Mi nombre es ANGELICA, y es real y de pila mis apellidos no interesan, de hecho, carecen de toda importancia, total, a mi me llaman como mi amo desee que me llamen. Porque, en efecto, soy una esclava, una perra, un objeto, y como tal tengo un dueño que puede disponer de mí como mejor le plazca. No siempre lo fui, una vez tuve un esposo amable y amoroso, cariñoso, responsable, lindo para describirlo en una sola palabra, era un sol conmigo, el marido perfecto, Fernando se llamaba. Pero ya no, y de eso, aunque no ha pasado mucho tiempo, ya casi no me acuerdo… bueno, por lo menos me empeño en pretender que es así, eso me ayuda a sobrellevar mi situación. Saber que mis dos hijos preciosos y mi amado marido, a quienes extraño a rabiar, están bien gracias a mi sacrificio, es mi único consuelo.
Quiero contarles cómo fue que................... me convertí en la esclava sin voluntad que soy ahora, los invito a acompañarme en esta historia…
Recuerdo el motivo que me orilló a esto y no me arrepiento. Me casé con Fernando a los 20 años, él tenía 26, confieso que fue apresurado pero las circunstancias lo exigían, estaba encinta. De todas formas estaba segura de estar yendo al altar con un hombre que siempre velaría por mi y mis hijos. Y no me equivoqué, desde el inicio me demostró que lucharía por tenernos bien, por lo que yo me limité a hacerme cargo de las labores del hogar y decidí convertirme en la mejor esposa que un hombre pudiera tener, la más amorosa, la más responsable y hacendosa, y la mejor amante. Así pasamos 4 años de felicidad y trajimos al mundo a 2 bellos hijos, una nena de 4 y un nene de 2.
Sin embargo la vida da vueltas, las cosas cambian, nada queda incólume. Teníamos más sueños que recursos pero no nos importaba, creíamos que con nuestro amor podríamos contra cualquier obstáculo. Sin embargo, pronto y con dolor descubrimos que no todo se resuelve así, hace como un año tuvimos un accidente en que dejó a nuestro pequeño Fernando hijo gravemente lesionado, quedó cuadripléjico. Buscamos préstamos, ayuda en hospitales y con doctores, pero nada, nadie nos daba esperanzas, nuestro pequeño estaba condenado. Y para empeorar las cosas, en su trabajo hicieron recorte y mi Fer se quedó en la calle, agravando nuestra ya desesperada situación.
Pero entonces apareció un extraño hombre llamado Marvin Batres que trabajaba para un hombre que estaba dispuesto a darnos ayuda a cambio de algo. Nos dijo que poseía un tratamiento experimental que podría salvar a Fernandito, lo cual era cierto, pues tras la primera dosis vimos resultados alentadores, aunque aun debería pasar mucho tiempo antes de recuperarse por completo.
No hubo más que pensar, ese tipo tenía la cura de nuestro nene y la teníamos que conseguir, por lo que aquella noche ahí estábamos, sentados en silencio, algo asustados pues aun no sabíamos lo que quería a cambio y temíamos que el precio fuese muy alto, no podíamos imaginarnos cuanto. Igual no importaba, de ello dependía la vida de nuestro hijo.
Bueno señores, el señor David son los verá ahora… – Marvin anunció y nos condujo a un salón amplio, con ventanales, pintado de blanco y sin muchos detalles, un hombre negro estaba sentado a la cabeza de una mesa larga con 2 mujeres de pié a su lado, asumí que eran secretarias aunque a mi me parecieron putas – Sr. Davidson, le presento a los Lozano…
Buenas noches… – respondimos a coro Fer y yo.
Buenas noches señores, por favor, tomen asiento… muy bien… entiendo que el tratamiento está siendo satisfactorio… aunque solo ha sido la primera dosis.
¡Si, si, – dije nerviosa y entusiasmada – y no sabemos como agradecerle…!
No se preocupe, yo sí sé… – nos quedamos callados de inmediato, aquello no se oyó alentador – han aceptado mi oferta de ayuda y la han recibido, es justo que paguen ahora…
Este si… por supuesto… pero, tenemos dudas sobre lo que implica… – interrumpió Fer.
…¿y es eso importante? En realidad es irrelevante, considerando todo lo que voy a hacer por ustedes. Tienen un hijo enfermo que necesita de un tratamiento especial, el cual pagare yo y ustedes me lo retribuirán de… otras formas.
Fer y yo nos volteamos a ver, las cosas no se veían bien, él sabía que no podíamos negarnos, el tratamiento era indispensable para que nuestro hijo viviera. Nosotros no éramos de andar en cosas raras y me daba miedo pensar en lo que nos pediría a cambio.
¿Qué es lo que quiere? – preguntó mi esposo con todo el aplomo que pudo sacarse.
Muy bien, los detalles… antes que nada quiero que sepan que estoy grabando esta reunión, es solo para poder probar que ustedes estuvieron de acuerdo en todo y que yo no los obligué a nada. Ahora vamos a lo que nos interesa, a cambio de mi ayuda espero de ustedes un sometimiento completo a mi voluntad por el tiempo que dure el tratamiento, que dicho sea, puede ser mucho. Mientras tanto, dispondré de ustedes como me plazca. – Callamos, eso no era lo que pensábamos – Recuerden que se trata de la vida de su hijo, si creen que pueden ayudarlo por su cuenta pues solo digan que no… y como creo que lo tienen que considerar los dejaremos solos un momento. Pueden entrar al salón que esta a su izquierda y platicar a gusto. – sin decir nada, casi sin vernos a las caras, nos pusimos de pié como un par de zombis y entramos al salón, inmediatamente me refugié en sus brazos y Fer me abrazó con fuerza.
Amor… amor… ¿qué vamos a hacer mi amor? – le pregunté.
Trabajar, trabajar Pame… este hombre es un degenerado… no quiero ni pensar en lo que te podría hacer. – me respondió, él, siempre tan prudente.
Pero es el tratamiento del bebé… si no hasta se nos puede morir Fernando…
Pero, pero… es que…
Además ahorita no tienes trabajo y no podemos esperar. – Fer bajó la cara abatido – Amor, yo hago lo que tú digas… tu sabes bien eso… – le dije, dejándole todo el peso de decidir.
Así era yo, fiel, abnegada y entregada, confiaba ciegamente en su buen juicio, siempre lo dejaba tomar las decisiones difíciles. ¡Estúpida de mi, lo dejé cargar con el peso de mi sentencia, la cual yo sola elegí tratando de dejarlo a un lado! Fer dudaba, temía lo que ese hombre pudiera hacernos, especialmente a mi. Pero no teníamos alternativa, por mucho que los 2 trabajáramos no podríamos pagar ese tratamiento. Entonces volvió a subir la cabeza con expresión derrotada y dijo con voz apagada \"hagámoslo\" y salimos entonces del saloncito.
