado de la mesa, un tubo de goma que se abría en dospequeños por un extremo. Lo untó de crema y se acercó por detrás. Me introdujola parte ancha unos centímetros por el ano. Me quejé y la celadora apoyó todo supeso sobre mi espalda.- No te preocupes, es para evitar que manches durante el tratamiento.Cogió una perilla de aire y la conectó a uno de los tubos. Un pequeñoglobo se infló dentro, hasta llenar el intestino. La cambió al segundo y sehinchó otra esfera justo entre mis nalgas. La sensación era extraña, pero,después del primer impacto, no dolorosa. Cuando pude levantarme tenía el culosellado.- Abre las piernas.- Me dijo y cogió una larga cánula amarilla.- Voy a sondarte.- ¿Cómo?- Para evitar que te orines encima.- No.- No lo repetiré, si no obedeces ahora mismo te sondaré a la fuerza y eso puededoler mucho.La celadora se acercó y me sujetó por detrás los brazos. Abrí laspiernas y la enfermera se arrodilló. Fue muy profesional, con apenas unasmolestias, introdujo el catéter hasta su posición y lo fijó con un esparadrapo.Recogió de la mesa un cinturón estrecho y me lo colocó en la cintura. Me ataronlas muñecas a él con dos cintas, dejando los brazos pegados al cuerpo.- Acércate a la camilla.- Me ordenó cogiendo un gran saco de plástico blanco. Loabrió a mis pies.- Métete dentro.Levanté las piernas y me coloqué dentro. El fondo era tan estrecho quetuve que juntar los pies para no pisar fuera. Mientras la celadora sujetaba elplástico, la enfermera sacó el catéter por un pequeño agujero a mis pies. Luegolevantaron la abertura el cuello. Era estrecho y de tacto extraño, como siestuviese recubierto por algún lubricante. La enfermera dio la vuelta a lacamilla y abrió el capullo verde que había encima.- Túmbate dentro.- Dijo.Ayudada por la celadora, me senté sobre el saco y me tumbé dentro.- ¡Está caliente!.- Comenté sorprendida, era como echarte sobre una gran mantaeléctrica.El plástico en el que me habían metido acababa en un estrecho embudo,del que salía un conducto transparente. Al colocarme los pies dentro del capullolo sacaron fuera, junto al catéter de mi sonda. Cerraron la manta acolchadasobre mis pies y pantorrillas, ajustándola con unas correas muy fuertes. Despuéscontinuaron por las piernas, envolviéndolas a conciencia en el material calientey ajustándolas con cordeles que pasaban por unos ganchos, de un lado a otro,como si ataran una bota. Me encerraron hasta el pecho, ajustaron el plásticoalrededor del cuello y me envolvieron totalmente. Ataron el cordel a la alturade mi cuello y ajustaron los hombros con cintas de velcro. Estaba envuelta en unsaco de dormir eléctrico, apenas podía respirar y era imposible moverse algo másque unos milímetros. Sentía el suave calor envolviéndome dentro del acolchado.Oí abrirse las puertas del fondo y algo que corría sobre la viga de hierro. Unpatín se deslizó por la traviesa hasta la cabecera de la camilla. De él colgabandos ganchos y un mando. Los engancharon a dos juegos de anillos, al final deunas correas que sobresalían a la altura de mis hombros. Las cadenas elevaron elsaco hasta que casi toqué el patín con la cabeza. Debajo retiraron la camillahasta un rincón dejándome colgada como una fruta. La enfermera conectó elcatéter a una bolsa y el otro tubo a un frasco. Colocaron las estructurasmetálicas una frente a otra, formando un agujero en medio, y las ensamblaron amis pies. La enfermera subió por las escaleras y bajó el saco hasta que nuestrascabezas quedaron al mismo nivel.- ¿Qué es esto?- Pregunté.- Es una terapia de nuestra invención.- Respondió colocándose a mi espalda.- Voya subir la temperatura del saco. Relájate, yo estaré pendiente todo el tiempo.Bajó de la plataforma y salió con a la celadora. El material que merodeaba empezó a calentarse. Parecía una oruga en su crisálida, colgada de larama de un árbol. No estaba totalmente apoyada sobre los pies, todo el conjuntoayudaba a sujetarme repartiendo el peso a lo largo del saco. La postura,realmente, no era incómoda. Lo que me empezaba a preocupar era el calor. Latemperatura había subido rápidamente y el cálido abrazo del principio habíapasado a ser un molesto sofoco. ¿No habían tenido suficiente con los dos díasanteriores? ¿Por qué seguían empeñadas en hacerme pasar calor? Dentro delplástico mi cuerpo empezaba a reaccionar. El sudor se abría paso poco a poco.En el saco no dejó de subir la temperatura. Tenía la piel de los pechosy los muslos asada. Llevaba mucho tiempo colgada y el incesante calor meobligaba a sudar a chorros. Aunque tratase de balancearme sólo conseguíaagitarme un poco. No tenía libertad para mover las manos y secarme o tratar decambiar la postura. Notaba la cara húmeda y enrojecida. El calor me atacaba portodas partes, me habían envuelto a conciencia. Del cuello para abajo no quedabaun solo centímetro que no estuviese expuesto al calor, ni un hueco de alivioentre mi piel y el saco. Estaba cansada, harta de soportar aquel infierno. Laenfermera entró en la habitación con dos botellas de la mano.- ¿Queda mucho?- Pregunté.- Olvídate del tiempo.- Respondió subiendo a la plataforma.- Bebe un poco deagua.- Me acercó una de las botellas a la boca y tragué. El líquido fresco mealivió la garganta reseca.- Ahora quiero que te tomes esta botella de jugo de fruta.- Prefiero agua.- Contesté, rechazando el brebaje verde que me ofrecía.- ¿Aún no has aprendido nada? No quiero protestas, ni preguntas. Puedo obligartea tomarlo, tú decides.Cedí a sus exigencias. Poco a poco apuré la botella hasta el fondo. Elempalagoso azúcar de la fruta me dejó un gusto raro en la boca que quité con elresto del agua. Ella volvió a mi espalda y bajó de la plataforma. Cuando dejó lahabitación, la potencia de las resistencias que calentaban el saco subió. Latemperatura dentro del capullo aumentaba por segundos. Miré a la puerta y gemí.El poco alivio proporcionado por el agua desapareció en ese instante para sersustituido por la angustia. Me estaba asando y no tenía forma de escapar.El calor era insoportable. Hacía casi una hora que la enfermera se habíaido y yo no podía aguantar más. Había llegado al límite de mis fuerzas. Notabael sudor resbalando por el plástico que rodeaba mi cuerpo hasta gotear más alláde los dedos de los pies. Mi corazón latía desbocado y los pulmones querían másy más aire. El saco no había dejado de aplicarme calor ni un solo segundo.Aquello era mucho peor que la sauna o el baño de vapor porque podía sentirlopasar directamente desde el capullo a mi piel. Incluso prefería otra sesión bajolos secadores que seguir cinco minutos más colgada en ese infierno.Afortunadamente la enfermera entró en la sala.
- Basta, por favor.- Supliqué.- Bebe un poco de agua.- Ordenó acercándome una botella a la boca.- No puedo más.- Dije al terminar.- Sabes que sí. Para eso eran las pruebas de estos días. Ahora el jugo.Me obligó a beber otra botella de aquel producto verde que estabaempezando a asquearme.- ¿Por qué hacen esto?- Preguntas demasiado. Ahora voy a subir la temperatura.- Ella se dirigió a miespalda.- ¿Más calor? No, por favor. Ya me lo subiste antes.- Es para que el cuerpo sude continuamente y no se acostumbre.- ¿Qué clase de experimento es este? ¿Por qué me secuestra un laboratoriocosmético?Se colocó frente a mí y me miró a los ojos.- Lo sé, ayer vi el logotipo.- Dije. No me respondió, bajó de la plataforma ysalió de la habitación.La temperatura dentro del saco volvía a subir. Yo estaba más allá dellímite de mis fuerzas. Esperaba que me sacasen del capullo, pero ella se habíalimitado a darme agua y aumentar el calor. Mi cuerpo ardía en contacto con elinterior del saco. Parecía que me hubiesen envuelto en masa de pan y me cociesenen un gigantesco horno. Nunca había sudado tanto en mi vida, el líquidoresbalaba por la piel y el plástico hacia los pies. Apenas podía respirar.Tragaba el aire en grandes bocanadas. El constante calor era horrible, queríasalir de allí. Los minutos pasaban lentamente y cada uno de ellos era unatortura. Rezaba para que me descolgasen y poder volver a mi celda.Llevaba casi media hora sola cuando la doctora entró en la sala.- Bien Angie, parece que cuando intentaste escapar, viste algo.- Me dijo subiendoa la plataforma.- Sí, el logotipo de la empresa.- ¿Y qué piensas?- Que han inventado un nuevo medicamento o un cosmético y, como no los dejanprobarlo en personas, secuestran mujeres para los ensayos. Por eso necesitan que tengan buena salud.- No está mal, buena aproximación. ¿Quieres saber la verdad?- Sí.- Voy a contarte una historia. Uno de nuestros biólogos de campo descubrió en elAmazonas una tribu muy especial. Genéticamente eran iguales que sus vecinos derío abajo, pero ninguna de sus mujeres parecía tener más de 28 años.Investigando, descubrimos que era simple apariencia. Su edad era la misma quelas mujeres de otras tribus pero no su aspecto, se mantenían increíblementejóvenes. Por supuesto nos propusimos aislar la razón y convertirla en unproducto cosmético que revolucionase el mercado. Lo que descubrimos es que laúnica diferencia estaba en una parte importante de su alimentación. ¿Adivinascuál?- La fruta.- Efectivamente. Nuestra tribu comía una extraña fruta verde que sólo se daba enesa región.- ¿Y es eso lo que están probando conmigo?- Dije, mientras continuaba asándome.No parecía que tuviese intención de apagar el saco.- ¿Quieres ver cómo reaccionaal calor?- No. Generalmente las cosas no son tan simples. Estudiamos sus componentesquímicos y biológicos, los aislamos y probamos sobre ratones, sin éxito. Losprocesamos de cientos de formas distintas, las habituales y otras que inventamospara la ocasión. El resultado fue cero. Volvimos a estudiar a las mujeres de latribu. Les hicieron todo tipo de análisis y estudios, incluso llegamos a robarun cadáver para examinar sus órganos internos. Sin suerte. Hasta que descubrimosun caso excepcional, una mujer vieja con una piel de una niña de 12 años. Estabaenferma. ¿Adivinas qué tenía?- No.- Por un segundo pensé que con las inyecciones me habían contagiado unaexótica enfermedad.- Hiperhidrosis. ¿Sabes qué es?- No.- Exceso de sudor. Es un problema en el que se pierde el control de lasglándulas sudoríferas del individuo, obligándole a sudar constantemente. No esgrave, simplemente molesto, pero en nuestro caso muy oportuno. La respuesta estáen su sudor. Ése era el componente que buscábamos. Tratamos de duplicarlo en ellaboratorio, pero hay algo de la química del cuerpo humano que no comprendemos yno pudimos.- ¿Entonces soy una rata de laboratorio que solo sirve para tomar muestras?- No. Seguimos investigando, pero decidimos tomar otro camino.- La enfermera lainterrumpió al entrar en la habitación.- El producto es demasiado efectivo,-Continuó con una sonrisa, mirándome a los ojos- teníamos que sacarlo al mercado.No podemos reproducirlo pero sí fabricarlo.Por un momento lo vi claro. Tanta fruta para comer y el pequeño tubo delplástico recogiendo mi sudor.- Entonces ¿Soy una fábrica de cosméticosviviente?- Pregunté.- Eres parte del proceso de fabricación. Te alimentamos con la materia prima yluego te usamos como filtro para extraer el elixir de la juventud. Ayer yanteayer te hicimos pruebas para saber si podías aguantar el calor y si sudabaslo suficiente.- Es absurdo.- La mujer trataba de asustarme, no podía existir una mente tanretorcida como para idear un plan como ese.- No puede fabricar la cantidadsuficiente como para comercializarlo.- Depende del mercado al que vaya dirigido. El resultado es una crema muy, muycara. Por supuesto no se vende en las calles, ni se hace publicidad. Aún asítenemos una lista de espera muy larga.- No me lo creo.- Deseaba con todas mis fuerzas que todo fuese una broma pesada,pero el aplastante calor rodeándome el cuerpo empapado en sudor, apoyaba sutesis.- ¿Puedes abrir la sala?- Le dijo a la enfermera.- Mira al fondo.Se dirigió a las puertas que atravesaba la viga de hierro y las abrió depar en par. Lo que había detrás superaba cualquier pesadilla que hubieseimaginado. Decenas de sacos verdes, como en el que estaba encerrada, colgaban deun entramado de vigas enlazadas en el techo de la inmensa nave. A su alrededorcorría una plataforma metálica, a la misma altura que la que me rodeaba. Dentrode cada capullo había una mujer encerrada y debajo el pequeño tubo que recogíasu sudor. Desde la plataforma, con una tabla en las manos, me miraba larecepcionista rubia.- Esta es nuestra cadena de producción.- Comentó la doctora.- Las buscamos a lolargo de todo el país. Si pasan todas las pruebas se unen a la fábrica, sudanpara nosotros seis horas diarias cuatro veces a la semana.La enfermera se había colocado a mi espalda. Segundos después noté queaumentaba el calor. El shock había sido tan fuerte que no pude gritar. Pensabantenerme seis horas atada y envuelta en aquel horrible saco eléctrico, subiendola temperatura cada poco tiempo, para que mi sudor lo aprovechase cualquier niñarica. Las lágrimas saltaron de mis ojos.- Bienvenida al primer día de tu nuevo trabajo.- Dijo la doctora antes deabandonar la habitación, dejándome encerrada en aquel el terrible calor.