Aceptamos sus condiciones… – le dijo al Sr. Davidson, quien nos dedicó una sonrisa retorcida.
Bueno, bueno, vamos a empezar… necesito examinarlos para saber cómo están… señor Lozano por favor, quítese la ropa…
Me quedé sorprendida de esa petición, no me lo esperaba, pensé que sería yo la que tuviera que hacer algo así. Me dio asco pensar que el tipo era del otro lado y temí por mi esposo. Me quedé muda y pálida al ver que Fer se desabotonaba la camisa, pero ¿qué más podía hacer? El pobre se moría de la vergüenza pero al final se despojó de todo, al mismo tiempo que Davidson le dictaba a una de sus secretarias, refiriéndose a Fer como a alguna especia de cosa.
Es un hombre de 30 años, más o menos de 1.80 mt. de altura, cuerpo delgado aunque de complexión atlética y con una musculatura desarrollada, seguramente hace mucho ejercicio… vellosidad abundante en piernas, brazos y pecho. Nariz pronunciada y de regular tamaño, ojos verdes, cabello castaño lacio… me parece que tiene potencial… ¿Marvin?
Si, creo que es un atleta y un hombre bastante apuesto… ¿no lo cree Señor?
Si, sin duda es bien parecido, tiene el material, solo necesito retocarle detalles. Ahora veamos su sensibilidad… señor Lozano, colóquese de espaldas contra la mesa.
Pero… ¿para qué?
Señor Lozano, comprenda que de ahora en adelante, usted solo deberá limitarse a seguir mis órdenes. Recuerde que usted aceptó el trato, a sabiendas de todo lo que podía pasar. – Fer se apoyó sobre la mesa, tragándose su orgullo, y de inmediato Marvin le jaló las manos desde atrás y las esposó a una cadena que salía de debajo de la tablero, inmovilizándolo, yo traté de avisarle pero no me di cuenta a tiempo – Señorita Godínez, por favor, proceda…
La tal Godínez era una de sus secretarias, alta, morena, trompuda y chichona, parecía vaca y se veía muy vulgar. Se agachó parando el culo que casi se le salía de la faldita además que vestía unos tacones exageradamente altos agarró el pene de mi esposo y lo empezó a lamer despacio y se lo metió entero a la boca. Y yo miraba llena de horror, jamás pensé ver el pene de mi esposo en otra boca que no fuera la mía… aunque, de hecho, yo nunca le había hecho sexo oral, me daba pena y él nunca me insistía demasiado.
Vi a mi esposo luchar, pero no pudo evitar que se le pusiera dura, esa puta era muy buena. Se lo metía casi entero, lo chupaba con fuerza y abundante saliva, sacándoselo despacio y jugueteando con su lengua sobre su glande. Y gozaba, gozaba con la mamada de esa, yo tenía los ojos mojados y tristes, y me puse peor cuando no me pudo ver más a la cara y se volteó hacia el otro lado. Yo sabía que era inevitable, que no podía dejar de sentir algo de placer con una mamada tan buena, pero no lograba dejar de llorar, aunque sollozaba en voz muy baja para que no me oyera.
Pero por más que trataba no lograba convencerme ni comprenderlo, estaba disfrutando, lo sabía por su respiración agitada y entrecortada. Y luego vino lo peor, la tal Godínez empezó a dibujar círculos alrededor de su ano con sus dedos y Fernando se estremeció. \"Le molesta\" pensé, Fer, por su educación conservadora, debía sentir que eso era una asquerosidad y que solo los gays y degenerados lo hacían. Primero fue su índice, que despacio iba empujando hacia adentro luego de ensalivárselo. Logró meterle la punta, puyó varias veces y se lo sacó, pero inmediatamente volvió a la carga, tan solo se lo ensalivó más y esta vez con 2 dedos, el índice y el medio, se los introdujo en el orificio anal de un fuerte empujón.
¡¡OH, Dios mío!! – exclamó mi amor cuando los sintió entrar y sin querer volteó a verme, él tenía los ojos y la boca muy abiertos, descubrí que también lo estaba disfrutando.
Jamás me sentí tan humillada, mi marido ni siquiera podía disimular el placer que esa mujer le daba. Y me sentí peor aun cuando ya no pudo soportar el placer y terminó en la su boca de esa mujerzuela en medio de un fuerte espasmo que lo sacudía entero. Apenas si logro controlar sus gemidos y jadeos, pero su cuerpo sudoroso y su respiración agitada y profunda lo delataban.
Otra vez no me pudo sostener la mirada, volteó la cara y continuó resoplando.
¿Qué fue eso?, casi fue como darme cuenta que no conocía a mi esposo realmente, era casi peor que si se hubiese cogido a esa mujerzuela. Prácticamente lo habían obligado, ¿cómo le pudo gustar? Y lo que era peor, ¿cómo pudo disfrutar tener un par de dedos metidos en el ano , dónde estaba su hombría? Acabé viendo llena de rabia y dolor a esa puta relamiéndose y tragándose su semen.
El señor Lozano tiene potencial… – dijo el negro, devolviéndonos a la realidad – ahora veamos a la señora… – me estremecí al oír eso.
¡Eso no! ¡A ella NO ………déjenla! – protestó Fernando y empezó a patalear.
Marvin, por favor, ya no quiero escuchar al señor Lozano. – sin poderse defender, Marvin le puso una mordaza – Ahora bien señor Lozano, tanto usted como su esposa aceptaron el trato, por lo que estos arranques de cólera no serán tolerados nunca más. Por favor, sírvase tomar nota de esto. Señora mía, por favor quítese la ropa. – me empecé a desnudar temblando y llorando a mares, tenía mucho miedo de lo que me pudieran hacer – Es una mujer de 24 años y entre 1.65 y 1.70 mt de estatura. Su piel es blanca y su cabello castaño y lacio, lo lleva hasta media espalda su rostro es de rasgos finos y armoniosos, bello a la vista. Exhibe una delgadez considerable, no obstante es esbelta, de muy buena cadera y nalgas y de proporciones elegantes, con senos de tamaño apropiados, pero redondos y firmes y glúteos turgentes de buen tamaño, puede que su complexión sea así.
Mientras le dictaba eso a su otra secretaria, palpaba mi piel con sus enormes manos como si fuese una vaca o un animal en exhibición. Yo me dejaba, llena de miedo y temblando mientras Fer se revolvía, impotente por no poder zafarse, hasta se le salían las lágrimas.
A mi me parece una hembra bastante buena… habría que hacerla ganar peso, ¿no le parece?
Si Marvin, estoy de acuerdo…
El negro me empujó y me empinó sobre la mesa, me obligó a estirar los brazos al frente y que no los moviera de allí, y yo lloraba y lloraba. De pronto la tal Godínez se agachó y se puso a lamerme la vagina al mismo tiempo que el negro me pasaba sus manos sobre la espalda, acariciándome despacio y sonriendo torvamente, la otra tomaba nota de todo. Me sentía asqueada, nunca antes una mujer me había tocado así y me sentí morir, pero no me atreví a moverme ni un centímetro.
Señor Lozano, veo que no le agrada lo que estoy haciéndole a su esposa… así es mejor, más diversión para mí… – dijo con un dejo enfermo en su fría y sarcástica mirada – Y usted señora, deberá aprender a disfrutar esto, de la dulce lengua de mi colaboradora recorriendo todo lo largo de su sexo… siéntala, disfrútela… ¿está húmeda, tibia, es suave? Dígame lo que sienta, que no le importe que aquí esté su esposo que a el no le importó que usted estuviera presente cuando terminó en la boca de la que ahora la está llevando al éxtasis a usted.
¡Y vaya si lo estaba haciendo!, sentía su húmeda y caliente lengua recorrer mi sexo, chupándolo y sorbiendo mi creciente humedad. Me sentí horrible, era una aberración que estuviese disfrutándolo y me sentí peor al recordar que nunca había dejado a Fer hacerme eso, de nuevo por mi timidez y prejuicios. De repente la mujer paró y el negro me tomó y me arrodilló frente a su pene, que en una firme posición horizontal, se bamboleaba entre sus piernas un tremendo falo negro, brilloso, de un grosor y longitud impresionantes, no menos de 25 cm.
Me parece que la señora no ha realizado nunca una felación, ¿me equivoco? – le preguntó a Fer solo para torturarlo, pues lo tenía amordazado y no podía hablar, entonces, puso su pene sobre mis labios y comenzó a restregarlo sobre ellos, tratando de abrirlos.
Señora, abra la boca y empiece a chuparlo por favor. Su esposo no la puede ayudar en este momento… además, le recuerdo que aceptaron el trato. Ahora, abra la boca…
¡Fernando… perdóname! – le dije y dejé entrar aquel falo dentro de mi boca.
Cubierta de llanto, empecé a lamer y a chupar su pene negrísimo, siguiendo las instrucciones que él mismo me daba al mismo tiempo que le dictaba a la secretaria. La tal Godínez estaba arrodillada detrás de mí, acariciándome, sobándome y amasándoselos los senos. Me tuvieron así por varios minutos en los que yo no paré de llorar. \"Ahora llora señora, pero mañana se la va a pedir al señor Davidson\" me repetía ella. Entonces ocurrió lo que más temía, Davidson me levantó y me acostó boca arriba en la mesa, me abrió las piernas y colocó su pene en la entrada de mi vagina. Fernando se puso histérico, jaloneaba violentamente para tratar de liberarse, pero era inútil. Lo volteé a ver, y con toda la dulzura que pude le dije: Fernando, te amo… siempre te amaré y serás el único en mi corazón… acuérdate, es por nuestro hijo…\", y en ese momento, Davidson me penetró.
Lancé un plañidero grito de dolor y traté de empujarlo, pero Marvin me inmovilizó de inmediato. Recuerdo la cara del negro desfigurada en muecas de placer mientras su inmensa y durísima tranca horadaba y barrenaba salvajemente mi delicada gruta, que hasta ese momento no conocía más hombres que mi amado esposo. Yo no podía hacer más que gritar y pedir piedad, pero no la recibía, al contrario, mi sufrimiento aumentaba el placer de ese tipo
¿Quiere que saquemos a su marido señora? – me preguntó.
¡S…! ¡Si! – contesté, por lo menos así me ahorraría la vergüenza de ser violada frente a Fer.
Sin demora Marvin sacó a rastras a Fer de la habitación mientras yo le gritaba que lo amaba, la puta de la Godínez salió poco después, luego cerraron la puerta y mi tormento siguió. El negro continuó hincándome ferozmente su gran palo, parecía un potro desbocado. Sin embargo algo más pasó, poco a poco ese terebrante dolor fue dando paso a otro tipo de sensación, un leve cosquilleo, casi imperceptible, pero que yo sabía que estaba allí, no sabía de qué se trataba.
Davidson no se demoró mucho dentro de mí, aunque la verdad yo sentía que fue una eternidad. Apretando fuerte los dientes y emitiendo una especie de rugido gutural, que casi de inmediato se convirtió en un poderoso rugido de placer. Me sacó la verga y me jaló con fuerza haciéndome caer al suelo. Allí, con la cara frente a su poderoso miembro, recibí un verdadero torrente de semen espeso y viscoso, exageradamente abundante, que me llenó el rostro por completo. Luego se quedó quito, resoplando agitadamente, yo no me levanté, de hecho no sabía a ciencia cierta lo que me acababa de pasar, estaba en shock.
Sin embargo a los pocos minutos la otra secretaria hizo que me parara y me dio mi ropa en las manos, luego me sacaron del salón. Ahí estaba mi marido, aun revolviéndose con su pene flácido en los labios de la perra de Godínez. No lo pude ver a los ojos y empecé a llorar profusamente. Davidson tomó la palabra.
Señores, estoy satisfecho, creo que son un par de perras con mucho potencial… y créanme que se los voy a sacar. Acabo de dar instrucciones para que les abran una cuenta bancaria en donde, semanalmente, les depositaré el dinero que necesiten para costear el tratamiento de su hijo. Mientras tanto me pertenecerán el tiempo que sea necesario a partir del día de hoy… vamos señora, continuemos…
¡¿A dónde la lleva?! – le gritó mi esposo desesperadamente.
A donde a mi se me de la gana señor Lozano, entiéndalo. Y la devolveré cuando yo lo crea… necesario
¡¿Qué le van a hacer?! – pregunté en un sollozo.
Nada señora… bueno, nada si él decide dejarse conducir en paz por mis guardias. – Lo volteó a ver – Espero que no les de problemas…
Me rodeó de la cintura y me llevó fuera de la habitación, dejando a mi marido solo y gimiendo a través de la mordaza. Tan solo logré voltearme en el lindero de la puerta para decirle \"Fernando, te amo… siempre te amaré y serás el único en mi corazón… acuerdate, es por nuestro hijo…\". Llegamos al elevador y bajamos, en ningún momento me dejó vestirme, ni tan siquiera limpiarme el semen de la cara. \"Deberá acostumbrarse a él señora\" me dijo, el Sr. Davidson era tan educado y cortés como intimidante. Llegamos al sótano del edificio y salimos, yo no quería, pero Davidson no era alguien que aceptara un no como respuesta… sobre todo de alguien que había decidido convertirse en su esclava. Con una mirada le indicó a Marvin que me obligara a caminar si fuese necesario.