------------------ Fin -------------------


miércoles 15 de julio de 2009

POR INGENUA ESTUPIDA Y VANIDOSA



Mi Amo o mas bien quien me ha tomado por asalto como su esclava con sus amenazas sexuales ahora me lleva a una nueva aventura de sodomía y placer sin límites, mi Amo se digna decirme que tomará mi mente y cuerpo como su juguete sexual sin reparos ni remordimientos, para usarme como le plazca a él.

Mi "AMO" realizará sus fantasías en mí, al llevarme por los vicios del placer carnal a cumplir:

Juega conmigo en su rol de master sexual, tal como lo comienzo a relatar:




Modelo y esclava del Bondage

He sido contactada por mi agente especial para esos negocios secretos de placer.

Confieso que además de ser una mujer exuberante cargada de mucho temperamento y calor sexual, sé que los hombres y algunas mujeres venderían su alma por pasar una noche de desenfreno total, cayendo rendidos ante mí. Me agrada sentir como mi ego crece al ser el centro de atención de las miradas esquivas y deseosas. Noto ese brillo de lujuria y deseo en quienes me observan.

He llegado con mi agente de la agencia de modelos y edecanes para una sesión fotográfica de lencería para BDSM que ha tenido gran éxito en el viejo continente.

Me agradan algunas piezas que he modelado como dominatrix en esto del negocio del bondage, pero siempre me ha extrañado el gusto de esta fantasía sexual.
Joel, mi agente, me informa que he tenido una gran proyección en todo el viejo continente por el impacto visual en las anteriores sesiones realizadas, diciéndome que hay un grupo de fans que se ha organizado para pedirme una solicitud de negocio y cumplirles una sesión fotográfica para poder coleccionar imágenes con mi porte y presencia.

Me siento halagada por tan tremendo homenaje y me exalta una excitación para llevarla a cabo. Convenimos como de costumbre de acuerdo al papeleo usual manejados en la agencia.
Joel me informa de la fecha y hora en que sucederá el evento y me pide que descanse mucho el día anterior, dándome un adelanto monetario para que me atienda en el SPA y quede inmaculada.

Llega la fecha de la cita y pasan a recogerme desde mi domicilio una limosina con una sorpresa en su interior. Al apearme, encuentro un par de mujeres europeas realmente hermosas.
Se presentan ante mi con un ingles y español mezclado, tratando de impresionarme y decirme a como pueden darse a entender, que son admiradoras mías en la republica checa de donde provienen.
Me piden que firme muchas fotografías del catálogo de colección de Bondage. Me emociono al firmar cada hoja que me presentan mientras ellas hacen todo lo posible por halagarme. Corre el champaña al interior de la limosina, mientras el tiempo pasa vertiginosamente durante el traslado.

Llegamos al lugar de destino y mientras nos apeamos, ellas me manosean traviesamente antes de llegar al recinto en donde será la sesión. Confieso que he departido con helga e Ingrid momentos gratos, también al admirar la belleza de estas mujeres checas.

Ellas se disculpan un momento al desaparecer entre bambalinas. Un hombre me recibe en el lugar y me indica que debo pasar a un pequeño cuarto oscuro, donde se encuentra el vestuario y me indica la secuencia de fotografías, que ropa y accesorios deberé modelar, los cuales están colgados en ganchos numerados.

Comienzo a ataviarme con unas medias negras de fina seda, las cuales tienen una fila hilera de pequeños diamantes adosada en la parte trasera de mis pantorrillas y piernas. Unos delicados zapatos de estilete con tacón del #12, los más altos que me haya puesto anteriormente. Estos tienen un delicado brocado de color plata que contrastan con el brillo negro.