Permítame recordarle sus propias palabras señora, \"…es por nuestro hijo…\". – maldito, usó lo último que le dije a mi esposo antes que me llevara en mi contra.
Pensando en mi pequeño hijo inmovilizado y postrado en su camita respiré profundamente y avancé con paso vacilante, sentía que todo el mundo me estaba viendo, aunque por fortuna no había nadie a nuestro alrededor. Llegamos hasta una............. lujosa Hummer negra con detalles en gris plateado, en donde un corpulento guardia nos esperaba. Davidson me volteó a ver, con una amplia sonrisa en los labios.
Angelica, póngase contra mi vehículo con las manos sobre el capó. – sin saber porqué le obedecí y él, con los pies, me separó las piernas para dejar libre el paso a sus manos que empezaron a recorrerme todo el cuerpo, mi espalda, mis pechos firmes y turgentes, mi vientre, mi cabello, y yo sentía asco con aquellas caricias.
Me gusta mucho su cuerpo, es usted una perra buenísima… ahora quiero que se caliente como una puta.
¡Pero… estamos en un lugar público…!
En efecto, pero no veo a nadie a nuestro alrededor y así es más emocionante. Quítese la ropa. – increíblemente obedecí de nuevo, quedándome únicamente en interiores – Muy bien, muy bien… pero necesito cerciorarme de algo. – y pasó sus manos sobre mis pechos sobresaltándome – Tranquila, tranquila, que solo estoy examinando la mercancía. – ¿mercancía?, si, solo eso era para ese hombre extraño.
El hombre pasó sus manos sobre mis redondos, suaves y firmes pechos, luego la bajó por mi vientre, tocándomelo concienzudamente, asegurándose que estuviera firme. Siguió tocándome y yo comenzaba a sentir algo, las caricias ya no me parecían tan repulsivas. Y por vez primera vino a mí un sentimiento de sometimiento y pertenencia a él, algo que jamás podría quitarme desde entonces. Al final se agachó para palpar
mis piernas, le gustaron.
Además de su pequeño hijo enfermo, ¿tienen más hijos Pamela?
… si… si tengo…
¿Cuántos?
Este… pues… – empezaba a perder mi sangra fría por todo ese toqueteo.
Sus hijos… ¿cuántos más?
Em… 2… 2 hijos… tengo una nena… es la mayor…
¡2 hijos y sigue tan buena! – me decía al tiempo que apretaba mis muslos.
El negro se puso de pié y clavó sus ojos en los míos, no era muy mayor, de no más de 50 años, de piel muy oscura y cabello muy corto. Usaba una pequeña barba en el mentón y sus rasgos eran viriles y armoniosos, era muy guapo. Me comenzó a tocar la cara, me abrió la boca para ver mis dientes como si fuese un animal en venta.
Quítese la tanga Angélica. – Me sobresalté, después de dudarlo un momento obedecí – Me gusta lo que veo, está usted buenísima, justo como me gustan las putas.
Él quedó contemplándome por un momento lleno de agrado, puso una mano sobre mis nalgas y la comenzó a mover sobre ellas, corroborando la suavidad y firmeza. Yo me sentía vulnerable y extraña, ansiosa, atemorizada, pero extrañamente fascinada. Imagínense, una señora de 24 años, respetable y preciosa, desnuda en un oscuro estacionamiento dejándose manosear por un extraño del que apenas el nombre conocía. Mi sexo comenzó a reaccionar, ya era mucha la tocadera y solamente soy una mujer. El se percató de ello.
Veo que le gustan mis atenciones Angelica. Sería excelente si en verdad fuera usted tan caliente como aparenta. – e introdujo una mano entre mis piernas.
Un escalofrío recorrió mi espalda, solo mi esposo había tocado allí. No quería, lo juro, sentía una gran vergüenza, pero sus dedos hábiles pasaron encima de mi vulva y aceleró corazón. Acarició en círculos mi delicado órgano siguiendo su circunferencia, despacio empezó a presionar. Mis ojos se nublaban en medio de un extraño placer. Acercó su nariz a mi cuello y me lo besó y lamió, yo contenía la respiración, de verdad me estaba calentando. Abajo seguía presionando hasta que logró meterme un dedo,
que comenzó a mover despacio en mi interior, en círculos, averiguando que tan sensible era. Logró meterme otro más, ahora me volvía loca, mientras, su otra mano aferraba uno de mis pezones. Un suspiro salió de mi boca sin que lo pudiera evitar.
¿Le gusta verdad? Si, le gusta mucho.
S-si… – respondí inconscientemente, casi fuera de mí.
Davidson inició un mete y saca con sus dedos dentro de mi sexo, me estremecía, ni siquiera Fer había podido darme semejante placer. Así, lo que antes me repugnaba, ahora me gustaba. Con lentitud su otra mano bajó de mis pechos buscando mi trasero. Firme, pero suavemente, me los metió entre las nalgas y empezó a frotarme el ano. Ya no cabía en mi de placer, sentir esos dedos dentro de mis cavidades era demasiado. Mi respiración se agitó y mi corazón se aceleró, el clímax se acercaba a zancadas, estaba a punto pero entonces, paró.
¡Estoy muy impresionado Angelica!, pero… todavía no deseo que termine. – Dijo despojándose de su pantalón y de la corbata – Venga aquí y chúpemela.
Hizo que me arrodillara frente a el y sin pensarlo me lo metí en la boca y lo comencé a chupar de nuevo mientras él me agarraba de la cabeza y me guiaba. Sentía arcadas cuando me la embutía hasta el fondo, era un falo bárbaro, no menos de 25 cm, duro, venoso, negro y bastante grueso. En su rostro se veía el placer y la lujuria, casi llega al orgasmo pero no quería terminar solo así.
Dese la vuelta y póngase en 4… ya sabe lo que viene. – obedecí inmediatamente como una autómata, aunque sentía mucho miedo.