Me calzo un fino liguero de encaje que me queda soberbiamente en mi cintura, delineando el contorno de mi vientre plano y por detrás unas redondeadas nalgas, fruto del trabajo en el gym y una alimentación muy cuidada. Ahora me pongo un corsé que hace que mi cintura se contraiga.

Mmhmm el cuadro que observo en el espejo es de una mujer finamente delineada, mi figura es de lo más irresistible al admirar la proporción de mi espalda, mis senos, mi cintura y mis caderas, mi firme y apetitoso trasero, todo divinamente sostenido por un par de muslos y piernas que serían la envidia de cualquier modelo profesional jamás conocida.

Mmhm me maquillo los ojos con gracia y las pestañas en color negro, labios rojo carmesí. Guauu mis ojos verdes contrastan con mi cabello rubio cenizo y contemplo con un dejo de lujuria y autocomplacencia el resultado de mis genes. Soy el retrato encarnado de un ángel del deseo.

Tomo los accesorios que son un fuete como gato de nueve colas, es decir tiene un mango forrado en piel y 9 puntas terminadas con unas pendientes en forma de diamante. Un par de esposas y mantas de malla negra entramada, como si fuesen un velo que deja ver al interior de mi cuerpo.




Me planto en el lugar indicado del salón. Este se encuentra en penumbras y de pronto una luz brillante me baña con su luz. Me encuentro ante un aparato complejo, con tubos y correas delgadas de cuero rojo. Me pide el fotógrafo que me plante en el lugar señalado con una x en el piso. Comienza la sesión y acude helga ante mi, ataviada con un traje de látex rojo y largos zapatos de estilete.
Ella lleva en su mirada un brillo diabólico de perversión y me dice que ella es parte de la sesión. Me toma de mis muñecas y me envuelve con sus brazos por atrás de mí, posamos ante la cámara y comienza a actuar su papel de mujer dominatrix.
En un principio me ha asustado este evento inesperado, pero me dejo conducir ante el frenesí de las tomas. Mmhmm confieso que me comienza a dar placer la cercanía de Helga mientras me pone en una posición de dominación: de rodillas, postrada de hinojos, atada por mis muñecas, agachada y empinada.

Es tan fuerte la representación que siento como mi corazón se acelera y una sensación de placer inconfesable se apodera de mí. Sé que Helga ha notado mi exaltación a este juego de rol de dominación y sumisión. Ahora ella me amarra a las correas del aparato, prestándome dócilmente para ello.
Al tomar las fotografías, Joel nos pide más realismo en la actuación, para que las imágenes sean creíbles. De pronto siento un fuerte golpe en mi trasero, causado por el fuete de 9 colas. Mi cara refleja un rictus de dolor y un grito sale de mi garganta.
En respuesta, recibo otro golpe en mi trasero, más fuerte que el anterior, siento como la fuerza de mis piernas me abandona, dejándome caer y ser solo sostenida por las correas que aprisionan mis brazos. Una lágrima de impotencia rueda por mi mejilla y pregunto el por qué de el castigo.
Helga se carcajea y con una voz gutural de ira me habla al oído tan fuerte como puede. Me toma de mis cabellos y dobla mi cabeza hacia atrás. Veo sus grandes ojos de color azul acerado.
Solo veo borrosamente el azul profundo delineado por el más negro color de sus pestañas. Me siento sobrecogida ante este inesperado trato. Ella me desafía con la mirada y un temblor recorre mi cuerpo, la piel se me eriza ante el estupor y sorpresa de este terrible castigo.

“vas a pagar tu inocencia al habernos prestado sin limites tu cuerpo, seremos dueños de tu mente al someterte a nuestras abominaciones de placer y vicios más perversos al que te hayas enfrentado, serás parte de un negocio al cual tontamente haz accedido al firmar lo que tan inocentemente tomabas como meras cartas de dedicatorias a tus fans, somos expertos en el trato de mujeres tontas y entupidas como tu, te haremos pagar tu entreguismo y tu falta de cuidado. Te haremos disfrutar nuestros vicios mas sucios y denigrantes, que llegarás a pedir mas de lo que te daremos, perra-”




Acto seguido, fui brutalmente separada por las piernas, colocándome en posición de hinojos en el piso, fui atada por una correa de cuero delgado y fuerte, que aprisionaba mi espalda y mis piernas lo más pegado a mi pecho. Me colocaron un arnés de caballo alrededor de mi boca y un tocado de plumas en mi cabeza. Todo rematado por dos correas de cuero negro, para ser dominada como si fuese una yegua salvaje.

Helga ha traído a sus invitados, son cuatro tipos fornidos, ataviados con máscaras de dioses griegos y toda la piel pintada en colores plata y oro. Su indumentaria consta de un taparrabos y un collar de cuero. Ingrid los controla mediante una cadena y un fuete largo.
Ella tiene un traje de látex negro, que contrasta solo en color al de helga.
Ambas se sonríen y se besan obscenamente ante todos, carcajeándose con una risa chillona y malévola. Ordenan a sus esclavos tocar todas mis curvas y que urgen de entre mis piernas.
Durante este agasajamiento, recibo tres golpes en mis nalgas con el fuete de nueve colas. Me ordenan que no ose disfrutar del placer de las caricias, pues seré el deleite de ambas al ser follada por estos 4 adonis y esclavos sexuales del par de ninfas más perversas en la faz de la tierra.

Ahora le ordenan a uno de los adonis que restriegue su abultada entrepierna en mi cara, para que mis labios sientan el calor de sus vergas. Mientras, los otros tres sátiros buscan en mi piel el placer más primitivo, al recorrerla de una manera desesperada y ansiosa. Restriegan mis tetas y mis muslos, mi vientre y mis nalgas, recorren mi vulva y el cañón de entre mis nalgas, hasta perder sus dedos en los abismos de mis candentes entrañas.

La sensación de ser ultrajada y engañada de esta manera, hace que una temor me invada, combinada con el placer de estas caricias furtivas. La idea de ser poseída y castigada me excita en un plano diferente a los encuentros regulares de uno a uno. Aún más que los encuentros furtivos tradicionales.

Mmhm, comienzo a sentir placer en mi piel y en mis rendijas, al ser totalmente estimulada simultáneamente por manos férreas y desconocidas, a la fuerza y sin oportunidad de poder protestar ó defenderme. La idea me excita de tan solo pensarlo y ahora sentirlo.

Una andanada de azotes se deja caer en mis curveadas nalgas. Otros azote más son propinado en mis senos, que hacen que el dolor se sienta como un estímulo en mi libido.
La combinación de ambas sensaciones hace que mis jugos salgan a raudales y se desplacen de entre mis piernas, mojándolas. He de confesar que los azotes son ligeramente fuertes, como si cuidasen que no me hicieren daño, pero suficientes en intensidad como para sentir un cosquilleo picante y travieso. El dolor inflingido de esta manera me resulta placentero en mi cuerpo y en mi mente.

Ahora con cada azote, exhalo un gemido más intenso de placer, que de dolor, comienza a gustarme y mi excitación crece con cada andanada de estos. Mis pezones se hinchan con cada azote, cobrando vida al “latir” igual que mi corazón.

Ahora helga se pone un arnés con dos falos vibratorios de plástico negro. Son enormes en proporciones, mientras Ingrid se pone delante mió y me ordena que le chupe su rendija húmeda, caliente y olorosa de hembra lujuriosa.

Helga ordena a sus bizarros hacerse a un lado mientras los flashes siguen disparando con más rapidez ahora. Ella se sonríe a las cámaras mientras muestra las enormes cabezas que está a punto de entran en mis entrañas.

Sus lacayos preparan mis rendijas que están pulsando de placer, siento una sensación que recorre mi piel, similar a la larga espera cuando sabes que estas a punto de ser inyectada en una nalga. La espera se torna en agonía por no saber en que momento sentiré como se clavarán estos enormes falos de ébano.
El momento que dura solo unos segundos, se torna eterno en mi mente. Los esclavos de estas diosas eslavas abren mi vulva y mis hermosos cachetes para exponer mi agujero apretado y caliente, mi rendija rosada y lubricada. De pronto siento dos aguijones que se clavan muy profundos en mis carnes, abriéndome bestialmente fuera de todo límite soportable.

Solo emito un grito apagado y chillo de dolor y placer, temblando mi garganta cuando ambas espadas son encarnadas tan profundamente que siento como se abre mi interior. Helga se deja caer, burlándose de mí, al ser su esclava y su puta, su muñeca sexual.

Mientras, Ingrid me da un azote en mi espalda por haberle dejado de mamarle.
“vamos perra, no creas que vas a disfrutar todo lo que te vamos a hacer, debes darnos placer a ambas, y nos darás placer al ver como estos esclavos abusarán de ti, al tomarte a la fuerza, solo cuando sea nuestra voluntad te obligaremos a que tengas orgasmos con mucha pasión y entrega, pues es lo que nos excita a ambas.”

Acto seguido fui poseída salvajemente por helga, al ser cogida por su extraño aparato, que pareciera ser salido de alguna fábula mitológica, al ser un ente con dos penes enormes que me atravesaban en todo lo ancho y largo que eran.
Mis entrañas son devastadas por los dos enormes falos al entrar y salir tan salvajemente, solo veo en los espejos como mis nalgas temblaban y se mueven al ritmo de un galope salvaje y altamente estético.
Ella me azuza a que galope más fuerte al tirar de las correas que sujetan mi mandíbula. “Vamos potranca, sé salvaje, respinga, relincha de placer, por que ahora así te lo ordeno, prueba el sabor de mi fuete en la blancura de tu piel, relincha de placer para mi, mientras te estoy domando y cabalgando, eah”. Esta escena es tan avasalladora que siento como mi mente es apoderada por mi otro yo. Comienzo a gemir de placer tan fuerte que la habitación se llena de mis jadeos y venidas, mi sexualidad está a todo galope y fuertes temblores sacuden mis caderas, mis muslos tiemblan y veo como mi grupa se mueve cual equino desbocado, la manera en que mis piernas y grupa tiemblan y se mueven, me prenden al máximo.

Caigo rendida después de orgasmos incontenibles, pierdo la cuenta de éstos, mientras que mi cuerpo se sacude por convulsiones de cansancio, toda cubierta de un sudor que huele a sexo. El ambiente está cargado de mi olor a bestia del sexo.

Ahora que mi mente se desanubla por esta posesión endiablada, pude ver que atrás de los espejos habían rostros de hombres y mujeres que se auto complacían mutuamente mientras observaban el espectáculo de sodomía al que era objeto. Unas luces rojas me sugerían que estaba siendo video grabado por varias cámaras alrededor del estudio y por encima de nosotros.
Veo también varios monitores al fondo del estudio, después me explicaron que el evento además de ser grabado, fue transmitido en vivo por la red, en un club de paga de festín sexual, sometimiento y humillación.

Mis verdugos son comandados por helga e Ingrid, al dejarse caer en unas poltronas frente a mí. Les dan instrucciones en un lenguaje que no entiendo. Ellos comienzan a jalar de sus vergas y me las restriegan en toda mi piel, llenando con sus fluidos cada centímetro cuadrado de mi piel, en mi cara, en mis labios, recorren desesperadamente mi espalda y mis senos, mi cuello, mi vientre y mi grupa, mis nalgas enrojecidas por la paliza que he sufrido, mis piernas, mi selva llena de mis fluidos lechosos de color blanco, mis pantorrillas y pies.

Ambas ninfas me ordenan poner cada miembro entre mis manos, tener otra verga en mi boca y una más en mis pechos. Ellos me acomodan boca arriba para poder darles placer, mientras helga me inserta dos dildos descomunales que tienen un cable eléctrico y vibra endemoniadamente rico. Me ordena chupar, lamer, mamar y regodearme con la verga en mi boca, mientras puñeteo a cada verga en mi mano. Otro esclavo se pone arriba de mí y pone su pene en mis senos. Los aprisiona y comienza a restregarse su pene con ambos senos y pezones. Varias cámaras son desplazadas por tres mujeres ayudantes, para poder filmar esta escena.

Comienzo a mamar ambos escrotos que están encima de mi cara, les contemplo con mis ojos verdes, encendidos de lujuria y deseo, reflejo hambre de una hembra insatisfecha, deseando comerme cada pedazo de estas bolas enormes. Comienzo a lamer con mi lengua cada escroto, viendo como la piel se contrae con cada lengüetazo mío. Ahora recorro con mis labios mojados la piel de ambos huevos, introduciendo cada uno muy dentro de mi boca, los succiono y chupo, para hacer crecer de manera descomunal el miembro de este adonis. Su falo se hace cada vez más grueso y largo. El se aparta y baja su cabeza blandiéndola en mi cara, tomo su corona y comienzo a lamerle como el aleteo de una mariposa. Ricos jugos calientes salen de este gigante cíclope, y trago su calentura.
Mientras, aprieto desde su base a cada pene en mi mano, recorriendo cada tramo de pene, como si estuviese apretando un tubo de dentífrico. Cada miembro se hincha con este masaje y ambos hombres tienen su cabeza hinchada de placer y ganas de bañarme totalmente.

El macho que esta arriba de mi, se ha frotado con mis tetas, sintiendo como mis pezones van creciendo cuando son restregadas en la corona de este hombre caliente. Mi piel está erizada y mi vista está nublada, absorta en esta vorágine de deseo carnal más básico y caliente que haya sentido jamás.

Las amas ordenan que todavía no nos vengamos, que les haga a cada uno de ellos lo mismo, alternando cada posición, con la idea de que todos los machos estén totalmente recargados y listos para explotar en mi cara y pechos.


Sigo haciéndole el deleite a cada uno de ellos, hasta tenerlos a punto de explotar. Nuestras amas nos incitan hablándonos tan sucio como pueden ser. Entramos los cinco en frenesí y vamos entrando en sincronía. Mis jadeos y gemidos de placer van marcando la pauta para que ellos se apresten a descargarse en mi cara. Sube la intensidad del performance, que en un instante ellos gimen simultáneamente, saliendo disparados de los cuatro machos, ríos blancos y calientes que cubren mi cara con un golpe seco, expandiéndose y llenando por completo mi cara y senos. Mis ojos se nublan al cubrirse por una cantidad exagerada de semen – si una eyaculación de un hombre corpulento y de grandes huevos llegase a los 10 cc, trato de imaginar el volumen de semen de estos hombres viriles que me han cubierto la cara por completo.-

Recibo la aprobación de mis amas dominatrix, requiriéndome para la siguiente ejecución. Mientras, me sientan y cubren mi cara con una mascara de látex negra, esposan mis manos por atrás de mi espalda.
Invitan en su idioma al público que ha estado observándome. Incontables manos van desfilando por mi cuerpo, palpándome, probándome y comprobando como si fuese una mercancía que estuviese a la venta.

Pasan dos horas de esta actividad. Escucho risas y exclamaciones de admiración. Siento como las manos exploran lo más recóndito de mis intimidades. No hay nada que no puedan explorar, tocar, oler, saborear. Quedo inerme ante este acto de compraventa, intuyo que me están tratando como una mercancía que se puede cambiar por fuertes sumas de dinero.

Pasan las horas y solo me dan a probar agua a través de una pajilla.
Solo puedo ver tenuemente a través de la máscara y puedo adivinar formas de hombres y mujeres de todas complexiones. Trato de imaginar sus rostros y sus miradas de lujuria y deseo, como a una presa a la que estuviesen cazando.

Escucho la voz de helga tras de mi. “Te felicito putita, eres un negocio redituable y placentero, pues has sido subastada por una cantidad enorme, todos quieren de ti y no renuncian a la oportunidad de tenerte. Te vendaremos los ojos y serás sometida a muchas sesiones de sexo de tus clientes. Claro, te recompensaremos muy bien si haces todo lo que te indiquemos, les darás placer y les llenarás su ego y vanidad a cada uno de ellos y ellas. Les harás saber que cada contacto sexual es el más placentero que hayas experimentada alguna vez en tu vida. No descansarás pues tus clientes están sedientos de ti, y la lista es interminable. Vamos putita, harás realidad la fantasía de muchos, al ser su juguete preferido”. Acto seguido, una sonora carcajada casi diabólica me estremeció al escuchar como subía de intensidad su volumen y este hacia eco en todas las paredes, resonando interminablemente en mi interior.



Me atan las manos al respaldo de la silla, muchas manos recorren mi entrepierna, hurgan entre mis nalgas, saborean los jugos de mi panocha que no ha dejado de escurrirme…

Una muchedumbre interminable masculla en mis oídos, unas oraciones son para decirme “mamita, que buena estas!!! Te voy a coger de lo lindo con mi verga caliente”, otras me insultan y se burlan de mi condición de esclava sexual, manos femeninas y masculinas recorren toda mi piel, no hay sitio alguno de mi piel que se salve de ser mañosamente acariciada, tocada con lujuria, con desesperación.



Muchas cabezas húmedas recorren mi cara, mi cuello, mis senos, mi vientre, mis labios, clavan pinzas en mis pezones y clítoris, las cuales están conectadas a un generador de impulsos eléctricos. Me exigen que gima y jadee de placer, estimulan mi sexo cóncavo con dedos y dildos vibratorios.