Para ese momento ya no era yo, era solo un pedazo de carne que vibraba al ritmo de esa excitación que mi vida pasó frente a mi,
Mi esposo, mis padres, mis hijos, me sentí traicionera y despreciable, no por lo que estaba haciendo, pues era un sacrificio necesario, sino por lo que estaba sintiendo: estaba muy excitada, y si el me lo hubiese exigido, le habría suplicado que me la metiera. El tipo acomodó su pene en la entrada de mi vagina y empujó. Sentí cada centímetro goce como loca cada centímetro penetrándome cada centímetro que me introdujo y me dolió, pero ya no estaba en condiciones de protestar, ya no era yo, la Angélica la esposa obediente y fiel era un objeto de placer. Por fin todo ese falo estuvo dentro mí, procedió entonces a embestirme sin piedad, arrancándome gritos y gemidos que apenas logré ahogar en un sordo y ronco sonido gutural. Su gran pene taladraba mi intimidad sin compasión, forzándola al máximo, me sentía atrapada
estando en 4 patas y sujetada con fuerza del pelo, de su propiedad, y rodeada de su gente, que no perdían detalle. Me sentía una puta exhibida
¡¡¡AAAGGHHH!!! ¡¡¡AAAGGHHH!!! ¡¡¡MMMGGGRRRR!!!
¡Si Angélica, gima perra!, ¡siéntalo todo, gócelo!
Y así fue, casi instantáneamente al dolor se le unió un retorcido placer. A partir de ese día hallé el gusto a ser empalada por vergas muy viriles y rudas, desde ese día el dolor se tornó en placer y la dominación se convirtió en sometimiento voluntario. Me dio durísimo por un buen rato, Davidson estaba fuera de si. Los fortísimos embates hacían estremecer frenéticamente a mis senos bajo mi pecho. Y yo, su puta sumisa, luchaba por ahogar mis gritos de dolor y placer. Nunca ni mi esposo me había cogido tan salvajemente y rico
Cerré con fuerzas los ojos, fruncí el ceño y me invadieron los dulces estremecimientos del clímax antes la sorpresa y deleite del negro. Al poco rato Davidson también comenzó a dar señales de cansancio. Se salió de mí, me jaló y me puso con la cara bajo su pene a punto de explotar. Después de unas sacudidas dejó salir de su miembro gruesos chorros de semen blanco que de nuevo cayeron sobre mi rostro, en medio de gruñidos y expresiones de placer. Luego cayó rendido a mi lado, que quedé arrodillada dándole la espalda. Todavía no comprendía lo que acababa de hacer, lo que me hizo. Me preguntaba por qué me dio tanto placer, no lo sabía.
Dese la vuelta y no se limpie el semen de la cara. – Obedecí – Me impresionó Angélica, no me lo esperaba, es una hembra increíble. Ahora que me ha dejado fascinado y con ganas de más, vamos a salir muy satisfechos y beneficiados esta noche los 2… muy satisfechos y beneficiados… tenga, póngase esto. – me dijo, tirándome una diminuta tanga roja y un collar de perro, y unas sandalias de tacon de aguja altísimas que fácil rebasaban los 12 cms yo estaba sumida en la nada, cabizbaja y con la mente volando.
¿Quiere que me lo ponga?
Así es…
Pero… no me va a quedar… – le dije, viendo la tanguita tan pequeña.
No importa, si te aprieta mucho mejor… quiero verte vestida así… – obedecí, me puse la prenda, que era casi solo hilo por todos lados, con un triángulo elástico al frente, la parte trasera se me metió hasta el fondo y luego las sandalias– Angélica, no tiene idea
de lo bien que se le mira… los zapatos haces que sus nalgas se vean mas preciosas aun – sacó una cámara – Esto tiene que guardarse para la posteridad. – y me tomó varias fotos, no dije nada, no atiné a hacerlo, y la sensación de la tela de esa prenda contra mi piel y el morbo de tener un collar de perro en el cuello, más el hecho de que me encontraba por completo denuda, empezó a excitarme lentamente – ¡Angélica, no puedo creerlo! ¡Será posible que se esté calentando otra vez! – exclamó al pasar su dedo por en medio de mi raja que halló mojada, me dio mucha vergüenza – ¡Es una hembra extraordinaria, una perra increíble!… ¿segura que nunca lo había hecho antes?
Nunca, jamás…
¿Y tampoco fantaseabas con esto?
No, nunca… tampoco…
¡Extraordinario! Me he topado con una verdadera joya sexual. Bueno, vámonos, va a ser una noche larga… y además, le tengo una propuesta…
¿Propuesta? – me inquieté, ¿no se suponía que el acuerdo estaba hecho? – ¿Qué propuesta?
Bueno, básicamente es solo modificar un pequeño punto del acuerdo.
¿Qué punto?
Señora Angélica, le ofrezco lo siguiente: si usted acepta esta propuesta, no solo terminaré de administrarle todo el tratamiento a su hijo, sino que también me abstendré de someter sexualmente a su esposo. Para ellos será como si nunca hubiese pasado nada.
Y… – tenía mido de preguntar, pero tenía que hacerlo – ¿qué pide a cambio?
A usted señora, a usted… la quiero tener a mi lado como mi esclava… para siempre…
¡¿Cómo dice?! – Exclamé alarmada - ¡Usted está loco!
No se preocupe, que eso dependerá totalmente de usted, y aunque me diga que no el pacto anterior continuará en pié. Piénselo señora… si acepta, salvará a su marido de la humillación a la que usted ha sido sometida el día de hoy… véalo como una especie de sacrificio. –
El negro se rió y ordenó que entráramos al vehículo, el guardia de piloto junto a la secretaria, Marvin y la Godínez se sentaron junto a nosotros. ¡Dios mío, qué iba a hacer! No quería estar en las manos de ese degenerado para siempre, pero tampoco quería que mi esposo sufriera estas cosas y estaba en mis manos evitarlo… ¿qué hacer Dios mío, qué hacer?
Subimos a la gran Hummer, yo aun iba totalmente desnuda y con la cara embadurnada del semen del negro. El guardaespaldas arrancó el carro y partimos, Davidson se fue platicándome de no sé qué cosas, no las recuerdo, pero lo que si recuerdo bien era su mano paseándose sobre mis muslos, acercándose peligrosamente a mi intimidad. Tragué saliva, mi cuerpo se conmovía y mi vagina se mojaba, al mismo tiempo mis pezones se ponían durísimos y bien parados, lo que invitó a mi \"amo\" a acariciarlos.
Tiene un cuerpo hermoso Angélica…lo que cualquier hombre exigente podría pedir bien formado y firme.
Gra-gracias… – le respondí tímidamente.
Pero a pesar de sus constantes roces y tocamientos, mi mente estaba ida, volaba
entre las cosas que me habían pasado esa noche, pero principalmente en su nueva propuesta, ¿cómo............... iba a hacerlo, convertirme en su esclava por siempre a cambio de que no tocara a mi esposo? Yo sabía que para él, un hombre en una familia conservadora y algo machista, sería mucho más duro soportar las cosas que este negro degenerado le quisiera hacer. Y yo, que lo amaba con locura, no podría soportar verlo sufrir las vejaciones que yo estaba sufriendo ahora.