Si no les gusta mi excitación, dejan fluir descargas eléctricas en las pinzas, las cuales provocan que me contorsione de dolor. Con cada sacudida, mis pezones y clítoris crecen, para el beneplácito de mis verdugos. Soy su juguete sexual vivo, respiro y respondo a sus comandos y ordenes, recibiendo este “castigo” como estimulación a un espécimen sexual estudiado en un laboratorio.



Incontables cabezas y clítoris desfilan por mi boca, siendo obligada a darles el mejor sexo oral, como premio me estimulan insertando un dildo vibratorio en mi vagina. Como castigo, se aprovechan de mi indefensión “castigándome” con los toques.

Me colocan en toda posición posible para ser penetrada una y otra vez, hombres y mujeres me toman a la fuerza, mientras desahogo todo el calor sexual del que pueden mis fuerzas disponer. Todo mi cuerpo tiembla de cansancio, dolor y placer, sabiendo que nunca podré escapar a esta orgía en que soy el centro del placer, para complacer a mis amos.


Fui sometida durante horas interminables de sodomía sin límites, cogida, lamida, penetrada, golpeada, lacerada, obligada a beber de semen de hombre y jugos de mujer, bañado mi cuerpo totalmente en semen. Cubierta mi piel por muchas lenguas y bocas. El aliento y gemidos de placer de cada uno de ellos fue la manera en que podía reconocer a los que repitieron. Mi cuerpo y mente desfallecieron ante la vorágine de sexo interminable. Perdí la cuenta de las horas y los días en los que fui sometida a toda clase de fantasía, no pudiendo distinguir entre la realidad ó un sueño entrecortado.



Solo me permitían hidratarme y hacer mis necesidades en horas fijas. La carga psicológica fue tan fuerte, que ahora mis pensamientos rememoran recurrentemente cada encuentro en todo momento, despierta, dormida, abstraída.



Mi mente ha sido y sigue estando poseída y esclavizada por dos Ángeles endemoniados, que siempre estarán ahí mientras viva.



Me he transformado en una ninfa esclava del deseo…….

Epílogo:
Después de 7 interminables días de desenfreno y pasiones desbordadas, fui liberada con una fuerte cantidad de dinero como recompensa a mi total sometimiento y aceptación de esclavitud sexual; se que lo vivido no podrá repetirse tal como sucedió, solo puedo revivir cada momento en mi mente una y otra vez, negándolo y a la vez extrañándolo……



video

sábado 4 de julio de 2009


BUSCANDO LOS LÍMITES DE ANGELICA
Sado, orgía. Comprobando donde estaba el límite del placer y el dolor para ella. Hasta que punto se puede emputecer a una esclava sexual
Mi nombre es Angélica



Lo que voy a relatar fue en un tiempo mi fantasía sexual pero gracias a un hombre que ame lo pude vivir en carne propia y ha sido la mejor experiencia sexual de mi vida así como los mejores orgasmos que jamás he tenido.


Al fin llegó el día. Yo había probado poco a poco cada vez más, pero mi naturaleza era insaciable. Quería en esta ocasión conocer mis límites. Mi marido había sido quien me impulsara a probar cada vez más. Él me creaba las necesidades.


Al principio de mi matrimonio nosotros pasábamos los días encerrados probándonos uno al otro, siempre sintiendo nuevas caricias; y lo que en un principio era sencillo, se fue volviendo para los dos una necesidad de buscar cosas nuevas.



Me habían ordenado el día anterior aplicarme un enema con agua fría para lavar bien mis intestinos y después me metí a la tina a darme un largo baño. Era principios de verano y el calor era fuerte.

Había recibido un paquete con un mensajero con lo que debería de llevar puesto. Así, a las 7 de la tarde me preparé meticulosamente para lo que me esperaba.

Me puse un par de medias blancas con ligas a los muslos, una tanga pequeña también en blanco transparente y un brassier en juego

Sobre esto llevaba un camisón también blanco en tela satinada con filos negros que me ajustaba marcando bien mi esbelta silueta. Era bastante corto y cubría solamente la mitad de sus muslos. Tenía diminutos tirantes. El toque final lo daban unas zapatillas blancas.
Lucía muy atractiva. Con mi cabello dorado suelto, ojos verdes, piel bronceada, hermosas piernas bien torneadas, muslos marcados, pechos medianos y firmes y nalgas redondas que se marcaban bien con el camisón que llevaba puesto.

El chofer que me pasó a buscar tenía la orden de mantenerme con los ojos vendados; así, en cuanto subí al coche me vendó los ojos.
A mí me gustaba ser sodomizada y en alguna ocasión hasta tuve una doble penetración. Pero esto iba a ser diferente.
La puerta se abrió y fui conducida a un salón amplio donde había varios artefactos colocados en las paredes, una mesa redonda giratoria como de un metro de diámetro con correas fijas en la superficie, una plancha acojinada rectangular con una inclinación de unos 45 grados con correas en las cuatro patas y una mesita con consoladores de diferentes tipos y
tamaños y varios pares de pinzas. Del techo colgaban argollas para sujetar.
Me esperaban en el salón cuatro hombres de entre 35 y 45 años. Yo en realidad estaba muy nerviosa: Deseaba experiencias nuevas pero no tenía ni idea a qué iba ni con quién. Todo fue un misterio y así lo acepté.
Al llegar me ofrecieron algo de beber, no supe que fue, pero comencé a sentirme más relajada, mientras los cuatro hombres comenzaron a acariciarme.
Empezaron a tocarme los pechos sobre el brassier transparente y el camisón que dejaban ver la protuberancia de mus pezones. Unos pezones bien formados y grandes que con las caricias que me estaban dando comenzaron a ponerse duros.
También me empezaron a meter las manos debajo del camisón, tocándome los muslos y subiendo poco a poco.
Las manos de los hombres recorrían todo mi cuerpo. Sentí como traspasaban mi tanga y me acariciaban el clítoris y labios. También sentí como un dedo penetraba suavemente mi ano.
Yo me fui entregando a las caricias, me sentía muy excitada, no podía ver nada, pero las caricias me hacían poner cada vez más mojada.
Noté que algo comentaban los hombres y de pronto se detuvieron las caricias. Me desvistieron y mi hermoso cuerpo quedó sólo con las medias y los tacones. Me ordenaron abrir completamente las piernas, cosa que hice, pero ellos todavía forzaron un poco más hasta lograr unos 5 ó 6 centímetros extras.
Me amarraron los tobillos a una barra metálica con las piernas completamente abiertas, con lo que me era imposible siquiera tratar de juntar las rodillas.
De igual manera, me amarraron las muñecas a otra barra que tenía unas cuerdas largas de cada lado, para dar la altura que fuera necesaria. Las cuerdas de la barra las pasaron a través de las argollas que estaban colocadas en el techo y las tensaron, dejándome con los brazos en alto y el cuerpo completamente estirado.
En esta posición quedaba toda mi intimidad expuesta e indefensa. Había quedado totalmente a merced de mis cuatro verdugos. Con todo esto, yo me sentía muy excitada y sólo trataba de adivinar qué seguiría.
Oí unos ruidos en el salón y de pronto sin más ni más sentí como el primer golpe llegaba a mi piel. Uno de los hombres había tomado la fusta y comenzó a darme golpecitos firmes pero suaves en el interior de los muslos y en mis redondas nalgas.
Otro de los hombres comenzó a tocar mis pechos y a morder los pezones. Cada vez más fuerte. Después de esto, me colocó unas pinzas que presionaban mis pezones, con la idea de que yo fuera poco a poco saboreando el dolor.
El tercero y cuarto hombre estaban tocando toda mi intimidad; metiendo y sacando sus dedos del ano y vagina, chupando, jalando y sobando mi clítoris y labios internos y externos, que en esta posición quedaban completamente expuestos y eran muy notorios.
Sentía gran placer que se combinaba deliciosamente con el dolor bien medido que me estaban proporcionando.
Confieso que nunca había tenido una experiencia de éste tipo. Ni conocía la sensación de dolor aunada al placer.
Estaba completamente mojada y con mis jugos que me mojaban la parte interna de los muslos. A este punto, los cuatro hombres estaban completamente listos con sus grandes y duras protuberancias que querían salir de sus pantalones. Lo sentía al roce de sus pantalones en mi cuerpo desnudo Comenzaron a desvestirse y quedaron totalmente desnudos con las grandes vergas completamente paradas.
Sentí que las cuerdas que tensaban mis brazos comenzaron a bajar, permitiéndome quedar inclinada hacia el frente donde una mano no supe de quien me tomo por el cabello me sujetaba firmementey me posicionaba, la cabeza encontrándose mi boca con la herramienta grande y dura que me estaba esperando. Comencé a mamar con gran placer.
También sentí algo frío que me untaban en la entrada del ano y abriéndome las nalgas comencé a sentir una gran presión; al mismo tiempo sentí una lengua caliente y húmeda que me acariciaba y presionaba queriendo penetrar en mi vagina.
El cuarto hombre cambió las pinzas de los pezones por unas con más presión. Sentí dolor y di un pequeño grito; sin embargo, con tantas manos tocándome de tan diferentes maneras el dolor se me hacía intenso pero soportable y me excitaba cada vez más.
La presión en el ano cada vez era mayor y sentía cómo se estaba dilatando su interior. Me estaba penetrando un tapón anal. De pronto sentí un dolor que me sorprendió cuando unas pinzas se agarraban de sus labios externos, dejando totalmente abierta la entrada de mi vagina, pues comenzaron a tensar las pinzas sujetas a un cordón que amarraron a cada uno de los extremos de la barra que sujetaba mis piernas.
Ya sin nada que bloqueara la entrada a la vagina, uno de los hombres tomó un consolador de la mesita de junto y eligió el más grande, de unos 25 cm. de largo y 16 de grosor, con vibración.
Primero sentí como la lengua húmeda tocaba nuevamente mi clítoris y entraba y salía de mi vagina acompañada de pequeñas mordidas y buscando penetrar cada vez más. Estas caricias aunadas al dolor de mis pezones, el tapón anal que me estaban metiendo y sacando por el ano que aún no penetraba completo dado al gran tamaño de éste, mamando la verga y todos mis sentidos exacerbados, me mantenían verdaderamente excitada.
De pronto comencé a sentir una gran presión en mi vagina y con gran excitación fui aceptando el gran consolador que me estaban metiendo. Al principio estaba aún bastante cerrada en su interior, pero con gran habilidad el hombre que me estaba masturbando fue logrando abrirla poco a poco y como consecuencia sentí enormes oleadas de placer.
Cuando tenía el consolador totalmente encajado, el hombre que lo controlaba decidió encenderlo, provocando en mi una sensación demasiado intensa, a tal punto que me era muy difícil soportar.
Ya con la parte interior de mis muslos y nalgas bastante sensibles y enrojecidos por los golpes recibidos, las piernas totalmente abiertas, las pinzas tensando mis labios vaginales que la dejaban completamente abierta, con el consolador vibrando entrando y saliendo de su interior, con pinzas en los pezones, mamando verga, las manos atadas, el tapón anal que al fin me penetraba completa con su enorme diámetro que comenzaba en 12 cm e iba aumentando hasta alcanzar los 16 y 17 cm de largo, yo sentía que no podía más.
Al momento sentí una descarga eléctrica que me sacudió y me hizo tomar conciencia nuevamente. Las pinzas en los pezones y labios estaban conectadas a una fuente de corriente. Yo me di cuenta realmente de mi situación. Era la esclava de los cuatro hombres y tenía que aceptar lo que ellos decidieran hacer conmigo. Estaba totalmente imposibilitada de renunciar desde el momento mismo que había llegado a esa casa.
Mis verdugos me advirtieron en ese momento que tenía que lograr la eyaculación de uno a uno en mi boca, por turnos de no más de 10 minutos cada uno. Si en este tiempo yo no lograba hacer que se vinieran me iban a castigar aplicándome una descarga de toques por cada minuto adicional que yo no lo lograra.
Pensé que me iba a ser difícil lograrlo en ese tiempo, ya que al tener las manos atadas sólo podía disponer de mi habilidad de mamadora.
Comencé con el hombre que me estaba masturbando con el vibrador, él metió nuevamente su gran instrumento en mi boca y comenzó a cogerme. Yo me esforcé en hacer un gran trabajo, otra vez lo recibí con gran placer en mi boca, lo metió hasta mi garganta, comenzó a meterlo y sacarlo aplicando más presión en la punta. Yo lo lamí y lo succioné, deseosa de poder tocar y acariciar las bolas y la base.
Por supuesto que los hombres que pusieron las reglas no tenían ninguna intención de terminar rápidamente. En verdad estaban gozando de la mujer que tenían para ellos y para su propio placer y obviamente querían prolongarlo lo más posible.
El tiempo voló para mí y de pronto sentí otra descarga en pezones y labios. Eran intensos; sin embargo, yo estaba preparada y dispuesta a dejarme llevar hasta donde ellos quisieran sin quejarme ni objetar, pero el dolor me hizo recordar que no sólo era placer, sino que seguiría siendo castigada si no cumplía a tiempo con mi tarea.
El dolor que sentía iba acompañado de una gran excitación. Yo pensaba en cómo lucía y que estaba totalmente expuesta en vagina, nalgas, ano, pechos y boca delante de cuatro hombres que ni siquiera había visto y que podían hacer conmigo lo que quisieran para hacerme conocer y llegar a mis límites. Ése había sido el acuerdo que yo había aceptado días antes y que ahora era una realidad que estaba viviendo intensamente.
Al fin, el primer hombre se corrió y un chorro de semen inundó mi boca y mi garganta. Tragué toda la leche y me ordenaron que tenía que dejarlo completamente limpio. Así es que con mi lengua fui limpiándolo y succionándolo hasta dejarlo nuevamente listo.
Con el vibrador entrando y saliendo de mi vagina sentí grandes deseos de tener un orgasmo , pero me habían advertido que no me estaba permitido. Cuando se me ocurrió decirlo a mis verdugos éstos me dijeron que sería severamente castigada por el sólo hecho de pensar hacerlo sin su permiso.
Al momento en que se colocó frente a mí el segundo hombre para cogerme por la boca, me sacaron el vibrador de la vagina. Entonces comencé a chupar, succionar, lamer y acariciar de la mejor manera posible el nuevo miembro que parecía aún más grande que el anterior, pues me resultaba más difícil aguantarlo adentro de mi boca. No me parecía más largo, pero sí más grueso y bloqueaba mi garganta.
Estaba haciendo un gran esfuerzo por tragármelo hasta la garganta sin ahogarme, cuando de pronto sentí un golpe firme con una pala plana en plena entrada de vagina y clítoris que me hizo brincar de sorpresa y dolor. A este primer golpe le sucedieron muchos más y me dejaban la entrada vaginal y clítoris con una gran sensibilidad y adoloridos, pero la respuesta de mi cuerpo fue que se me empezó a poner el clítoris duro; señal inequívoca de mi gran excitación.
Sin embargo, después de unos 30 golpes comencé a pensar que no podía aguantar más. Cada uno me parecía más inaguantable que el anterior y comencé a suplicar que no me dieran más, pero se me olvidó que tenía frente a mí una tarea que cumplir con tiempo limitado y de pronto sentí nuevamente los toques en pezones y labios que me recordaron mi estado de esclava total sin opción de renunciar a nada.
Me esforcé y concentré en hacer eyacular al hombre frente a mí, pero de pronto sentí otra descarga eléctrica y al mismo tiempo que un chorro de semen me azotaba la cara y boca.
Al igual que con el hombre anterior, tuve que asegurarme de dejarlo completamente limpio.
Con el tercer hombre tuve más suerte, pues logré terminar antes del tiempo establecido y no tuve sorpresas de castigos. Además, detuvieron los golpes que me estimulaban el clítoris y esta circunstancia me permitía relajarme un poco para no correrme.
El cuarto hombre fue otra sorpresa. En esta ocasión me ordenaron a sentarme en una silla que ellos me acercaron. Tenía las piernas totalmente abiertas y ellos le ayudaron poco a poco a bajar, hasta que fui sintiendo cómo a medida que me acomodaba para sentarme, una gran verga metálica quería penetrar en mi interior. Yo estaba totalmente abierta y sin embargo no podía lograr que entrara la inmensa verga que estaba firmemente sujetada a la silla.
Yo les sugerí entonces que cambiaran ese castigo. Pero los hombres no estaban dispuestos a hacerlo, habían hecho un acuerdo y ellos me iban a forzar a cumplir.