De pronto volví de mis cavilaciones cuando sentí algo frío que me mordía un pezón, era uno de las 2 pinzas metálicas, uno más de sus curiosos artilugios, que Davidson cerró en cada uno en mis pezones. Esa nueva sensación encendió en mi otra cosa que no conocía, que disfruto mucho siendo dominada, me da un gran morbo. Aun lo desconocía, pero ya casi era obvio luego que me pusiera el collar de perro y esas cosas. Me sentía un objeto de su propiedad, muy sumisa a el. Y esa sensación de pertenecerle a alguien, me gustaba… y me gusta todavía.
Espero que no le moleste…
Un poco…(si me duele pero me da placer pensé un dolor fuerte pero rico aprisinaba y erectaba mis pezones )
Pero un poco no es malo… que suerte que los traía, pues ya pareciera que se hallaba en otro mundo y aun no termino con usted Pamela.
James Davidson, jamás podré olvidar ese nombre ni a ese hombre. Ya dije que era guapo, de piel bastante oscura y pelo rozado corto, casi a ras del cráneo, de rasgos viriles y armoniosos y que usaba una pequeña barba en el mentón. Rondaría los 45 años, mediría 1.90, con un cuerpo fuerte y bien cuidado, con una musculatura muy desarrollada y marcada, de gimnasio. Poseía una descomunal verga de 25 gruesos y duros cm. e iba completamente depilado.
Angélica, me encanta, es una de las mejores perras que he probado… y han sido muchas realmente. Sus ojos… su cuerpo… sáqueme el pene del pantalón y chúpemelo.
Le obedecí inmediatamente, bajé el cierre de su pantalón, saqué su pene semi erecto y procedí a lamerlo como si fuese un helado. La segunda felación que hacia en mi vida, me sentía insegura y me esforzaba por hacerlo bien. Por su parte le hacía mucha gracia ver el empeño que le ponía a la tarea, esa inexperiencia era una de las cosas que más le gustaron de mi. Yo, Angélica de Lozano, una orgullosa y digna madre, que aparentaba ser una auténtica esposa y madre ejemplar, estaba reducida
ahora a una chupa vergas principiante.
Continué con la faena durante todo el trayecto, casi podría decir que me gustó, pronto tuve metido ese pene, ya duro y parado, hasta el fondo de mi boca, me entraba con dificultad. Lo succionaba fuerte y le acariciaba el glande con la lengua. Antes de llegar a nuestro destino, su pent-house, Davidson sacó su pene de mi boca y me ordenó que se lo guardara, lo hice con mucho cuidado. Luego me cubrió con una gabardina y así bajamos, seguidos de Marvin y las 2 mujeres, y subimos por el ascensor hasta su morada y entramos. Sin perder tiempo me ordenó quitarme la gabardina, quedé desnuda, solo con la tanguita, las sandalias de tacón alto el collar de perra y las pinzas en ambos pezones.
Estaba avergonzada y mortificada, mi sexo estaba mojado, ¿cómo era posible en un momento así? Me utilizaba como un animal, como una mercancía, hice cosas que me asqueaban y apenaban en lo más hondo del alma, ¿cómo podía estarlo disfrutando, cómo podía mi sexo estar mojado? El negro percibía regocijado el conflicto en el que estaba su puta. Sabía que terminaría entregándomele en bandeja de plata si continuaba con su juego, que por calentura sería capaz de cualquier cosa. Pero que después me estaría muriendo de la vergüenza, que no me podría explicar porqué lo había hecho, y eso lo calentaba más todavía. Le gustaba tener que trabajar para domar a una bestia tan noble como yo. Se despojó de la ropa también él, quedando solo en una diminuta tanga de piel negra que contenía la erección de su enorme falo , exhibiendo su impresionante cuerpo de ébano depilado por completo y su gran erección.
Angélica Quiero que avance hacia mi a gatas como una verdadera perra, muy despacio y al acecho. – Me sometí, me puse en 4 patas y avancé lentamente hasta llegar a sus pies – Béseme y chúpeme los pies. – volví a obedecer y me sorprendí de mi misma, nunca me imaginé arrodillada a los pies de un hombre, desnuda, chupándole los pies, y caliente encima de todo – Mmmm, me gusta su lengua Pamela, tiene mucho potencial… mmmm… ahora, tomeme la verga con los labios y sáquemela… sin usar las manos.
Me desconcerté un momento, no sabía como hacer eso, pero su fría voz me devolvió rápidamente a la realidad. Arrodillada me puse a tratar de bajar su tanga con los labios, trataba de tomar un borde con los dientes pero no encontraba la manera. Y el muy maldito se reía de los repetidos y vanos intentos de su perra, me sentía muy humillada, hasta que, finalmente, él mismo se bajó la prenda y quedó desnudo. Entonces si pude tomar su falo con la boca y empezar otra de las incontables mamadas que le daría en mi vida. Él me tomaba del pelo, haciéndome la cabeza de
atrás hacia delante al mismo tiempo que movía de igual manera las caderas, pero en sentido contrario, de manera que cuando yo me acercaba, su pelvis también. Literalmente me estaba cogiendo por la boca y yo me asía de sus piernas, dejándolo hacer conmigo lo que se le diera la gana. Empecé a sudar, a gemir y a jadear sin darme cuenta. Mis senos pedían a gritos un poco de atención, se tambaleaban de un lugar a otro, al ritmo de las acometidas de mi amante.
Angélica, camine al sillón. – Me soltó y avancé lentamente en 4 patas me alcanzó y le puso la correa a mi collar – Acuéstese boca arriba, con las piernas abiertas y levantadas en el aire.
Davidson se acercó con su negrísima verga erguida y rígida, brillante de fluidos y de mi saliva. Me contempló un rato era una sumisa extraordinaria, lo esperaba acostada boca arriba en el sillón, con las piernas abiertas y levantadas, sostenidas con mis brazos, la cabeza recostada en el respaldo y las nalgas en el borde, de manera de dejar mi sexo y ano totalmente expuestos.