Después de muchos intentos sin éxito por clavarme en la gran verga, la levantaron nuevamente y sacaron de mi ano el tapón anal, frotaron mi clítoris duro y mojado y comenzaron a sentarme nuevamente en la gran verga metálica que con mucha excitación ahora sí lograba meter completamente en mi cavidad, y para mi sorpresa comenzó a moverse en mi interior con fuertes vibraciones.
Mientras esto sucedía, el cuarto hombre en mi boca gozaba de las deliciosa mamadas, y de pronto volví a recordar que me tenía que apurar si no quería más descargas en pezones y labios, pero ya era tarde.
En eso estaba cuando recibí nuevamente la descarga, pero esta vez el hombre que la impartía gozaba haciendo el castigo más largo para mí.
Esta vez yo grité y me retorcí pero seguí mamando hasta que el hombre terminó en mi boca casi ahogándome con la gran cantidad de leche y la tremenda verga que tenía, la más grande de todos, verdaderamente descomunal, con lo que me dejó con un fuerte dolor de maxilares por forzar demasiado para abrir y poderlo aceptar.
Cuando terminé de limpiar al cuarto hombre, me tomaron de la cintura y me levantaron nuevamente. Sentí un gran alivio, pues la gran verga metálica la estaba llevando al borde para correrme y sabía que si lo hacía sería nuevamente castigada.
Pero mi alivio duró muy poco, pues me levantaron y sacaron la gran verga de la vagina y me di cuenta que me esperaba un reto mayor. Esta vez mis verdugos querían probar mi capacidad por el orificio trasero.
Me inclinaron hacia el frente y sentí primero unos dedos húmedos que me penetraban, quizá dos ó tal vez tres, que luchaban por entrar en mi ano, presionaban y giraban dentro de mí, esforzándose por llegar lo más adentro posible. Después otros dedos se metieron también en mí, y entre las dos manos empezaron a tensar su entrada, queriendo hacerla más grande, jalando cada mano en diferente dirección.
También sentí dedos entrando y saliendo de mi vagina, jalando, sobando, acariciando mi clítoris y labios internos y externos y jugando con mis pechos.
Yo no podía menos que enloquecer de placer y pedía más y más. Esta entrega de mi cuerpo era algo que siempre había deseado, que jugaran sin límites con mi cuerpo, con mis orificios, sin medida, sin respeto y a estas alturas sin reservas ni vergüenza de mi parte.
Los hombres notaron que yo estaba en un estado de excitación máximo y decidieron que era el momento de llevarme otra vez al límite.
Sacaron sus manos de mi ano y comenzaron a sentarme en la gran verga metálica. Yo nunca había recibido algo tan grande ni por vagina ni por ano, y si le había sido tan difícil por la vagina no podía menos de estar preocupada de solo pensar si iba a poder ser capaz de comerme semejante herramienta por mi orificio trasero.
Como de cualquier manera no tenía alternativa decidí que era mejor relajarme y tratar lo mejor posible de aceptar lo que me esperaba.
Los hombres encendieron la verga metálica y yo comencé a sentir como penetraba poco a poco en mi ano. Ellos me iban sentando y levantando para permitir que me abriera y me excitara lo suficiente para que no me fuera tan doloroso y lograra aceptarlo todo. Al mismo tiempo sentía cómo los hombres que me trabajaban en clítoris, vagina y pechos seguían acariciándome, sobándome y mordiéndome con gran maestría.
Yo me sentía tan excitada como nunca en mi vida, a la vez que el dolor en mi ano se intensificaba cada vez más, mientras más avanzaba la penetración con la gran verga metálica.
Yo jadeaba, gritaba, y ya no podía más, estaba a punto de correrme y no me era permitido, enloquecía de dolor y placer y los hombres seguían manejándome con un movimiento hacia arriba y abajo penetrándome cada vez más.
Cuando estaba casi totalmente encajada, me dejaron caer sentada y quedé con la verga metálica totalmente clavada en mi ano. Esto me hizo gritar por el intenso dolor, que se me confundió al momento de sentir otra vez la corriente eléctrica en pezones y vagina.
Creí que esto era más de lo que yo jamás imaginé poder soportar. Sin embargo, ésta parte de la prueba había terminado. Me quitaron las pinzas de pezones y labios y me desamarraron las muñecas y los pies. Me ayudaron a levantarme poco a poco y se me fue liberando de la enorme verga que me atravesaba.
Era un gran momento de descanso y moviendo mis manos y piernas me sentí más relajada.
Con todo lo que me habían hecho sentí que mi cuerpo estaba al nivel máximo de sensibilidad. Aunque era evidente mi alto grado de excitación, yo me preguntaba temerosa qué nuevas experiencias probaría esta noche. Y en efecto, me estaba esperando otra difícil prueba.
Ahora me condujeron hacia la plancha rectangular y angosta y me acostaron boca abajo, con la cola más en alto y totalmente abierta y amarraron mis tobillos a las patas de la plancha, quedando con las piernas bien abiertas aunque no totalmente tensas.
Ellos buscaban que yo sintiera lo más posible, para eso estaban ahí, así es que en esta posición me fueron metiendo cubos de hielo por el ano y vagina y así lograron que yo estuviera cerrada nuevamente.
El frío del hielo me sorprendió y me dio una agradable sensación que nunca había sentido, a la vez que el hielo cumplía con el propósito de cerrar mis orificios.
Ellos limpiaron el agua que salía y escurría de mi ano y vagina, y aprovecharon para dejarme totalmente limpia otra vez.
Ya que estaba lista, se colocó uno de los hombres debajo de mí y me penetró con su hermosa herramienta dura y gruesa, mientras otro de ellos comenzó a meter su lengua por el ano.
El tercero se colocó a la altura de mi cabeza y me indicó que comenzara a mamar nuevamente su verga erecta.
Sentí un gran placer y el hombre que me chupaba el ano, ahora también me metía y sacaba los dedos que de vez en cuando también forzaban la entrada de la vagina, donde se encontraban con la otra gran verga.
Esta sensación de manos y vergas me tenía loca otra vez y nuevamente yo pedía más y más.
El hombre que chupaba mi ano decidió meterme su dura herramienta, la más grande de todas y yo comencé a sentir como poco a poco lo abría esta inmensa espada caliente que aunque me provocaba dolor yo deseaba aceptar completa.
El dolor desapareció y solo quedó el placer. Empecé a acostumbrarse a esta sensación y al movimiento de los hombres entrando y saliendo de mi boca, vagina y ano, pero faltaba el cuarto hombre y él también estaba listo y dispuesto a gozar de mí.
En este momento él se unió al hombre que me penetraba por el ano y comenzó a forzar mi entrada vaginal, que ya estaba ocupada por la otra gran verga. Aun así, poco a poco fue abriendo camino en el interior de mi vagina.
Yo me sentí tan llena de vergas que pensé que me iban a reventar. Era doloroso, pero acompañado de una excitación en ese momento indescriptible.
Chupaba y succionaba con más fuerza la verga que tenía en la boca, sentía una locura dentro de ella, sensaciones jamás imaginadas. Jadeaba, gritaba, gemía, suplicaba. No sabía cómo entregar más de mí al placer y a estos hombres que me hacían enloquecer como nunca imaginé.
Así pasaron un gran rato cambiando posiciones, hasta que se me permitió correrme, en el mejor momento, pues ya me era imposible aguantar más.
Fue un orgasmo intenso y prolongado acompañado de fuertes espasmos en el ano y vagina.
Con mis fuertes contracciones, los cuatro hombres también se corrieron. Recibí con gran placer toda la leche de ellos por todo mi cuerpo; en la boca, culo, vagina. Estaba toda llena de semen, sudor y de mis propios jugos vaginales.
Me sentí muy cansada y pensé que ya iba a poder descansar, que tal vez ya su noche había terminado, pero me equivoqué.
Estaba inmersa en mi agotamiento y mis pensamientos, cuando sentí que me desamarraban los tobillos todavía sujetos a la plancha.
Era una mujer, que me conducía a darme una ducha y dejarme nuevamente lista.
Sin quitarme la venda de los ojos me lavó la cara que tenía toda escurrida de semen, me frotó los pechos con los pezones duros, sensibles y adoloridos por las pinzas y me jabonó todos mis orificios, ya adoloridos, con gran habilidad.
Con el baño, sin la lubricación de semen y jugos vaginales yo volví a quedar bastante cerrada.
La mujer me condujo a la mesa redonda giratoria del tamaño suficiente para que yo apoyara sólo desde el cuello hasta las nalgas. Quedaba con la cabeza semi colgada hacia atrás y las rodillas dobladas hacia arriba.
En esta posición me sujetó los pies abiertos, de manera que nuevamente quedaba totalmente abierta y para ser usada al capricho de todos.
Ahora me dejaban las manos libres, pero aunque tenía cierto movimiento en las caderas, no podía levantarme ya que me sujetaron el cuello a la mesa con un collar. Escuché, ya en esta posición, que la mujer me ordenaba que la chupara.
A mí nunca me pasó por la cabeza la posibilidad de esta situación. Yo nunca lo había deseado, y en las ocasiones en que mi marido Luis me lo había sugerido, siempre rechacé esta posibilidad.
Conociendo mi indefensa posición traté de obedecer, pero al primer contacto de mi lengua con la vagina de la mujer, me negué a seguir.
La mujer giró entonces la mesa y comenzó a jugar con mi cuerpo. Empezó a chuparme el clítoris, a morderme los labios, a meter los dedos profundamente en mi vagina. Pellizcaba y jalaba con fuerza de mis pezones, metía la lengua por mi ano, lo fue abriendo suavemente y le metió dos dedos y luego tres. Giraba los dedos dentro de él. Y comencé a sentirme muy excitada y agradecida con la mujer por el placer tan grande que me estaba proporcionando.
Entonces, yo misma, sin darme cuenta cómo, me ofrecí para chuparle la vagina y clítoris y hacerla gozar en reciprocidad.
Era una sensación totalmente extraña y desconocida para mí. Yo enloquecía mamando vergas, pero nunca había probado con una mujer.
La mujer, igual que ella, no tenía vello, así es que era cómodo morder, chupar, meter la lengua. Yo comencé a darle verdadero placer a esta mujer.
Mientras tanto, los hombres tomaban una ducha y un pequeño descanso.
Platicaban y planeaban entre ellos. Solo alcanzaba a oír el murmullo, pero ellos tenían a la vista lo que yo hacía.
La mujer se separó de mí y se acercó a la mesita. Sentí algo grande, duro y frío que presionaba la entrada de mi mojada vagina. No acertaba a adivinar qué era. Parecía un consolador muy grande, pero su textura y frío me hacían dudar.
La mujer que me estaba masturbando había preparado dos grandes pepinos bien fríos, uno más grueso que el otro. Aunque yo estaba muy mojada y algo abierta por los dedos que me penetraban, no lograba aceptar en mi interior ésta gran verga verde que trataba de penetrarme.
La mujer comenzó a chupar y morder mi clítoris y a meter y sacar rítmicamente el pepino haciendo más presión cada vez. La sensación de frío de esta verga me hacía sentir más y más deseosa y ardiente. Poco a poco la mujer fue logrando abrirla lo suficiente y meterlo casi en su totalidad.
Ahora tomó el segundo pepino con la mano izquierda mientras que tres dedos de la derecha los introducía, mojados de saliva, en mi ano.
Era una sensación deliciosa para mí. Físicamente estaba totalmente entregada y mentalmente yo deseaba más, pues sabía que me estaba preparando el ano para algo más.
Al sentir la mujer mi ano suficientemente abierto retiró los dedos y comenzó a meterme el segundo pepino, que era más grueso que el primero.
Con gran habilidad la mujer comenzó a chuparme el clítoris y a hacerme presión en el ano y a meter y sacar la gran verga de la vagina.
Al fin, entre quejidos de dolor y de placer, yo comencé a comerse la gran verga por mi orificio trasero.
Esa noche yo había vivido las más intensas y desconocidas sensaciones de mi vida. Placer y dolor extremos que nunca imaginé que pudieran llegar a excitarme a estos niveles.
Habían sabido aplicarme las dosis suficientes de dolor al punto de casi lograr quebrantar mi voluntad y hacerme llegar a los límites, pero de pronto todo cambiaba y le daban a mi cuerpo el placer más inimaginable que jamás pensé que podía existir.