Comenzó a pasarme los dedos por todo lo largo de mi raja, despacio y presionando con maestría para mojarme aun más. Tomaba mis jugos con los dedos y luego me los llevaba a la boca para que los chupara como si fuese un néctar. Hizo a un lado la tira de la tanga y colocó su pulgar sobre mi ano, empezó a presionar suavemente, un intenso escalofrío recorrió mi cuerpo, me encantó no se por qué. Hundió su dedo en mis entrañas al mismo tiempo que otros 2 se enterraban en mi sexo, el escalofrío se hizo más grande e intenso. Mi clítoris palpitaba desesperado, me tenía al rojo vivo, me costaba tener los ojos abiertos, se me cerraban del inmenso placer. No me di cuenta de cuando introdujo otros 2 dedos más, pero si cuando los comenzó a meter y sacara, cogiéndome con ellos por ambos lados. En su cara podía ver como se deleitaba con tenerme entre sus manos, mansa y entregada completamente, volviéndome loca de placer. Convulsionándome temblando de placer
Entonces colocó su pene en las puertas de mi feminidad, tomó mis piernas y me penetró, era la segunda vez en mi vida que tenía sexo con otro hombre que no fuera mi marido. Yo me sujetaba de los asientos, gimiendo con fuerza, frunciendo el ceño y apretando los dientes, era esa mezcla de dolor y placer, morbo y vergüenza, lo que me volvía loca.
¡¡¡AAAGHHH!!!
¡Vamos perra, yo sé que le gusta!
¡¡¡DIOS MÍO!!! ¡¡¡OOOUUGGHH!!!
¡Vamos Angélica, aguante, aguante! ¡Grite si quiere perra, grite como una desesperada!
¡¡¡ME VAAAAAA… ME VA… A PARTIR…!!! ¡¡¡AAAAAAGGGGHHHHH!!!
¡Si, la voy a partir en 2 porque le gusta, perra!
Paró y me dio la vuelta, me puso en 4 patas sobre el sillón, sujetó con fuerza la correa a modo de rienda y me penetró salvajemente de nuevo. Sus embates sonaban contra mis nalgas como aplausos, mis senos se movían violentamente de un lado a otro. Estaba a punto de explotar, deseaba tanto llegar al orgasmo, pero él me lo impedía, se detenía cada vez que mis gemidos se hacían más fuertes. Luego me tomó de un brazo y me acostó boca abajo sobre la mesa de centro quedaban colgando mis caderas y cabeza. El morbo era gigantesco, no me dejaba pensar con claridad, tan solo estaba ese sentimiento de sumisión y pertenencia a el.
Volvió a la carga pero esta vez a través de mi ano, que aunque ya me lo había dilatado acabó arrancándome un largo grito y luego roncos gemidos. Me sujetaba de los bordes de la mesa y cerraba con fuerzas los ojos, apretando la mandíbula, era virgen de esa parte pero a él no le importaba, esta vez no me quería dejar viva. Su pelvis se estrellaba fuertemente contra mis nalgas, sus huevotes rebotaban por todos lados, mis senos se zarandeaban violentamente y yo me esforzaba mucho por no desfallecer.
¡¡¡¡AAAAHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAHHHH!!!!
¡Aguante perra!… ¡Yo sé que le gusta!
¡¡¡¡AAAAHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAHHHH!!!!
¡Dígamelo!… ¡Dígame que le gusta!
¡¡¡¡SSSIIIIIIIIIII!!!!… ¡¡¡¡ME ENCAAAAAANTAAAAAA!!!! ¡¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!!
¡¿Lo quiere más duro perra?!
¡¡¡¡SSSSIIIIIIII!!!! ¡¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!!… ¡¡¡¡PAARTAMEEEEE EN DOOOOOOSSSSS!!!!
Y vaya si lo estaba haciendo, los golpes de su pelvis eran extremadamente violentos
Podía sentir el sudor de su cuerpo caer sobre el mío, sobré mi espalda su cuerpo estaba empapado. Y su rígido falo entrar y salir de mi interior horadando mis entrañas, casi arrancándome el ano. Me dio como un animal hasta que se cansó y me la sacó, reteniéndome debajo de la mesa del comedor, lamiéndole los pies y el sexo, mientras le suplicaba que me dejara terminar, tal y como me lo había ordenado. Me encontraba extasiada, me gustaba sobremanera que me sometiera de esta manera, me sentían tan dominada por él, que recompensó mis súplicas con una abundante cantidad de semen que recibí y tragué como el más fino de los alimentos.
Te voy a enseñar un truco Angélica. Quiero que te acuestes en el suelo, con la pelvis sobre esas 3 almohadas grandes que se encuentran sobre el sillón largo. – Obedecí, quedé como él me había ordenado – Ahora te voy a dejar acabar masturbándote. Pero pon atención, que antes de llegar al clímax, quiero que te metas este consolador y lo aprietes y frotes contra la parte delantera de tu vagina, muy adentro, ¿entendido?
Si señor…
Hice como me ordenó, comencé a masturbar mi casi amoratada vulva como loca y breves momentos después sentí la llegada del final, por lo que introduje con rapidez el consolador y me froté como él me había indicado. Fue increíble, terminé en un orgasmo tan fuerte que hasta me oriné, pareciendo que eyaculaba con fuerza, llegando mi orín hasta mi rostro y boca abierta.
James Davidson volvió a montarme otras 3 veces esa noche (era increíble su vigor), sobre la mesa, en el sofá y de último en el suelo, en donde fui tomada en la posición del misionero, con mi pierna derecha sobre su hombro y la izquierda rodeándole la cintura. Escuchaba las palabras lascivas que mi patrón me susurraba al oído, en que me decía que era la mejor perra que había probado en toda su vida. Al mismo tiempo me sentía observada por Marvin y las 2 secretarias, era increíble, hasta se me había olvidado que allí estaban.
Es usted la perra más puta y sucia que he conocido, es lo máximo Angélica…
Gracias… – no podía creer que le dije gracias a esas palabras, realmente estaba trastornada.
Pero aun no me ha respondido…
Repuesta… ¿qué respuesta?
A mi propuesta… conviértase en mi esclava para siempre y dejaré a su esposo fuera
de esto. - me quedé fría, no sabía qué pensar ni qué decidir.
¿Y… a Fernando qué le haría usted? – la cara se le iluminó con una pérfida y burlona sonrisa.
Todo… absolutamente todo… no menos que usted, por lo menos…
\"¡Maldición\" me dije, \"es demasiado\". Realmente no creía que mi Fer lo pudiera soportar, él, que tan viril y masculino había sido siempre. No, él no, además, mi amor por él era muy fuerte y al final me llevó a decidir. Si estaba en mis manos salvarlo de un futuro terrible, salvando además a mi pequeño hijo, lo haría, mi amor por él era mucho mayor que el miedo que este hombre me daba.
Y… ¿si dijera que si, qué haría yo?
Usted nada… yo sería el que le hiciera de todo a usted…
¿Y qué sería?
Lo que a mi se me diera la gana… todo lo que a mi se me diera la gana. – temblé y una lágrima de miedo y dolor resbaló por mi mejilla, pero mi decisión ya estaba tomada. A… a… acepto… pero no le vaya a hacer nada a mi esposo ni a mi hijo.
No tocaré a su marido y terminaré de darle todo el tratamiento a su hijo. Pero desde hoy usted queda por siempre a mis órdenes, lista para satisfacer cualquier petición que tenga, para realizar cualquiera de mis caprichos. Usted ya no es una mujer, de ahora en adelante es una perra a mi servicio, una esclava sin voluntad, sin pasado ni futuro… nada, solo yo existo ahora para usted… solamente yo.
Terminé profundamente dormida entre sus brazos. Al despertar nuevamente me hizo suya y luego me fue a dejar a mi casa. En silencio subí a mi habitación, allí me encontré a mi esposo sobre la cama, profundamente dormido, todavía vestido y con la cama sin tender. Me agazapé en un viejo sillón que allí teníamos y me puse a llorar en silencio, ¿qué había hecho, por Dios, qué?
Sin embargo, dentro de mi tenía la certeza de haber hecho lo correcto, después de todo era un sacrificio que haría por amor a mi esposo y a mi hijo, por ellos, y no por
Algún capricho tonto mío. En ese momento también tomé otra decisión, dejaría a Fernando totalmente afuera de todo esto, él no debía enterarse de nada mientras yo se lo pudiera seguir ocultando. Claro, llegaría un momento en que acabaría sabiéndolo, pero mientras tanto, tenía que dejarlo a oscuras de todo.
Pensando en ello estaba cuando lo sentí moverse sobre la cama, sobresaltado y sudoroso, como si hubiese estado en medio de una pesadilla terrible. Me vio y abrió los ojos como platos, como un rayo se puso de pié y e me acercó, yo esperaba un abrazo, pero se detuvo en seco, viéndome con los ojos llenos de vergüenza. Yo no me atreví a verlo de frente…
Angeli… Angélica… amor… ¿qué… qué te hicieron mi vida… qué te hicieron? – pero yo solo negué con la cabeza sin poder articular palabra… días mas tarde por fin afronte la situación como lo había planeado para no seguir lastimando a Fernando y menos cuando se enterara de la realidad de lo que había accedido por amor a el en un principio y ahora por placer no quería ya nada con el no quería seguir lastimando
Mi pequeño recupero la salud con éxito gracias al apoyo económico que fueron cifras
Impagables por nosotros en nuestra anterior situación económica se logro gracias al apoyo económico de mi amo la cifra que se acumulo supero los mas de los diez ,cien miles de pesos pero debo de decir ahora pague o desquite cada centavo con las lagrimas de los castigos y vejaciones a los que he sido sometida constantemente a partir de que acepte mi sumisión a esta persona y a quienes el ordenara no voy a negar que mi nuevo circulo sexual encontré muchos placeres desconocidos por muchos y privilegios de solo unos pocos inaccesible para la mayoría de la gente común me convirtieron con mi aprobación en una mujer muy morbosa sensible y sumisa tome la decisión de dejar todos lo bienes a Fernando así como la custodia y tutoría de los niños lo deje que tomara sus conclusiones para no lastimarlo mas
lo que si que el jamás en nuestra vida marital me había dado el placer que davidson me había dado era un mundo nuevo para mi cosas del placer que desconocía que existieran en las salvajes envestidas que me daba con su con su enorme pene de mas de 25 cms me hozo conocer sensaciones nuevas por que no decir que fue el inicio de mi redención y aceptación a mi sumisión a lo que el me pidiera por temor de que esa deliciosa verga dejara de ser mía y de castigarme aun sin comentar todas las nuevas experiencias a las que me ha sometido con el y sus agraciados amigos me llevo a una vorágine de degradación y emputecimiento gradual aun que me ha hecho una drogadicta al sexo a la sumisión al morbo a los mas obscuros deseos he mantenido mi clase mi porte mi fineza por la que fui elegida por este traficante de blancas me convirtió en un fino y exclusivo juguete sexual sumisa obediente y dispuesta a todo y lo mejor de carne y hueso era muy difícil pensar que una mujer aun es su calidad de señora escapara de las garras de este grupo de traficantes de sexo con mi físico cara porte y clase vieron en mi un enorme potencial económico por eso dije que recupere cada centavo invertido en mi hijo por este hombre que aunque me desgracio mi vida arreglo y le dio vida a mi hijo lo mas preciado recuerdo eso y no me arrepiento de haber tomado el sacrificio y esa elección ese día aun que haya perdido a fer y a mis hijos
con frecuencia me exigia cambiar de look corte y color de pelo forma de maquillaje etc davidson me sometió a diferentes cirugías con los doctores mas especializados pagando exageradas cantidades para esculpir mi cuerpo como una obra de arte asi como las sesiones de gimnasio yoga y spinning a las que era sometida por obligación para lograr estar siempre con un tono muscular y dureza de mis senos piernas nalgas muslos y apetecibles como una fruta, una fruta deseada por los millonarios comencé a salir con davidson a los lugares mas exclusivos restaurants, fiestas, reuniones de políticos artistas y millonarios donde davidson me vestía como una puta de lo mas fina con lo mas destapado de versase Gucci prendas carísimas que apenas cubrían mis atributos sexuales
en esas fiestas corrían a raudales el alcohol y las drogas sintéticas y naturales y al final de las mismas terminaban en orgias o gangs bangs y relaciones lésbicas sin mencionar las sesiones de bondage y sumisión femenina de las cuales no escapaba sin ser probada castigada y abusada sexualmente por muchos de los invitados en complicidad de davidson así como en una ocasión davidson me hizo orinar de placer a la par de mis jugos vaginales así me enseño muchos placeres dar y recibir la mayoría de las veces el mismo encendía la mecha cogiéndome en publico o haciéndome que le hiciera sexo oral para ofrecerme a los mejores postores a los cuales lo que menos les importaba era el factor económico so me dio pauta para enviar fuertes cantidades de dinero a fer y alos niños me supongo que tomo sus conclusiones no tengo vara para que me vean ni para verlos pero si tuviese la oportunidad de quitarme el yugo de davidson tendría miedo de perder el placer al que soy sometida por el me he hecho su amiga y su esclava sexual su perra de servicio siempre lleve esa disposición en mi persona y el tubo la afortuna de aflorarlo de pulirme de sacar ese talento oculto y se que asi como yo existen cientos de chicas por descubrir su potencial solo que el comienzo es muy difícil y la cuesta muy inclinada y todo por perder como me sucedió a mi besos húmedos
angiekitana