Justamente me encontraba en un momento de quebranto de voluntad, cuando escuché a los hombres acercarse hacia mí.
Me ordenaron nuevamente que tenía que mamarle a todos sus ya limpias, descansadas y bien paradas herramientas, pero ahora contaba con las manos y la boca, y para mi sorpresa tenía que adivinar cuál era la de Luis, mi marido, que todo el tiempo había estado ahí y era uno de mis cuatro verdugos.
Así fue como sucedió, todo había sido planeado por Luis. Él deseaba satisfacer todas las locuras y fantasías que yo tenía, que él había creado en mi mente y mi cuerpo.
Pues así, ahora yo tenía que reconocer el gran instrumento de mi marido, de lo contrario recibiría 30 golpes con un cinturón.
Mientras yo mamaba y me esforzaba con boca y manos por reconocer a mi marido, los demás hombres mordían y jalaban mis pezones y mi clítoris. Sacaron los pepinos que ya me dejaban lista para lo que me esperaba, y en su lugar fueron metiendo sus hermosas vergas duras.
Sentí el delicioso calor de una de ellas penetrando mi ano. Era una sensación deliciosa, pues el dolor que me causaba el gran pepino terminó de inmediato y ésta era adecuada al tamaño de mi orificio trasero.
Aunque yo me esforzaba y trataba de concentrarse, no lograba adivinar cuál era la de Luis.
El tiempo se acabó y era el momento de cumplir el castigo. Me desataron la correa del cuello y de los tobillos. Me bajaron de la mesa y me obligaron a agachar sobre mi estómago en un pequeño taburete con las piernas abiertas.
Todavía con los ojos vendados fui castigada personalmente por Luis, quien hasta había apostado que yo sí sería capaz de reconocerlo, como siempre le había dicho. Me propinó 30 cuerazos en las nalgas y piernas.
Después de esto, fui llevada a una cama amplia, donde al fin pude recostarme. Estaba adolorida de todas mis partes y con las nalgas y piernas enrojecidas, pero nuevamente estaba muy excitada.
Los mismos cinturonazos me habían hecho excitar más, sobre todo cuando la punta del cinturón rozaba mi entrada vaginal, cosa que Luis hizo con gran frecuencia e intención.
Ya en la cama, uno de los hombres se acostó y los otros me clavaron a su verga.
Luis quedó parado frente a mí con su gran instrumento en mi boca y así comenzaron a excitarme, manosearme, a hacer que me mojara y pidiera más.
Me metieron los dedos por el ano, entraban y salían y cambiaban posiciones, chupaban mi ano y frotaban mi clítoris.
Cuando empecé a pedir con desesperación que cogieran por el ano, se colocó uno de ellos y me penetró. Sentí delicioso y comencé a moverme rítmicamente al paso de ellos. De pronto sentí una gran presión en mi orificio trasero ya ocupado, cada vez más intensa y con gran dolor, casi insoportable, y comencé a pedir que se detuvieran, pero no estaban dispuestos a hacerme caso.
Ésta era la prueba final para mí y me iban a forzar a vivirla, para esto me habían preparado por tantas horas.
El cuarto hombre siguió presionando fuertemente la entrada de mi ano, hasta que al fin logró penetrarlo también.
Estaba siendo cogida por cuatro grandes vergas; una en la boca, que era la de Luis, él siempre me había querido ver así; otra estaba clavada en mi vagina y dos por el ano, y una mujer frotaba y pellizcaba mis pezones y mi clítoris.
Ahora sí sentía que su ano iba a reventar, sentía gran dolor y un tremendo placer.
Con todas estas sensaciones y caricias ya no pude aguantar más y me corrí con una intensidad como nunca en mi vida sintiendo grandes contracciones vaginales y anales y una oleada obscura pasaba por mi cabeza, mi respiración era tremendamente agitada, estaba toda sudada, mi vagina empapada al igual que mi ano y no quería que mi intenso orgasmo terminara.
Sin embargo, los hombres no se corrieron, así es que yo seguía recibiendo vergas por todas partes.
Agotada como estaba tenía que seguir respondiendo con mi boca y caderas al movimiento rítmico de los cuatro hombres. Así me mantuvieron por un largo rato otra vez, hasta que me excité tanto que deseaba volver a venirme.
Con las caricias y pellizcos de su clítoris y todos penetrándola, alcancé otro orgasmo de la misma intensidad que el anterior. Después de tantas horas de ser cogida y usada de tan diferentes maneras, en estos momentos ya enloquecía y gritaba de placer y movía mi cuerpo frenéticamente recibiendo y dando todo lo que podía.
En esta ocasión mis espasmos hicieron que los hombres se corrieran en mi ano, vagina y boca, quedando totalmente abierta, llena de semen y escurriendo por todos mis orificios.
Finalmente, me ordenaron que tenía que masturbar a la otra mujer hasta hacer que se viniera.
Sin poner ninguna objeción, me apliqué intensamente y cumplí con mi tarea con gran habilidad, chupándole y mordiéndole el clítoris, metiendo y sacando los dedos al mismo tiempo en su ano y vagina, succionando sus labios, metiendo mi lengua por ano y vagina, tocando los pezones, jalándolos y pellizcándolos.
Así, hasta que la mujer se corrió intensamente, agradeciéndome mi gran dedicación para complacerla.
Yo me quedé profundamente dormida por espacio de doce horas, cuando desperté empezaba a anochecer y estaba en mi cama acostada.
Cuando logré abrir los ojos Luis me dijo "¡Qué putita eres Laurita, me encantas!".
Y así fue como Luis me dio el mejor regalo de su vida, un regalo que nunca iban a olvidar.
Yo aprendí a conocer y manejar el placer más intenso acompañado de dolor intenso. Estuve por renunciar varias veces, pero finalmente logré conocer mis límites y saciar mi necesidad de ser cogida en todas las formas inimaginables por cuatro hombres, tres de los cuales nunca vi.

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